Coordinador del Consejo Nacional de Sortu
Contra el «espíritu de la Transición»

«Desde la izquierda independentista vasca negamos la mayor», así responde Hasier Arraiz a la apelación de Josu Erkoreka para recuperar el espíritu de la Transición en el debate sobre «autogobierno» del Parlamento de Gasteiz. Niega que hubiera ruptura democrática ni que dicha Transición fuera lo mejor que le podría ocurrir a los vascos. Ante su próxima comparecencia ante el TSJPV, el presidente de Sortu subraya que aunque «no nos dejen contar nuestra Historia» y quieran que «contemos su relato», seguirán contando su propio relato y haciendo Historia.

2014/03/28

El portavoz del Ejecutivo de Lakua, Josu Erkoreka, apelaba recientemente a lo que algunos denominan el «espíritu de la Transición», como reclamo para llegar a acuerdos en el seno de la ponencia de «autogobierno» que ayer se puso en marcha en el Parlamento de Gasteiz. La polémica surgía porque tanto PSE como EH Bildu piden al PNV definición y claridad sobre sus objetivos en dicha ponencia. Desde EH Bildu reprochamos al PNV que tras hacer un acuerdo con nuestro grupo parlamentario para la creación de dicha ponencia, con «la voluntad política de la ciudadanía vasca como único límite», el grupo parlamentario del PNV no tuvo ambages para «deshacerlo», porque desde Sabin Etxea habían llegado a «otro» acuerdo con el PSE. Como bien ha recordado Txarli Prieto, uno de los ponentes del PSE, el acuerdo que hicieron entre su grupo y el PNV –acuerdo que no hizo, pero que defendió Joseba Egibar desde la tribuna– hablaba única y exclusivamente de «valoración del desarrollo estatutario para su actualización». Prieto aclaraba aún más el contenido de dicho acuerdo: «si el objetivo es el derecho a decidir, la ponencia saltará por los aires».


Desde EH Bildu también hemos querido ser mínimamente rigurosos, sin engañar a nadie y hemos planteado claramente nuestro objetivo: «sin derecho a decidir no podemos hablar de nuevo estatus, porque estaremos hablando del viejo más o menos remozado». Como se puede observar, los objetivos de PP y PSE y los de EH Bildu de cara a la labor de la ponencia, son sencillamente antagónicos. Hace diez días en sede parlamentaria nuestro grupo expresaba su desconcierto porque no sabemos a día de hoy dónde está exactamente el PNV. Unos días parece que está con nosotros y el derecho a decidir, y otros días con el PSE y su «actualización del desarrollo estatutario». Me autocorrijo. Quizás no sea una cosa de días en el PNV. Quizás solo sea que un PNV está con EH Bildu –aunque acostumbre a gruñirnos más que a intentar hablar con nosotras– y otro PNV, por desgracia, el que manda hoy por hoy, no muestra ningún interés por despegarse del PSE.


La ponencia no ha echado a andar, pero el principal debate está ya sobre la mesa. Algunos queremos que sean los vascos y vascas quienes decidan su futuro –en todos los ámbitos que les afectan– y que se respete la voluntad que democráticamente expresen. Otros, PP y PSE, se oponen abiertamente a que los vascos y vascas decidan, no vaya a ser que no decidan lo que ambos partidos quieren. El eje fundamental del debate es, por tanto, nuevo estatus versus viejo estatus remozado, o si se quiere, derecho a decidir de los vascos y las vascas versus unidad indivisible del Estado español.


Por eso, cuando el señor Erkoreka apela a lo que él llama «el espíritu de la Transición», desde la izquierda independentista vasca negamos la mayor. Han pasado treinta y cinco años de todo aquello, pero ni tenemos tan mala memoria, ni somos tan ignorantes. Hace treinta y cinco años como ayer mismo, como hoy, no hubo consenso, no hubo concordia, no hubo reconciliación. Puede que en el Estado español «cuele» la versión edulcorada del «Cuéntame» que están recreando estos días a cuenta de la muerte de Adolfo Suárez, pero en Euskal Herria no. No nos la tragamos.


