Democracia y patrimonio en la arquitectura de Catalunya
Antes de finalizar este año 2025, pleno de aniversarios, conmemoraciones y emotivas efemérides deseo evocar un acto que por pionero y modélico resultó esencial en sus dimensiones, políticas, sociales y culturales.
En concreto, el 19 de noviembre de 1975. El degá del entonces Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares, Jordi Mir i Valls, convocó a una veintena de prestigiosos arquitectos para organizar una “Comissió de Defensa del patrimoni arquitectónic”, sustituyendo en su función reivindicativa, al Arxiu Históric del Colegio que había tenido esta misión desde el inicio de sus actividades en 1969. Ya el 1 de diciembre se celebró la primera reunión y el proceso de formación de la Comissió a principios de 1977.
Coincidiendo con la celebración del Año Europeo del Patrimonio Arquitectónico, en septiembre-octubre de 1975, la revista CAU editada por el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Catalunya en su número 11 publicaba un monográfico “Arquitectura en peligro” con los edificios más significativos del Estado entonces en grave riesgo de destrucción. Asimismo, difundía un “Manifiesto. En defensa del PatrimonioArtístico” con las adhesiones de múltiples personalidades de todos los ámbitos culturales de Catalunya, y de los representantes de los Archivos Históricos de los Colegios de Arquitectos, ente ellos el Vasco Navarro, de entonces Álava, Navarra y Vizcaya, Fernando Ruíz de Ocenda, Javier Biurrun y Manuel Iñiguez, y Jesús Echaniz respectivamente.
Siendo entonces alumno de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, ETSAB, de la Diagonal observé con mucha atención aquel posicionamiento tan contundente como necesario justo la víspera de la gloriosa muerte del Caudillo por Dios y por España.
La dictadura había favorecido la vorágine demoledora de arquitecturas y conjuntos monumentales de gran relevancia urbanística y cultural. Las asociaciones vecinales de Catalunya, principalmente en Barcelona ya estaban organizadas en la defensa de este legado artístico que valoraban como un indiscutible signo de pertenencia y de identidad cultural catalana. Pero en la enseñanza apenas se trataba esta grave situación.
Un año después, el 11 y 12 de diciembre de 1976, en el ámbito del Congrés de Cultura Catalana, se celebró en el mejor y más simbólico lugar posible, Monserrat, la Assemblea Constituent del SERPPAC, Servei per a la protecció del patrimoni arquitectónic catalá. Las sesiones obviamente se desarrollaron en catalán, y en ellas participó Jesús Echaniz reivindicando además las “libertades democráticas” (En el 40 aniversario de esta asamblea, el 10 de diciembre de 2016 acudí a Monserrat como reconocimento y agradecimiento por esta sensibilización cultural y en “sustitución virtual” de Echaniz fallecido en 1994). Meses después, en abril de 1977, el president Terradellas, en el exilio, conoce y anima esta iniciativa que se inserta en el proceso de reconstrucción política y cultural de Catalunya.
Como consecuencia de esta concienciación y autoestima a finales de 1978 se organizó el primer “Curset sobre la intervenció en el Patrimoni Arquitectónic”, por la CDPAH del Col.legi pero con su denominación únicamente en catalán, la colaboración del SERPAC, la ETSAB y el patrocinio de la Generalitat. En el mismo intervinieron los más relevantes arquitectos del momento, especialmente italianos, donde el Restauro tenía una acreditada y modélica hegemonía, que sería una presencia constante en los cursos sucesivos.
Desde el segundo Curset, al año siguiente al que ya asistí, quedé fascinado ante aquella visión potencial de la arquitectura, por el profundo sentido cultural e identitario que suponía la difusión, defensa y recuperación de un patrimonio de inmenso valor que además del arquitectónico tenía un componente trascendental incluso paisajístico: el legado industrial. Era fundamental para el resurgimiento cultural, ambiental. Por dicho motivo me integré en la Comissió de Defensa del Patrimoni Arquitectónic hasta 1986, que me trasladé a vivir, y resistir, el embate destructivo en Bilbao creando en 1991 algo similar, pero que no prosperó ante la indiferencia del colectivo.
Actualmente, se siguen celebrando los cursos, de nuevo este diciembre ha sido el XLVIII, organizado por la Agrupació d'Arquitectes per a la Defensa i la Intervenció en el Patrimoni Arquitectònic, AADIPA, del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya y he tenido la satisfacción de ser ponente en tres ocasiones.
Si bien, el medio ambiente, en su amplia concepción patrimonial que incluye la naturaleza, el paisaje, el urbanismo y la arquitectura, lo salva concienciado y unido, el pueblo en la plaza, los Colegios de Arquitectos y la intelectualidad de una nación no pueden desentenderse ante estos frecuentes y gravísimos atentados.
El reciente y rotundo triunfo social logrado ante el intento de imposición de una subsucursal del Guggenheim en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, en Bizkaia por la UNESCO en 1984, frente a la prepotencia, brutalidad e ignorancia cultural de la Diputación de Bizkaia y el Gobierno Vasco, es un ejemplo a proseguir en Euskal Herria.
Y más especialmente ante derrotas, con la colaboración necesaria de la judicatura, como el ilegal y corrupto por prevaricación ante el delito por la destrucción de numerosas villas, la deformación del Bellas Artes de Donostia, agresión, si no atentado al Museo de Bellas Artes y la irracional permisividad de la Diputación en la mutilación y deformación del ábside de la Catedral de Bilbao.
La celebración el próximo verano del Congreso Mundial de Arquitectos 2026 Barcelona convocado por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) dedicado a la reflexión arquitectónica organizado por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), en colaboración con el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya. Que UNESCO haya designado a Barcelona Capital Mundial de la Arquitectura 2026, es una excelente ocasión para recordar y meritar todo lo que supuso lo antes relatado en el reconocimiento universal de la arquitectura catalana y que tiene su constatación en los elementos que figuran como Bienes Culturales en la Lista del Patrimonio Mundial o de la Humanidad.