¿Arte o política en los Goya?
Los Premios Goya, otorgados anualmente por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas son los galardones más prestigiosos del cine en España, Se crearon en 1987 con el objetivo de reconocer el trabajo de los mejores profesionales en distintas especialidades, desde la dirección y la actuación hasta los aspectos más técnicos.
En la pasada edición de los premios Goya, la número 40, hemos podido ver a la gran mayoría de quienes asistieron a la gala y forman parte de la industria del cine español: : actores, actrices, directores... mostrando un pin de una sandía, reivindicación sutil en favor del pueblo palestino que no pasó desapercibida al público en general, máxime cuando durante la gala se fueron anunciando mensajes directos como «Free Palestine».
Donde debió primar y ser foco de atención la cultura y el trabajo de la industria del cine, bueno o malo, siempre desde el punto de vista de los fundamentos del cine, considerado como el 7o arte desde que Ricciotto Canudo, en 1911, habló del cine como» arte plástico en movimiento» y «síntesis de las 6 artes anteriores: Arquitectura, escultura, pintura, música, danza y poesía/literatura. Actores, actrices y directores, que se denominan así mismos artistas, convirtieron, una vez más, un acto cultural en un acto político. Esta actitud no es casual. El cine español está fuertemente subvencionado por el estado, y ver que la industria del cine español, se hace propietario del discurso político de quienes ostentan el poder de la subvención hace muy atractivo a este colectivo, compartir discurso político y razón instrumental con el gobierno de España.
Ya metidos en política, ¿por qué no llenar los trajes y vestidos que nos muestran en la alfombra roja, y que forman parte importante del show y glamour, de actores y actrices en la gala, de más pegatinas, pin o carteles reivindicativos contra la Guerra de Ucrania? ¿O contra la corrupción política avalada por la justicia con la apertura de juicios uno detrás de otros en estos últimos tiempos? ¿O contra la pérdida de la calidad de servicios en la sanidad o los trenes de todo el país, que han causado muertes en nuestro país en un momento de máxima recaudación tributaria por el gobierno de turno? No cabrían tantos pins o pegatinas con mensaje político en los trajes y vestidos de quienes asistieron a la gala. Entonces, ¿por qué esa reivindicación en concreto?
A los ojos de Nietzsche, la industria del cine español hace uso de una moral esclava demostrando su debilidad frente a otras industrias y desenmascara su resentimiento hacia la vida y los fuertes que la deja en mal lugar. Nadie compra su discurso «político» disfrazado de arte. Su comportamiento durante la gala, cumple con todo lo que Nietzsche definía como Moral esclava y que se resume en 4 conceptos:
El primero es el del resentimiento, criticando al cine que hace grandes taquilla, frente al «más intelectual y artístico». El que hacen ellos.
El segundo concepto es la deificación de la debilidad y el victimismo, reflejada en la dependencia estructural del cine español de las subvenciones públicas estableciendo una moral de supervivencia en la obediencia a los criterios de quien otorga las ayudas.
El tercero es el del rebaño y la corrección política. Se vio claro en la gala la uniformidad en el colectivo del cine y la moral de rebaño lanzando el mismo mensaje y llevando el pin de la sandía. Fueron muy pocos los que no la llevaban de modo que estos pocos que se salen de los consensos políticos del grupo son señalados como «el malvado». El «bueno» es quien se ajusta a los valores del colectivo, evitando destacar por encima de los demás o proponer visiones que rompan la cohesión del grupo.
Y por último encontramos el concepto de la inversión de Valores. El cine español valora una obra no por su potencia estética o su calidad técnica, sino por su utilidad social o su mensaje. Si la película ayuda a una causa se considera superior, independientemente de su valor artístico.
Mezclar cultura y política no es bueno. Ni para la sociedad, ni para los propios artistas. Alguien que se considere artista debe centrar su discurso en su propio arte, explicar el significado de su arte a la sociedad. Platón y su Teoría Política, sigue siendo un instrumento muy útil para entender este fenómeno. Platón, excluía a los artistas de la ciudad ideal por el riesgo que estos representaban para la sociedad cuando entraban en política. Los argumentos que daba Platón en su tiempo, son perfectamente válidos para nuestra época:
En primer lugar, el argumento Ontológico. El arte es mímesis (imitación) y por lo tanto el artista está dos veces alejado de la verdad. El mundo sensible es copia física hecha por un artesano y el arte es imitación de la copia y por tanto el artista no conoce la realidad, solo representa apariencias.
En segundo lugar, el argumento Ético. Los artistas son peligrosos para la educación de los ciudadanos por varias razones:
Por un lado, debido a las emociones irracionales. El arte apela a la parte más baja e irracional del alma, no a la razón, lo que desestabiliza a los ciudadanos. Que un actor o actriz sea bueno interpretando les hace pensar que sus emociones se acercan a la verdad.
Por otro lado por la corrupción de Héroes. Los artistas de la época retratan a dioses y héroes con pasiones humanas lo que da mal ejemplo a los jóvenes. La moral esclava de los actores les hace invertir valores de la sociedad y acaba victimizándola lo que no es un buen ejemplo a seguir.
Y por último, debido a la falsa sabiduría. Actores y actrices parece que sepan de lo que hablan. Oyéndole hablar, es como si tuvieran toda la información sobre el tema y propietarios de la verdad absoluta. Pretenden conocer temas de política o guerra sin realmente entenderlos, engañando al público.
Por todo lo expuesto, más les convendría a la industria del cine español en centrarse en el fenómeno cultural y en explicar a la sociedad española su arte y por qué tenemos que ir a las salas de cine a ver una película española en lugar de elegir otras opciones como son el cine francés, americano (Hollywood) o Indio (Bollywood), que hacer política.
