Apostillas a un libro
Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas” (Tusquets, 2026), es un libro de Villena, donde Julia Álvarez Resano (1903-1948) figura con derecho propio. La política navarra fue maestra, inspectora, abogada, oradora, escritora, diputada, gobernadora civil, jueza y magistrada e importante dirigente socialista. En 1939, se exilió a Francia; a México en 1947, donde murió en 1948, un 19 de mayo.
El libro de Villena ha sido calificado como «obra sólida», por su «base documental», «un discurso riguroso», «investigación minuciosa» y «el equilibrio entre el rigor histórico y la narración».
Es un relato que no es ni historia ni novela, lo que permite al autor dar saltos cronológicos y alternar las voces de estas mujeres de forma coral. Presenta un enfoque biográfico más narrativo que histórico, a pesar de la bibliografía exhibida por su autor: 121 libros leídos; siete documentales, dos obras de teatro y nueve periódicos consultados. Significativamente, el único libro biográfico citado dedicado a Julia Álvarez es el de Fermín Pérez-Nievas que data de 2007 (Pamiela).
En ese repertorio, chirría la ausencia de “El exilio republicano navarro de 1939” (2001) y el “Diccionario biográfico del socialismo histórico navarro” (2007) del historiador A. García-Sanz Marcotegui o la aportación de Peñafiel sobre Julia como Gobernadora civil en Ciudad Real (1998/2007). Y se obvian cientos de trabajos dedicados a describir la vida y obra de Julia, muy anteriores al libro de Villena, y posteriores al libro de Pérez-Nievas, corrigiendo algunos de sus errores.
Sorprende que el autor se haya limitado a copiar del libro de Pérez-Nievas lo que dice de Julia sin que antes haya contrastado esos errores. Sorprende descubrir que hechos que el periodista navarro daba como hipotéticos, Villena los da por verdaderos. Y datos erróneos, que ya fueron corregidos por investigaciones posteriores, los repita.
Choca, por ejemplo, que Villena diga que Julia fue cesada como gobernadora civil de Ciudad Real. El Consejo de Ministros aceptó «su renuncia voluntaria» el 28 de marzo de 1938, con las firmas de Azaña y Juan Negrín, publicada en “La Gaceta” y en la mayoría de los periódicos de la época.
Las fechas y circunstancias que da de su exilio a Francia son un despropósito. Pérez-Nievas advertía de que su relato no se ajustaba a la verdad, pero Villena dirá que «en cualquier caso, lo cierto es que la diputada pudo reunirse poco después en el sur de Francia con su hermana Carmen y su madre, Nemesia, que habían escapado desde Cataluña». Añadiendo que «Julia, a finales de marzo de 1939 unió su destino al de miles de soldados y civiles que iniciaron su éxodo hacia puertos levantinos, en especial el de Alicante, atravesando zonas de Castilla-La Mancha todavía en poder republicano y tomar el buque Maritime que le llevó a Francia el 3 de abril».
Pero la familia no se separó a la hora de marchar al exilio. Salió de Barcelona al pleno, con excepción del hermano Miguel. Y el 31 de enero de 1939, las mujeres ya se encontraban en tierra gala. Periódicos franceses y españoles lo confirmaron al unísono con estas palabras: «Entre los refugiados llegados a Angulema figura la señora Julia Álvarez, diputado socialista».
Y no es cierto que, «nada más llegar a Francia se aprestó a ayudar a los refugiados». Lo primero que hizo fue llamar al político socialista León Blum para pedirle que la sacara de aquel infierno, a ella y a su familia, integrada por su madre, su hermana y su suegro. Lo cuenta, Alain Léger en “Les indérisables. I’Histoire oubliée des Espagnols en pays charentais”, Edit. Le Croit vif, 2000.
Sostiene Villena que, cuando «Julia resolvió emigrar a México, nada se sabe porque el manto de silencio que todavía hoy pesa sobre esta sobresaliente republicana navarra oculta los detalles y las fechas de su viaje a América». Es cierto que existen muchos datos que se ignoran de Julia, pero no los que señala Villena.
Julia llegó a México el 2 de junio de 1947. Lo hizo en el buque Marine Flasher, fletado desde el puerto de Le Havre el 24 de mayo de 1947, ocupando el camarote nº 13, compartido con su compañera en el exilio francés, la abulense Genoveva Morante.
Cuando Villena repite la afirmación que ya sostuvo Pérez-Nievas diciendo que, «a buen seguro debieron trasladarse su madre y su hermana (a México), después de la muerte de su hermano Miguel», se equivoca. Desde luego, es imposible cifrar la exactitud de esa fecha del viaje si el referente que se toma es la muerte de Miguel, porque este no murió en Francia, sino en México, en octubre de 1970, a donde llegó con su hermana Carmen, en 1942 en el buque Nyassa.
Afirma categóricamente que «lo único comprobado es que en mayo de 1947 abrió un bufete de abogados en México para ganarse la vida». Pero Villena no nos dice quién lo ha comprobado ni el documento de archivo que lo avala. Además, Julia llegó a México el 2 de junio de 1947, así que, ¿cómo es posible que en mayo de ese año dirigiera tal bufete?
Es evidente que Villena ignora el infierno que pasó Julia en México debido a la enfermedad de su hermano Miguel y a la indigencia económica y laboral de la familia. Y, ciertamente, caso de haber dirigido un bufete de abogados, ¿hubiese sufrido la familia el calvario económico que padeció?
Algunas reseñas han sugerido que esta obra de Villena merece ser leída por los estudiantes y así conocer este elenco de mujeres que el franquismo confinó al olvido; y la democracia, claro. Si es digno de tal merecimiento, su autor debería apresurarse a subsanar los errores de su libro, los referidos a Julia, pues es de esperar que no los haya cometido con el resto de las biografiadas.
Ha sido mucho el esfuerzo dedicado a recuperar la biografía de Julia. De ahí que resulte triste ver que tal trabajo no parece que haya servido de mucho, ante los errores de este libro. Y no digo mentiras. Para estas, las de los negacionistas bastan. Pero, la verdad, hay errores que, a veces, escuecen más que las mentira conscientes. No son lo mismo, pero su efecto, sí.