Eugenio Ortiz Miguel

Caminar sobre el espejo de Ameztoy

Recordar al prodigioso artista y amigo Vicente Ameztoy es regresar a una serie de vivencias y acontecimientos que en este breve texto apenas podría. Me limitaré a algunos recuerdos que destellan en mi memoria. 

Era 1983, Donostia, en el espacio del decorador Juantxo Múgica presentamos una muestra Vicente Ameztoy, los cineastas Iñigo Sagarzazu y José Luis Iglesias, y yo mismo. Ameztoy presentó “Caminar sobre el espejo”, que consistía en un alargado espejo instalado en el suelo y con dos hormas de madera que signaban la acción de caminar. Caminábamos junto al espejo que reflejaba nuestra presencia y una travesía compartida. 

En 1987, en otra muestra colectiva en San Telmo Museoa, presenté “Habitación para Antoine Thomson dʼAbbadie”. Esta pieza fue el germen de otro proyecto que nos volvió a reunir a los cuatro amigos. Nos dirigimos al Chateau dʼAbbadia en Hendaya para iniciar el rodaje de “Las cartas del cénit”: Sagarzazu con su literario guión y realización, Ameztoy encarnó a un enigmático dʼAbbadie (1810-1897), célebre explorador, astrónomo, lingüista, fundador de las Fiestas Euskaras. Pepelu Iglesias y yo nos encargamos de la dirección artística, y Alberto Iglesias de la música. 

Aquella tentativa fílmica quedó inconclusa. La figura de dʼAbbadie, pintado por Vicente, nos conectaba también con Arthur Rimbaud en Abisinia (era Etxe-Ondo). Evocar la ironía, la excéntrica figuración y el naturalismo tan minucioso como desbordado en «otra» sobrenaturaleza. Asombrosas hibridaciones de lo humano y lo vegetal se manifestaron en su primera retrospectiva celebrada en Arteleku (1990) bajo el avizor título “Karne & Klorofila”. De algunas de sus fascinantes pinturas como su “Autorretrato”, 1978, transfigurado en el paisaje con un cabezudo que muestra y oculta su rostro; o la máscara de la Iñude, otra inquietante obra de 1987 con María Antonieta y Mishima decapitados. O aquél guante que nos entrega en un paisaje de 1992 que Fernando Golvano la define como una distopía crepuscular. 

La transgresora pintura de este artista intempestivo me trae ecos de Richard Dadd, cierto «candor» del linaje Klossowski y Balthus. “La alquimia: Polvo de Proyección”, su artificio anacrónico/futuro, como el cine de Syberberg. Termino como en aquél final del concierto Londinense, estamos con Virginia Montenegro y la canción que Vicente oficiará magistralmente, su “The Art of Parties”. 

 

Podéis enviarnos vuestros artículos o cartas vía email a la dirección iritzia@gara.net en formato Word u otro formato editable. En el escrito deberán constar el nombre, dos apellidos y DNI de la persona firmante. Los artículos y cartas se publicarán con el nombre y los apellidos de la persona firmante. Si firma en nombre de un colectivo, constará bajo su nombre y apellidos. NAIZ no se hace cargo de las opiniones publicadas en la sección de opinión.

Bilatu