Por otra parte, esa misma noche varios actores realizaron entrevistas a los diversos medios de comunicación. Entre ellas es la de Silvia Abril la que con diferencia resaltó entre el resto y la que causó gran controversia.
La actriz y comediante española afirmó que: «Me quedo con Sorda porque creo que es más necesaria. Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Iba a decir lo místico, pero es que no es lo místico. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado»
Tras está declaración varios grupos ultracatólicos han cargado contra esta actriz.
Pero los comentarios de esta clase, no son nuevos. A lo largo de la historia ha habido centenares de comentarios, actos y guerras por o en contra de la religión. Sin irse tan lejos en los años 80, la misma Madonna sacó la canción de «Like a prayer» la cual fue descrita como un blasfemo por la iglesia católica. Este es solo un ejemplo de muchos, de cómo a lo largo de la historia la religión católica ha sido criticada, y como en efecto no se trata de un problema que solo ha ocurrido ahora.
Silvia afirma que «Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado». Creo que al declarar esto se equivocó, se equivocó porque todo ser humano tiene la necesidad innata de creer en algo. De hecho yo creo que es una de las diferencias principales que tenemos en comparación con todo el resto de especies del mundo. Es lo que nos hace diferentes, y en mi opinión es la razón por la que hemos avanzado tanto.
Creo que la religión también ha limitado nuestro potencial. En muchos casos, la humanidad recurre a ella para encontrar respuestas a preguntas que aún no puede explicar, para aliviar la culpa de sus errores o para buscar seguridad emocional en un mundo incierto.
La religión es un invento humano. Que en algunos casos nos está limitando. Nos ha detenido de tantos avances a lo largo de la historia. Por ejemplo, en la edad media tantos avances científicos fueron detenidos por el simple hecho de ir en contra de la religión. ¿Y entonces es lo que afirmó Silvia Abril verdadero? ¿Es la religión no más que un mero chiringuito? ¿Es que verdaderamente necesitamos creer en algo para avanzar como sociedad? ¿Es por eso que nos aferramos a la religión, porque es lo primero a lo que recurrimos?
Históricamente y actualmente la iglesia sí que fue y es aún en algunas zonas un chiringuito. No hay que recurrir a casos de cómo puede ser la edad media donde la iglesia era un negocio. Hace menos de 10 años un conocí a un cura chileno, con el que mi familia y yo nos volvimos
cercanos. Vino al país vasco a hacer las prácticas, y tras 2 años volvió a Chile. En Chile, los sacerdotes y el funcionamiento de la iglesia no cumplían sus valores o los que se tienen en la religión cristiana. Hoy en día es dueño de una funeraria y lleva casado casi 2 años. A si que como afirma Silvia Abril, ¿es el cristianismo no más que un chiringuito? Si lo dejamos si. Si no nos adueñamos de nuestros errores y no levantamos la voz cuando debemos, si la religión proseguirá en ser simplemente un «chiringuito». Verdaderamente los grupos ultracatólicos no pueden enfadarse respecto a está afirmación porque no es mentira.
La sociedad para avanzar, tiene que creer en algo. Tiene que al menos creer en su propio potencial. Es por eso que cuando Silvia Abril dice «Me da pena que necesiten creer en algo» ahí
no tiene ningún sentido. Porque todo el mundo cree en algo, incluso los padres de está actriz tuvieron que creer en ella para que esté hoy donde está.
Recurrimos a la religión, porque para eso fue creado. Para bien o para mal, los creamos para darnos esa estabilidad emocional que tanto ansiamos a lo largo de nuestra vida. Pero a la misma vez, sirve para justificar acciones irracionales en una obediencia ciega a un ser Divino, acciones que si no serían injustificables o que serían tachadas como irracionales por la sociedad. La fe conduce al creyente a desprenderse de una racionalidad común, y es por eso que la religión trabaja tanto a favor como en contra de la sociedad. Una sociedad compuesta por seres racionales y seres racionales que realizan acciones irracionales, seres ciegos a los problemas que nos acompañan.
Es un tema debatible, como la raza humana se aferra a la religión y a la fe para no tener que reflexionar acerca de nuestros propios valores. No tener que hacer esa complicada reflexión de pensar lo que el bien y el mal significa para nosotros. No tener que decidir si lo que está sucediendo verdaderamente debería ser así o no. Que nos lo den hecho, que nos digan cuando tenemos que alzar la voz o no, que nos digan cómo tenemos que vivir nuestra propia vida.
Por lo tanto, respecto a la declaración de la actriz española Silvia Abril, ¿Está bien todo lo que dijo? No. ¿Tiene razón en todo? No. Pero ¿Vivimos en un mundo libre donde hay que respetar todas las opiniones? Si.
En conclusión, lo ocurrido en la última gala de los Premios Goya y las declaraciones de Silvia Abril demuestran que la industria del cine español parece más centrada en el discurso político y la «moral esclava» que en el propio arte. Al utilizar los actos públicos para lanzar mensajes ideológicos y cuestionar las creencias personales de los demás, los artistas caen en esa «falsa sabiduría» de la que hablaba Platón, alejándose de su verdadera función social. Si el cine español quiere avanzar y conectar con el público, debe dejar de ser un instrumento de conveniencia para las subvenciones y centrarse en ofrecer historias que respeten la libertad de pensamiento, entendiendo que tanto el arte como la fe son para el ser humano dos caminos igual de válidos para dar sentido a su existencia.
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