SOS Racismo Bizkaia
¿Crisis migratoria? Qué nos ocultan y por qué

¿Por qué defiende Europa la libre circulación de sus mercancías y cierra a la vez sus fronteras? Esta contradicción refleja simplemente la hipocresía de la UE como centro del sistema capitalista.

2018/08/14

Una de las herramientas que han usado las clases dominantes desde siempre para controlar a la opinión pública es la desinformación, es decir, difundir información distorsionada y tangencial y si hace falta, incluso, mentir e inventar hechos que nunca han existido. Esta función del discurso mediático dominante se manifiesta sobre todo en los momentos de «crisis», épocas de alta tensión y situaciones con gran repercusión social.

En el tema de la inmigración, ante la llegada permanente y continua de miles de personas desde África en condiciones dramáticas, se nos ha bombardeado, por ejemplo, con una información muy superficial –en el mejor de los casos–, mostrándonos imágenes de embarcaciones a la deriva, barcos bloqueados en puertos, la labor de las ONGs, guardias costeras y los rostros de cientos de personas africanas, y todas ellas con ansia de pisar la «tierra prometida». Tampoco se olvidan de informarnos los grandes medios de las otras decenas de miles que aguardan en los montes del norte de Marruecos preparando los próximos asaltos a la «civilización». La cosa funciona así: primero te meten el miedo en el cuerpo, luego, te hacen tragar sus políticas.

Pero, ¿qué nos ocultan? y ¿por qué? Sencillamente, no quieren que sepamos las causas fundamentales de este éxodo humano que tienen que ver directamente con la relación de dominación del Norte sobre el Sur, la división mundial del trabajo. Se trata del control que ejerce Europa sobre el destino de África, desde siempre, sobre qué tipo de economía debe desarrollar y qué modelo social debe aplicar. Y, por supuesto, para tenerlo todo bien atado, Europa controla el poder político en África. Lo ha hecho directamente en la época de la colonización armada y lo sigue haciendo ahora manipulando a los gobiernos africanos impuestos contra la voluntad de sus pueblos, después de acabar, mediante intervenciones militares y golpes del Estado en los años 60, 70, 80 y 90 con las aspiraciones de los gobiernos progresistas surgidos de la lucha de la liberación nacional de los países africanos que pretendían alcanzar la independencia política, económica y cultural.

¿Quién de vosotros ha oído hablar de Thomas Sankara (Burkina Faso), Mehdi Ben Barka (Marruecos), Patrice Lumumba (Congo), todos ellos líderes africanos asesinados con la implicación directa de los servicios secretos de Francia, Belgica, EEUU e Israel? ¿Quién te va a contar a ti que de los 22 presidentes africanos asesinados entre 1963 y 2011 la mayoría han sido asesinados en el transcurso de golpes de Estado promovidos por manos extranjeras?

Cuando se habla de África, siempre se la asocia con el hambre, las guerras internas, las pateras, y los barcos llenos de jóvenes, pero nunca con las riquezas inmensas que posee ese continente. Nunca se nos habla de los llamados tratados de libre comercio, diseñados e impuestos por la Unión Europea, y cuyos objetivos son extraer y explotar los recursos naturales y humanos de los países africanos, convirtiéndolos en meros mercados libres de aranceles y dejando fuera de protección a la economía local. Una economía local que ha sufrido y sigue sufriendo una guerra económica silenciosa que le impide cualquier desarrollo sostenible que, a su vez, le permita responder de manera independiente a las necesidades reales del consumo interno. Esta es la situación que ha condenado a millones de africanos a abandonar su tierra.

Queréis un ejemplo? Escojamos el país africano más cercano: Marruecos era en los años 60 un país autosuficiente en materia de trigo. Ahora, sin embargo, el abastecimiento de este alimento básico depende en gran parte del mercado internacional. En aquellos terrenos donde antes se cultivaba trigo ahora se plantan –a «petición» de la UE– naranjas y verduras para el consumo europeo. En la zona de Agadir, donde están muy extendidos este tipo de cultivos, había agua subterránea abundante aprovechada por las comunidades en la agricultura tradicional para el consumo propio y la distribución local. Pero debido al monocultivo y la explotación desmesurada y salvaje del agua, hoy hay que excavar 250 metros para extraerla del subsuelo en lugar de los 50 metros que se perforaban anteriormente. En la actualidad, Marruecos tiene que exportar ¡5 kilos de tomate para comprar 1 kilo de trigo!

Mientras los terrenos africanos se cultivan para abastecer a las mesas europeas y sus minerales se «compran» a precio de saldo para la industria de Occidente y de China, que se ha sumado a la fiesta en las ultimas décadas, los tratados comerciales, hechos a medida de las empresas multinacionales, o mejor dicho, «multicoloniales», condenan a la economía africana a la dependencia absoluta de los llamados mercados internacionales para cubrir la demanda de alimentos básicos. Y si añadimos el agravante de la degradación del medio ambiente por el consumo de agua exagerado que requiere la extracción y el cultivo de esos productos que han condenado a la sequía a grandes territorios, podemos imaginar lo salvaje que son esas políticas, esos tratados falsamente llamados de libre comercio, ya que la UE –al contrario que los países con los que los establece– sigue protegiendo su economía de diversas maneras.

¿Por qué defiende Europa la libre circulación de sus mercancías y cierra a la vez sus fronteras? Esta contradicción refleja simplemente la hipocresía de la UE como centro del sistema capitalista. Por una parte oculta los resultados de sus políticas y por otra genera pobreza y desesperación cuando impide que lleguen las personas refugiadas y migrantes, legisla leyes mortales de extranjería, levanta vallas acuchilladas, externaliza fronteras, financia mafias y señores de la guerra, abre CIEs, y piensa continuar con su política de centros de detención en África, alejados, para no ensuciarse las manos. No sería de extrañar que en un tiempo no muy lejano se lleguen a usar formas cercanas al genocidio.

La Europa actual va a mantenerse en la misma línea porque sabe muy bien que miles de jóvenes van a seguir viniendo, y millones pensando en venir ya que es la única manera que le queda al continente africano para «presionar», para decir que este mundo tiene que cambiar, que este equilibrio se tiene que romper.

Y frente a toda esta tragedia, a los gobernantes de Bilbao no se les ocurre idea mejor que soltar las alarmas, sacar las estadísticas, buscar las mafias, preguntar quién les envía, quién va a quedarse y quién no y, sobre todo, calcular el coste, cuántas gotas de leche se van a consumir, cuántas galletas… Es que hay que tener en cuenta el «efecto llamada», si no, acabará todo el mundo quedándose aquí. ¡Miseria humana!

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