Ante un nuevo reto

España se odia a sí misma, es su enfermedad endémica, no acaba de superar su eterno complejo de sentirse perdedora del imperio donde «no se ponía el sol».

2019/11/07

Después de asistir durante meses a la pantomima de los actuantes del amago o fraude negociador para una formación de gobierno en el Estado español, y a pesar de creer conocer algo de la zafiedad de la política española, no dejan de darnos sorpresas, aunque vengan envenenadas.

Con estos mimbres el PSOE y «mentores fácticos» nos convocan a nuevas elecciones generales este 10 de noviembre. Un partido socialista español sin rumbo, sin liderazgo, totalmente desnortado política y socialmente pero con intereses y presiones económicas muy fuertes y claras. Que nadie se llame a engaño y piense que esto ha sido fruto de falta de acuerdos en las negociaciones o fruto de la improvisación. Esto lo han cocinado con componentes de premeditación, nocturnidad, alevosía y abuso de poder con el claro objetivo de obtener beneficio y ventaja. Prueba de ello es que la maquinaria electoral ya estaba lista y engrasada esperando impaciente al más que inminente pistoletazo de salida, intentando obtener réditos electorales y repartirse el botín al más puro estilo gansteril.

Por una parte monopolizan los medios (TV y prensa) tratando de invisibilizar a los partidos independentistas, marginándolos de manera obscena, trasladando a la sociedad la imagen de que la solución está en los partidos centralistas, los del 155 y afines, los viejos y los de nueva creación. Los que durante décadas aparte de meter mano a la caja y cambiar de siglas no han sido capaces de aportar soluciones a los problemas sociales más acuciantes en general y a los de índole política de algunas comunidades en particular. Nos bombardean diariamente con entrevistas, coloquios, debates, tertulias y publicidad a través de sus encuestas cocinadas al gusto de sus amos por especialistas informáticos manipulando a la opinión pública a través de la «fake news», con los mismos protagonistas, aunque cambien sus caras pero no sus ideas, representando a lo más rancio de la derecha y extrema derecha españolas.

Por otro lado consiguen de forma calculada y en un momento de degradación absoluta de la política y del propio Estado español (por su falta de credibilidad democrática, corrupción y mentiras institucionales), cohesionar las «fuerzas constitucionales españolas», en torno a la unidad del Estado y en la represión al disidente. Nos encontramos ante una segunda transición a la española, donde se impone desde los altos poderes, más económicos que fácticos, una recomposición del estado en torno a su derechización sin ningún tipo de complejos, para justificar su venganza y odio hacia aquél que no se considere de su pensamiento único. ¿Cómo puede ser delito no considerarse o no querer ser español? ¿Cómo pueden hablar de reconciliación o convivencia? ¿Con quién? ¿Con los que encarcelan a nuestros familiares durante docenas de años por ser jóvenes y querer conseguir una sociedad más justa y decente? Además pretenden edulcorar la historia verdadera de un golpe militar fascista contra la democracia que dejó miles de asesinados en las cunetas por el simple hecho de ser demócratas y no golpistas. Dicen que hay que condenar la violencia, su eterno comodín, como expertos trileros profesionales intentan ocultar sus trampas, monopolizan la violencia (BVE, GAL…) e intentan trasladarla al adversario (de día uniformados de noche incontrolados). ¿Cómo vamos a condenar la violencia si la ejerce el sistema? Seguro que si lo hiciésemos (condenar su violencia) alcanzaría rango de delito y acabaríamos en prisión, en su «democracia» solo vale condenar la violencia de respuesta no la del origen que la provoca. ¡Tramposos!

España se odia a sí misma, es su enfermedad endémica, no acaba de superar su eterno complejo de sentirse perdedora del imperio donde «no se ponía el sol». No se cansa de escribir episodios negros en su historia y achacarlos al «otro», se recrea con hechos como la conquista de la isla Perejil y sus trofeos deportivos a base de talonario. El fascismo nunca se ha ido, sigue incrustado en la ideología hispana y por ende en sus poderes, instituciones, medios de comunicación y lo que denominan, qué sarcasmo, cuerpos de seguridad.

¡Qué país y qué cultura! Donde la represión e injusticia dan votos, donde todo vale para comprar voluntades que justifiquen la violencia e injusticia contra los que disentimos de su pensamiento único, destilan odio y venganza por todos sus poros, Altsasu como ejemplo más reciente. Qué nos van a contar al pueblo vasco que la venimos sufriendo durante décadas, qué le van a contar ahora también al pueblo catalán después de la sentencia del Procés.

En absoluto necesitamos más Españas, ni más país, ni sumas de todas esas «ocurrencias electorales», lo que realmente se necesita es «más democracia», y esto en Euskal Herria solo lo podemos plasmar y garantizar con el voto determinante a EH BILDU. Dada la trascendencia del momento no solo es necesario introducir la papeleta en la urna, sino que debemos dar un paso más.

En estos comicios tenemos que movilizar el voto, hay que trasladar y explicar la importancia del momento, argumentos y evidencias hay más que de sobra, tenemos que desmontar su falacia mentirosa de que «sin violencia todo es posible» con la que intentan engañar y confundir, y gritarles alto y claro que «sin democracia nada es posible». Parafraseando a Nelson Mandela, «si los que tienen el poder niegan la libertad, el único camino para la libertad es el poder». Y el voto de castigo con el no voto de la abstención, aun siendo lógico el cabreo existente, no va en consonancia con el proyecto de País que proyectamos.

Por ello las feministas, progresistas y abertzales tenemos la oportunidad con nuestro voto de empoderar a las representantes comprometidas y decentes de EH Bildu y provocar el cambio invirtiendo la situación de pobreza social e intelectual a la que intentan arrastrarnos. Tenemos la imperiosa necesidad de salir de un estado putrefacto antes de que nos veamos abocados a la ruina más absoluta en todos los órdenes: social, económico y de valores, para forjar nuestro futuro como pueblo independiente.

En la izquierda abertzale lo tenemos claro, la solución no es quedarnos en casa sino que debemos mantener nuestra mejor opción que es el voto A EH Bildu.

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