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Credibilidad jeltzale

Entiendo que, en este país, hablar de violencia con ETA «jubilada» puede generar una cierta sonrisa, pero, es evidente que vivimos bajo un régimen de dictadura de clase, de poder de clase que se impone de forma violenta.

2019/09/12

Cierto que no es frecuente, pero uno debe reconocer que en algunas contadas ocasiones, he tenido la suerte de poder acceder al elegante verbo de políticos de largo recorrido y extensa experiencia. Y digo esto, porque, no me negarán que da gusto escuchar al presidente jeltzale Sr. Ortuzar indicando el camino correcto a unos y otros. Exigiendo dedicación, trabajo y buenas maneras. Debieran escucharle con atención e intentar seguir su ejemplo, ya que el es la viva imagen de un hombre sereno, poco dado a la fanfarronería y delicado en el trato. Sencillamente magnífico.

No es el único dirigente de esa organización capaz de dejar perplejo a cualquiera. Incluso posiblemente, sería más interesante para el lector, iniciar este trabajo reconociendo las virtudes del lehendakari, Sr. Urkullu, pero no sería objetivo, ya que es la organización y sus mandatarios internos, quienes tienen y ejercen la capacidad de decisión. En el PNV, siempre ha sido así. En cualquier caso, dos acreditados representantes del poder político.

Entiendo que, en este país, hablar de violencia con ETA «jubilada» puede generar una cierta sonrisa, pero, es evidente que vivimos bajo un régimen de dictadura de clase, de poder de clase que se impone de forma violenta. Porque ya no es ETA quien ejerce violencia, hoy es «el poder político» quien la ejerce por mediación de un determinado número de instituciones que aparentemente no tienen nada en común con él, y que aparecen como «independientes», cuando en realidad no lo son.

El poder cuenta con centros y puntos de apoyo «invisibles», desconocidos, de forma que su verdadera solidez y resistencia se puede encontrar, donde uno menos piensa. Por tanto, no basta con decir que tras el gobierno se encuentra el «aparato», se encuentra la clase dominante, es necesario ubicar los puntos de actividad, es decir, los lugares y las formas bajo las cuales se ejerce la dominación.

Es a partir de aquí donde intervienen los «agentes». Imprescindibles en el sistema, actores necesarios sin los cuales la dominación política antes expuesta, no tendría efecto y la consecuencia económica se vería seriamente debilitada.

Es evidente que estos «agentes» generan mucha riqueza, que son maestros en la extorsión y que, cuando acceden a gestionar poder, no resulta sencillo conseguir apartarles del mismo, ya que muestran la racionalidad suficiente para, manteniendo intactos sus proyectos e ideologías, conseguir «no ser», sin dejar de serlo, lo que les permite prosperar. Y mucho.

Y es que la honradez compite con muchas dificultades en la política vasca. Y esto es así a pesar de que el Sr. Urkullu manifieste que: la corrupción no encaja con nuestra cultura y nuestros valores políticos y sociales. Así pues, el país de los vascos –el oasis del Sr. Urkullu– no es una muestra de virginidad política. No lo es.

Es evidente que la falta de credibilidad, no es exclusiva del PNV, por supuesto, incluyo a los partidos políticos que con su actividad influyen en el espectro económico, social, cultural y político en el sur de Euskal Herria.

De todos ellos, el más veterano que cuenta con «agentes» –a excepción del PSOE– es el PNV, quien a lo largo de más cuarenta años y con el ejercicio de diferentes protagonistas, hasta el día de hoy, su «dinámica» se mantiene intacta; el surgimiento de una estructura estable del reparto del poder liderada por el PNV, que concilia los intereses de una élite vasca, con la política diseñada por el poder central español.

Así es como tras cuarenta años de gestión institucional, el PNV se ha convertido en un bunker del poder económico. Y a pesar de los graves, muy graves destrozos legales generados por sus «agentes» a los que se enfrenta –y los que llegarán– controla y distribuye recursos, influencia y privilegios.

Sinceramente, no es de mi agrado «levantar alfombras», pero ante el descaro y falta de dignidad de algunos de pétrea epidermis, no hay otra salida.

Dicen que la corrupción «es cosa de otros», pero la nómina de delincuentes es larga y vergonzosa:

Alfredo de Miguel: Ex número dos del PNV en Araba y ex diputado foral. Acusado de formar una trama de comisiones para la adjudicación de contratos. Puede «exhibir» una petición fiscal de 54 años y una fianza de 16 millones de euros. Fue detenido por corrupción, junto a Koldo Ochandiano y Aitor Tellería.

Museo Balenciaga-Getaria: sobrecoste de magnitudes increíbles, un auténtico «saqueo».

Caso Margüello: Prevaricación, contratos irregulares, desde la estructura en Bizkaia de Osakidetza. Más irregularidades en oposiciones, que determinan la exclusión de la directora María Jesús Múgica.

Si tocamos la tecla del PSOE, nos encontraremos con: Txarli Prieto, Mikel Cabieces, etc.

El PP y sus adláteres: Tienen tantas teclas a tocar, tanta suciedad. Me recuerdan a los lobos en manada, no importa de que generación son. Sólo pelean entre ellos, para imponer quién es el jefe. Pero son todos iguales.

Es evidente que hay mucha, mucha más escoria. Sirva de ejemplo lo aquí expuesto.

¿Con estas credenciales, quién y desde qué púlpito, está en condiciones éticas y morales para seguir dilatando y «gestionando políticamente» el dolor propio o ajeno?

Abandonemos el debate estéril, también la permanente autopromoción engañosa y pongámonos a trabajar.

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