Destrucción del patrimonio
Especular, turistificar, aunque sea a costa de borrar la identidad de la ciudad.
Me parece un asunto gravísimo y de máxima urgencia. Hoy mismo han derribado Villa Nuestra Señora de Iziar en el Paseo de la Fe, a pesar de que estuvo incluida en el PEPPUC. Acaban de derribar Villa Ikustoki, en breve demolerán Villa Elvira con su capilla y el edificio de Aldamar 1.
¿Saben ustedes que ya se han destruido más de 900 edificios –Villas, palacios, iglesias, mercados, edificios industriales, etc.– de valor patrimonial? Están arrasando con la identidad de la ciudad, sustituyendo construcciones tradicionales típicas vascas por cubos de dudoso gusto que arrasan el paisaje de la ciudad.
¿Cómo es posible que ustedes no se hagan eco de estos atentados contra el patrimonio que en los últimos años han adquirido una velocidad vertiginosa? Miren ustedes el skyline de Miraconcha donde están desapareciendo los jardines y las Villas de estilo neoclásico vasco y en su lugar se están erigiendo viviendas y hoteles de una fisonomía cúbica anodina que podemos encontrar en cualquier ciudad del mundo. La colina cada año se ve más fea.
Están aniquilando el patrimonio arquitectónico en todos los puntos de la ciudad: Ategorrieta, Aiete, Duque de Baena, Aldapeta, Miraconcha, Paseo Zubiaurre, Ondarreta, Paseo de la Fé, Loiola, Martutene, etc. ¿Qué hacen los responsables de Patrimonio de Diputación y ayuntamiento? ¿Para qué les pagamos? ¿Para que destruyan joyas arquitectónicas? ¿Por qué nadie lo para?
En vano han sido las manifestaciones que recorrieron la ciudad para parar el lamentable, imperdonable e incomprensible derribo de Miracruz 19 (y ya ven ustedes el espantoso edificio de apartamentos de lujo que lo ha sustituido, que rompe de forma lacerante con el estilo arquitectónico del entorno) o la «reforma» del Palacio Bellas Artes, uno de los cinematógrafos más antiguos de Europa, para convertirlo en otro hotel (¿cuántos van ya en la última década?). ¿No podría haberse convertido en un museo del cine, por ejemplo, y no destruir su interior, en la ciudad de los Festivales y «capital cultural»? Es obvio que la capitalidad fue una pantomima para beneficio de ciertos poderes, porque la destrucción patrimonial indica que la cultura, realmente, no es lo que interesa, sino masificar la ciudad, atiborrarla de hoteles. Y no está reñido el fomento del turismo sostenible con el mantenimiento del patrimonio, sino todo lo contrario, pero, por lo visto, los que nos gobiernan tienen otra visión de la modernidad e intereses muy distintos a la protección de la riqueza patrimonial.
Especular, turistificar, aunque sea a costa de borrar la identidad de la ciudad. ¿Para qué encargar a Áncora que cataloguen los edificios de valor arquitectónico, para qué se gastan nuestro dinero en estos estudios e informes si después el consistorio no los respeta y descataloga a su antojo para especular con el terreno? Por no hablar de los recurrentes «incendios espontáneos», como denuncia Áncora, de Villas cuyo terreno después se hace edificable. O de las espantosas reformas como la de Villa Almudena, que arrasa con los jardines y espacios verdes. Deberían tomar ejemplo de ayuntamientos como los de Barcelona y Valencia, cuyas políticas van encaminadas, como no puede ser de otra manera, a proteger el patrimonio, incluso invirtiendo en comprar los edificios.