Arnaldo Otegi
Coordinador general de EH Bildu

¡El 20-N todos los abertzales y antifascistas a Bilbo!

Lo de Bilbao será también memoria y futuro. Porque luchar por el futuro es el ejercicio de memoria más sólido

El próximo 20 de noviembre las y los independentistas vascos tenemos una cita en las calles de Bilbao. No es una fecha cualquiera y tampoco es una movilización cualquiera. La manifestación del 20-N que convoca EH Bildu no es una manifestación nacional aislada del contexto histórico en el que vivimos y de los pulsos políticos que estamos librando, sino una iniciativa política con un objetivo político claro: que la estrategia independentista recupere su capacidad movilizadora incorporándola como complemento de su actividad institucional. En definitiva, que incorpore y entienda que el espacio de la movilización popular es un instrumento necesario para fortalecer sus posiciones políticas e ideológicas en todos y cada uno de los marcos de debate y confrontación que necesita desarrollar en su estrategia política.

En lo que se refiere al Estado español hay que recordar que EH Bildu mantiene abierto un pulso con el Estado en torno a los tres grandes ámbitos de interpelación que planteamos en el propio debate de investidura: política social, política penitenciaria y políticas de solución democrática a los problemas nacionales.

Hemos alcanzado acuerdos en materia social (reforma laboral, que hay que hacer cumplir), en materia de política penitenciaria se han dado pasos (que hay que intensificar) y con respecto al problema nacional, entramos en una fase en la que la constitución de la Mesa de Negociación de Catalunya con el Gobierno incorpora a la agenda política el debate sobre el modelo territorial y de confrontación de modelos que desarrollamos con diferentes intensidades y grados en la CAV, Nafarroa y Madrid.

Podemos afirmar que transcurridas ya muchas décadas desde que nuestro pueblo dijo no a la Constitución Española, el debate político en el Estado español se sitúa hoy en parámetros similares a los que se desarrollaron en el periodo constituyente: autodeterminación, libertad de presos políticos y modelo social. Y han sido el independentismo vasco y el catalán los que han propiciado fundamentalmente que el debate vuelva a situarse en el terreno de la superación de los candados que la Transición y su Constitución quisieron colocar a las viejas naciones sin Estado como la nuestra.

El debate sobre la vertebración territorial (el problema nacional) va a ocupar un espacio central en los próximos años. Necesitamos ser conscientes del momento histórico que vivimos y de la necesidad de recuperar todo el vigor y la fortaleza del independentismo de izquierda en la movilización social.

Además, la hipotética superación de la pandemia nos ofrece la posibilidad de ofertar un espacio para el reencuentro de nuestra base social, que no debemos de minusvalorar en términos humanos y políticos.

Que los acuerdos en materia social se cumplan (reforma laboral), que se intensifique la política penitenciaria de carácter ordinario o que nuestro pueblo libre un pulso en condiciones para tratar de que se produzcan avances cualitativos en materia de derechos nacionales no va a depender en exclusiva de nuestra labor institucional o de los acuerdos que vayamos alcanzando en las instituciones. Ocupar la calle, ocupar el espacio popular, volver a demostrar la capacidad de convocatoria y la fortaleza movilizadora del independentismo vasco y de izquierda es estratégico para hacer frente con garantías a los retos que se nos avecinan. Hemos generado las condiciones para avanzar, necesitamos todos nuestros instrumentos activos para materializar esas condiciones en avances para nuestro pueblo.

El 20 de noviembre no es una fecha cualquiera. Y nuestra movilización del 20-N no es un manifestación más. El 20-N es el día que murió Franco, pero seguimos viendo el franquismo cómodamente instalado en los aparatos de poder del Estado. Aquel 20 de noviembre vimos cómo los hasta entonces pilares imprescindibles del régimen se convirtieron en demócratas de toda la vida, dispuestos a emprender una reforma que había quedado «atada y bien atada». Asesinaron a Santi y Josu al amparo de un terrorismo de Estado que decenas de años después no tienen el coraje de reconocer. La autodeterminación, la igualdad social, la vuelta a casa de las y los presos (en aplicación de la legislación penitenciaria ordinaria) siguen siendo reivindicaciones de amplios sectores de la ciudadanía igual que lo eran también de Santi y Josu, señal de una transición, dicen que democrática, mal cerrada. Lo de Bilbao será también memoria y futuro. Porque luchar por el futuro es el ejercicio de memoria más sólido.

La marcha del 20-N será una demostración de compromiso individual y colectivo. El compromiso es uno de los principales valores enraizados en nuestra comunidad. Gracias a ello hemos hecho el recorrido hasta aquí y así va a ser hasta lograr una Euskal Herria de libres e iguales. Cuando nos están diciendo que el independentismo está débil, nos toca decir que están equivocados, muy equivocados. Tenemos que hacer ver que estamos fuertes, también en las calles, que los símbolos de la igualdad social están en lo más alto, como los de la convivencia, el antifascismo, la paz y la vuelta a casa de las y los presos, que, en definitiva, hay un pueblo que va a recorrer el camino de la soberanía

El 20-N empezamos a reencontrarnos con nuestro pulso popular, el 20-N incorporamos la movilización masiva como instrumento de lucha política e ideológica, el 20-N hacemos nuestra estrategia más eficaz.

Por nuestra soberanía, por el reparto equitativo de la riqueza y por la libertad de los presos. Hay que demostrar nuestra fortaleza llenando las calles de Bilbao.

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