Aize Otaño Lizarralde
AEKren Nazio Kontseiluko kidea

Asimetrías

Asimetría, sinónimo de falta de simetría. En el mundo hay muchas cosas asimétricas... Se mire por donde se mire, a veces, por desgracia, la falta de simetría se suele imponer. En sí, el hecho de que falte simetría no tiene por qué ser malo, pero detrás de muchas asimetrías se esconden diferencias, desequilibrios entre dos o más elementos. Algunas diferencias, evidentemente, tienen que ser así; otras, en cambio, son creadas o impulsadas por nosotros y nosotras mismas, en beneficio o en perjuicio de algo o de alguien. Si observamos nuestro ámbito, Euskal Herria, ¿cuántas asimetrías podemos encontrar? Muchas, muchísimas, sin duda. Hoy, precisamente en el contexto de la campaña de matriculación de los euskaltegis, queremos poner de manifiesto las asimetrías en torno al euskara; o, lo que es lo mismo, nuestras propias asimetrías.

Hay desigualdades e injusticias. Las unas son reprobables; las otras van en contra de la equidad o de los derechos ajenos. Sí, el euskara sufre tanto de desigualdades como de injusticias, y, por lo tanto, también los y las vascoparlantes, la ciudadanía vasca, aquellos que a lo largo y ancho de Euskal Herria hemos elegido y elegimos vivir en euskara. Para entenderlo, debemos recordar que el euskara se vale del sufijo -keria para expresar cualidades socialmente condenables; por ejemplo, desigualdad (desberdinkeria) e injusticia (bidegabekeria). Y ya que estamos citando cualidades, he aquí algo a tener en cuenta: el lenguaje nos hace tal como somos. Por lo tanto, ya que esas dos cualidades reprobables se cuentan entre las asimetrías que rodean al euskara, debemos ser conscientes de que nuestra forma de ser suele ser rechazada directamente.  

Las asimetrías dentro del proceso de revitalización y normalización del euskara han provocado, entre otras cosas, la situación a la que hemos llegado en la actualidad: un estado de emergencia. En verdad, la situación es muy grave, porque tanto el euskara como la ciudadanía vasca sufrimos cada día las consecuencias de multitud de asimetrías. Los avances realizados durante muchos años –a iniciativa de la ciudadanía, los agentes sociales y las instituciones– se están quedando en nada; por contra, las diferencias se imponen una y otra vez, como si hubiera ciudadanos de primera y de segunda. Así, se vulneran derechos humanos, aunque nosotros entendemos, por ejemplo, que hay que garantizar a toda la ciudadanía el derecho a conocer la lengua propia, el euskara; pero, hoy por hoy, lamentablemente, en muchos casos no es así. Por culpa de las injusticias, el aprendizaje del euskara no es accesible para gran cantidad de ciudadanos, existe una gran carencia de información, y, además, aprender euskara conlleva un coste importante. Es cierto que se han dado pasos importantes hacia la gratuidad, pero no son suficientes. Además, la accesibilidad no solo consiste en que el aprendizaje sea gratuito, sino también en adoptar medidas adaptadas a las necesidades de la sociedad, teniendo en cuenta la gran diversidad del País Vasco. En definitiva, estamos hablando de adoptar estrategias para cada realidad.

Sí, es claro que existen injusticias. Muchos ciudadanos viven en una situación vulnerable, de exclusión plena. En tales circunstancias, el aprendizaje del euskara no suele ser una prioridad, sino que, más comúnmente, lo primordial es alcanzar unas condiciones de vida adecuadas. Además, los sectores precarizados y feminizados también sufren situaciones de exclusión, y, por culpa de su pésima situación, a menudo les resulta muy difícil acercarse al mundo del euskara. Todo eso nos lleva a sufrir desigualdades, aún y cuando el euskara no es realmente así, ni tampoco lo somos nosotros. El euskara es la lengua de nuestro pueblo; el euskara es una forma de que seamos alguien; el euskara se completa con palabras de todos nosotros, y es el factor principal que nos une al pueblo. Afortunadamente, la comunidad vasca es diversa, una senda abierta hacia la cohesión y hacia una sociedad más igualitaria; somos un conjunto abierto, solidario, ambicioso... No aceptamos desigualdades ni injusticias.

Simetría es afinidad e idoneidad. Detrás de la una se encuentran la relación, el vínculo, el parentesco y la proximidad; detrás de la otra, la cualidad y la ligazón. El euskara necesita de todo ello: precisa de políticas lingüísticas orientadas en la dirección correcta para garantizar los derechos lingüísticos. Así, es perentorio traer la cuestión del euskara a primera línea, pues él será el elemento aglutinante que nos unirá. Ahora, en el contexto de esta campaña de matriculación y ante el evidente parón que sufrimos, abriremos todas nuestras ventanas con ambición, para respirar, para reanimarnos. Porque debemos reanimar el euskara. Nosotros y vosotros. Todos.

Bilatu