Joxepe Irigaray Gil
Auritz/Burguete

Calle dedicada a D. Hermilio de Olóriz. Recuperación de su figura

El pasado 13 de junio se cumplió el centenario del traslado de los restos de Hermilio de Olóriz desde Madrid, donde falleció el 4 de mayo de 1919, a Pamplona/Iruñea donde fue inhumado. Una buena efeméride para sacar del ostracismo su figura que, sin embargo, ha pasado inadvertida.

En 2017 el Gobierno de Navarra concedió a título póstumo la Medalla de Oro de Navarra a Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio de Olóriz. Fue una distinción más que merecida para quienes definieron la bandera de Navarra y formaron junto a otros la élite cultural de la Navarra de finales del XIX y principios del XX.

Altadill y Campión son relativamente conocidos, sin embargo, Hermilio de Olóriz (Pamplona, 1854-Madrid, 1919) es uno de esos personajes cuya aportación a nuestra tierra, tanto en su faceta de historiador como de poeta, es ignorada y olvidada.

Cofundador de la Asociación Euskara de Navarra en 1877, colaboró en su órgano de expresión la Revista Euskara (1878-1883). Fue nombrado Bibliotecario y Cronista de Navarra por la Diputación en 1878, puestos que desempeñó, el primero hasta 1908 y el segundo hasta su muerte en 1919. Correspondiente de la Real Academia de la Historia desde 1885, en 1888 fue elegido miembro extranjero de la Sociedad Francesa de Arqueología. En 1891 ingresó en la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra y colaboró en la publicación de su Boletín.

Destacó en la movilización popular conocida como La Gamazada (1893-1894), de la que escribió su crónica oficial. La fama de aquellos días le llevó el año 1895 a ocupar el puesto de mantenedor de los Juegos Florales de Barcelona y a ser elegido socio delegado en Navarra del Centro Excursionista de Cataluña. Recibió el encargo de la Diputación para escribir los textos que se colocaron en las lápidas del Monumento a los Fueros, en los que parece que también participó su buen amigo E. Aranzada.

Olóriz lamentó la ruina en la que se encontraban muchos monumentos, por ejemplo, el castillo de Olite/Erriberri, y no escatimó esfuerzos en aras a lograr su restauración.

Su obra literaria en prosa y verso, en su totalidad relacionada con Navarra, es amplia y desconocida. Está formada por más de diez libros y artículos publicados en diversos periódicos, revistas y boletines.

Tras su fallecimiento, salvo esporádicas ocasiones como el canto del poeta Máximo Ortabe, le llegó el largo olvido.

Respecto al callejero, Olóriz figura desde 1997 en el de Auritz/Burguete, a donde se retiró los últimos años de su vida. Desde fecha posterior lo hace también en el de Pueyo. Escritores como Miguel Izu o Iñaki Uriarte han solicitado en prensa incluirlo en el callejero pamplonés. Cuando se renombró la calle Mártires de la Patria a principio de los años ochenta, se barajó la posibilidad de darle su nombre, pero al final se declinó por el actual de Castillo de Maya.

En tres ocasiones, (1920, 2020, y 2024) el Ayuntamiento de Auritz/Burguete, en aras a conservar la memoria del que fuera su vecino, ha acordado solicitar al Ayuntamiento de Pamplona/Iruñea la dedicación de una calle en la capital por considerarlo merecedor de ello.

Respecto a su sepulcro, decir que si una celebridad histórica tenga o no tenga tumba es de una importancia relativa, el conservarla es un dato que da pistas sobre el trato que un país da a la cultura y a quienes la hacen posible. Teniendo en cuenta que el matrimonio Olóriz-Llanos no tuvo descendencia no estaría de más que el Ayuntamiento de Pamplona/Iruñea se hiciese cargo de la misma y velar por su conservación como parte de la historia y del patrimonio cultural de Navarra; tal como actúa ese Ayuntamiento con los sepulcros de Sarasate, Yanguas y Miranda, Iturralde y Suit o del marqués de Marcilla.

Que sirva esta efeméride como punto de partida para recuperar su memoria y resarcir una deuda pendiente de esa ciudad para con la figura de este ilustre pamplonés de nacimiento y auriztarra de vecindad tomando cartas en el asunto.

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