Alfredo Ozaeta

Anomalías

Pasadas estas últimas elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo y casi sin tiempo para digerir resultados o superar la resaca que los comicios han dejado a las formaciones políticas y supuestos analistas, nos encontramos que debido a la contrariedad del desenlace electoral, y en un precipitado cálculo electoral y cándida estrategia política, ¿torpe defensa o arriesgado ataque?, basada en los desfavorables resultados obtenidos, nos emplazan de inmediato a una nueva cita electoral para las elecciones generales el próximo 23 de julio.

Una vez más se constata que los proyectos, programas, la búsqueda de soluciones e incluso consensos para dar remedio o al menos buscarlos, a los graves problemas por los que atravesamos, derivados de la desigualdad, vivienda, empleo, precariedad laboral, sector terciario –agricultura, ganadería, pesca...–, sanidad de calidad, garantía de pensiones dignas, pobreza energética y alimentaria, reivindicaciones nacionales, medio ambiente, etc., pasan a segundo plano para muchas de las formaciones y sus representantes políticos cuando lo que está en juego son las cuotas de poder que otorguen capacidad de influencia y sillones para premiar y satisfacer a los afines.

Aunque para ello tengan que apropiarse de alcaldías, presidencias, y cargos varios mediante oscuros y antidemocráticos pactos y que en ningún caso les corresponderían por la voluntad popular en las urnas. Como interpretar si no, que el PSN, Partido Socialista de Navarra, a la vez que pretende desbancar y apartar de los cargos que la ciudadanía a confiado a la formación que más ha crecido, EH Bildu, le pida que ceda sus puestos y votos a ellos, y que lo haga en clave de «bloque progresista» (sic). ¡Hay que tener cara!

Esto ya lo demostraron en la sucia y vergonzosa reciente campaña, donde la propuesta de soluciones reales a los problemas territoriales y de la ciudadanía brillaron por su ausencia, limitándose a intentar confundir y manipular al electorado con mentiras o difamaciones del adversario, sobre todo de EH Bildu, con falsas acusaciones, y donde la mayoría, salvo honrosas excepciones, gozosamente se subieron al carro sin más rigor que el que define su escaso perfil democrático.

Con todo, da la sensación de que siguen sin aprender. Por una parte, eluden debates sosegados donde aparte de análisis objetivos, atiendan las críticas y fluya la autocrítica del porqué no han cubierto expectativas, o directamente han fracasado. Y por la otra, en vez de mirarse permanentemente al ombligo con la autosuficiencia que destila su rancio fascismo no se preguntan del porqué en otros territorios pensamos diferente y su influencia o incidencia es irrelevante o testimonial.

Continúan sin entender nada, resulta cuando menos curioso escuchar a portavoces políticos, vanidosos politólogos y analistas, o leer artículos y editoriales acerca de las bondades y normalidad de estas últimas elecciones excepto por las «anomalías» que han supuesto que, en Cataluña, Hego Euskal Herria –País Vasco y Navarra– y zonas de Galicia, se haya votado totalmente diferente. ¿Qué es lo que para ellos supone de singular que en estos territorios se haya optado por un voto mayoritario en favor de formaciones democráticas progresistas en vez de por fuerzas centralistas reaccionarias? Nuevo ejemplo de que para el centralismo casposo madrileño todo lo que no gire en torno a sus centros de poder o que no se comporte en función de los estándares que pretenden imponer, aparte de una grave afrenta, supone síntomas de anormalidad a corregir.

No quieren asumir que dentro de su estado existen comunidades, ¡países!, espectros sociales diferentes con identidad y proyectos propios. Ello en sí mismo no deja de ser una total falta de respeto hacia el diferente o hacia el que no comparte su ideología reaccionaria, valores supremacistas o su injusto modelo de sociedad.

Como explicar, y que lo entiendan, en que la auténtica anomalía se encuentra en los que otorgan su confianza y voto a personajes fascistas, a corruptos y trileros, a negadores de derechos, a los que pretenden vetar o restringir derechos a los ciudadanos, traspasar lo público (lo de todas) a lo privado, o claman por ilegalizar grupos políticos plenamente democráticos con amplísimo respaldo ciudadano, por la simple razón de denunciar sus tropelías y desmanes.

Qué mayor desviación democrática existe que la de asentar su estrategia en captar votos mediante la generación de estados de opinión fundamentados en el odio hacia el diferente, al objeto de imponer su proyecto político a través de anular al adversario por la simple razón de no estar dispuesto a comprar su tramposa y caducada mercancía.

No hay mejor respuesta que la de seguir trabajando como hasta ahora, con humildad, pisando el suelo común, atendiendo las necesidades y prioridades del conjunto de la sociedad, en la mejora de vida todas las ciudadanas, en la defensa de todos los derechos para todas las personas, defensa de nuestra cultura, cuidado del medio ambiente como garantía del futuro de las nuevas generaciones y en el trabajo sincero en favor de la reconciliación justa y plena para todas.

Para el enfado de Madrid y sus satélites asimilados seguiremos votando a fuerzas progresistas en clave de «anormalidad», animando a que en el resto del estado también lo hagan. Confiando en los proyectos y personas que anteponen los intereses de los ciudadanos, les voten o no, a los suyos propios. A pesar de que nos sigan aburriendo con sus interesadas convocatorias electorales y enfadando con sus deleznables campañas. Sin dejar de insistir y trabajar para que más pronto que tarde, nos veamos convocados a decidir libremente el futuro de nuestro país y por ende el propio nuestro.

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