No nos la tragamos hace treinta y cinco años y a día de hoy sigue sin pasar. No nos tragamos que aquello fuera una transición democrática, porque se basó en la impunidad de los responsables de la dictadura franquista y en el relevo que estos dieron, como ellos quisieron, a quienes decidieron que debían pilotar el Estado español en la etapa post-Franco. No nos lo tragamos porque no hubo cambios en las principales estructuras –políticas, judiciales, coercitivas...–- del Estado. Así que, ni nos tragamos a Suárez como «padre de la democracia», ni al Borbón en el papel de defensor de la misma en los sucesos del 23-F, ni tantos otros mitos huecos de las últimas décadas de mala literatura política española.


Y sobre todo, no nos lo tragamos porque en Euskal Herria –y los Països Catalans– nuestros derechos como naciones que somos, siguen sin estar reconocidos desde entonces por ese mismo Estado. No solo nada ha cambiado en ese aspecto durante los últimos treinta y cinco años, sino que durante todo ese tiempo el Estado español se ha mostrado incapaz de resolver ese conflicto político en términos democráticos y solo ha sido capaz de responder a las demandas de soberanía de los vascos y las vascas con más negación y cuotas insospechadas de represión y guerra sucia.
De modo que, cuando Erkoreka o cualquier otro dirigente político pontifica alabando lo que llaman el «espíritu de la Transición», podemos entender que bajo el falso mantra del acuerdo, el consenso y la concordia, pretendan justificar lo que sus respectivos partidos políticos hicieron entonces. No debe ser sencillo el tratar de justificar la necesaria colaboración para dar impunidad al franquismo, su imprescindible contribución para igualar como demócratas a franquistas y antifranquistas y, sobre todo, su inestimable ayuda para que los derechos nacionales de los vascos y las vascas, por los que tantos compatriotas dieron su vida bajo las balas de la represión fascista, siguieran pisoteados a cambio de una autonomía para tres provincias sin derecho a decidir.


Ahora los «trileros» del PNV, PSOE y demás cómplices del llamado «espíritu de la Transición», como estafadores de poca monta vienen a justificarnos lo que entonces hicieron como si realmente fuera lo mejor que nos pudiera haber ocurrido. Es cierto, nos ha ocurrido, ha sido nuestra vida y recordamos todo aquello con cierta nostalgia. Es el efecto «Cuéntame». Pero que nadie insulte nuestra inteligencia. Hoy, como hace treinta y cinco años, aquello no es lo mejor que nos podía haber ocurrido a los vascos y las vascas que vivimos dentro de los límites –a todos los niveles– del Estado español. Entonces, como ahora mismo, en Euskal Herria como en los Països Catalans, necesitamos una auténtica ruptura democrática con un Estado que sigue sin entender absolutamente nada de democracia. Hoy, como hace treinta y cinco años, el debate fundamental sigue siendo derecho a decidir versus unidad indivisible del Estado español. Dejaremos para otro momento todo lo que nos habíamos podido ahorrar en estas casi cuatro larguísimas décadas.


El próximo miércoles 2 de abril he sido «invitado», en cuanto a presidente de Sortu que soy y dirigente de la izquierda abertzale que se me presume, a «expresar libremente» estas opiniones políticas en la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En el Estado español la extrema derecha no tiene que raparse el cráneo ya que esta presente en muy diversos estamentos del Estado. Si lo que yo dije en aquella charla en Bilbo lo hubiera dicho cualquier otra persona que no es de la izquierda abertzale, no habría sucedido nada. Ni un titular de prensa, aún menos una citación judicial. No nos quieren dejar contar nuestra Historia y quieren que contemos su relato, porque ayer como hoy somos independentistas y socialistas y la mera existencia histórica de nuestro proyecto político hace intragable su relato a miles y miles de vascas y vascos.


El próximo miércoles volveré a Bilbo y expresaré a sus señorías que la izquierda independentista vasca no solo seguirá contando su relato, sino que seguirá haciendo Historia.

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