Oscar San Martín
Licenciado en Historia

Donostia y Gasteiz: ¿unidas o separadas?

En el verano de 1813, Donostia fue sitiada y tomada por las tropas aliadas −británicas, españolas y portuguesas− que combatían contra el ejército napoleónico que defendía la ciudad, en el contexto de la guerra de la Independencia española.

Las consecuencias para Donostia fueron devastadoras. El ejército aliado, liderado por el duque de Wellington, no solo provocó la destrucción casi total de Donostia, sino que además infligió un durísimo castigo a la población civil. Durante aquellos fatídicos días se produjeron saqueos, asesinatos y un gran número de violaciones de mujeres y niñas.

En la plaza de la Virgen Blanca de Gasteiz se alza un monumento de trece metros de altura dedicado a la batalla de Vitoria. En aquella batalla, el 21 de junio de 1813, los ejércitos aliados derrotaron al ejército napoleónico, tal y como sucedería más tarde en Donostia. No obstante, ese mismo ejército salvador fue el que, poco después, cometió los graves abusos, ya mencionados, contra la población de la ciudad guipuzcoana. Además, facilitó el restablecimiento del absolutismo.

El monumento a la batalla de Vitoria fue inaugurado en 1917, a poco más de cien años después de los hechos, en un contexto de profunda crisis política y social en el Estado español. Aquellos años estuvieron marcados por conflictos obreros, huelgas, demandas de reformas políticas, corrupción y un escenario europeo convulso debido a la Primera Guerra Mundial.

En ese contexto, el reinado de Alfonso XIII buscaba fomentar símbolos de unidad nacional para reforzar la cohesión social y una determinada identidad colectiva. En distintos lugares se promovieron monumentos que conmemoraban héroes y victorias históricas. En el caso de Vitoria-Gasteiz, el monumento pretendía glorificar la victoria militar de los aliados y alimentar un sentimiento de patriotismo español.

En 2026, dentro de la sociedad vasca actual, mantener en el corazón de Vitoria-Gasteiz un monumento que celebra una victoria militar protagonizada por ejércitos responsables de las atrocidades cometidas en Donostia resulta, para algunas personas, no solo anacrónico, sino profundamente inapropiado e incluso ofensivo.

El monumento con una figura alegórica femenina en lo más alto, representando a los vencedores de la batalla, contrasta de forma dolorosa con el recuerdo de las mujeres y niñas que fueron violadas y asesinadas brutalmente en Donostia por la venganza desatada de esos ejércitos aliados.

Ante esto, surgen preguntas inevitables:

¿Hasta cuando permanecerá en Gasteiz un homenaje a ejércitos responsables de semejantes crímenes?

¿Estamos ante un intento de blanquear o silenciar la historia?

¿No constituye este asunto una muestra de insensibilidad histórica?

¿Cómo es posible que todos los partidos políticos con representación en el ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz respalden la rehabilitación de ese monumento?

¿No merece el caso, al menos, una reflexión colectiva sobre lo que queremos celebrar y recordar en nuestro país?


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