Asier Fernández de Truchuelo Ortiz de Larrea

El hogar vasco/Euskal etxea

Con el surgimiento de los nacionalismos en la época moderna, el concepto de pueblo se puede definir como un conjunto de personas que comparten un devenir histórico (una memoria colectiva que se concreta a partir de rasgos del pasado), una lengua (no siempre), una cultura material e inmaterial en común y un territorio (pudiendo darse el caso de no poseerlo) o incluso una religión.

Por otra parte, un Estado siempre será una organización política soberana, con una población (ciudadanía con orígenes comunes o no), un territorio definido y unas instituciones burocráticas propias e independientes.

Es importante entender y saber diferenciar un pueblo, nación o grupo étnico de lo que es un Estado. Pese a ser conceptos que a veces se confunden, no son lo mismo. Puede haber estados étnicos donde la inmensa mayoría de sus ciudadanos se identifican con un pueblo o nación y estados plurinacionales con diferentes grupos humanos compartiendo el mismo territorio y unas leyes comunes.

Como ejemplo contrapuesto; el marxismo trata de construir una identidad basada en la clase social, por ello, es un movimiento internacionalista −proletarios del mundo uníos− en contraposición al nacionalismo, el cual, promueve la hermandad entre aquellos sujetos que comparten una serie de rasgos, que ya definimos, y son independientes a su clase social.

No obstante, la internacionalista revolución soviética ante la invasión Alemana en la II Guerra Mundial no dudó en avivar el sentimiento nacionalista para enaltecer el espíritu de las masas en defensa de la Patria. La llamaron la Gran Guerra Patria en recuerdo y contraposición de la Guerra Patria contra los imperialistas franceses comandados por Napoleón.

Cuando mencionamos al pueblo de Dios −en referencia a la comunidad cristiana internacional− o a la nación del islam, nos referimos a unas comunidades religiosas cuyos integrantes están hermanados en la fe, pero que en un principio y pese a ello no conforman un grupo étnico.

Llegados a este punto deberíamos de matizar, tanto el cristianismo como el islam en sus diferentes corrientes son o han sido proselitistas y realizan un proceso de homogeneización y aculturización que en el caso del islam llega a su máxima expresión, me atrevería a definirla como una religión imperialista.

Mientras que la Biblia −libro sagrado de los cristianos− no deja de ser una guía moral. El Corán, que también lo es, va más allá: codificando específicamente la conducta y rigiendo todos los aspectos de la vida.

Generalmente, allí donde se impone, se produce una sustitución paulatina de las lenguas vernáculas por la lengua del Corán −el árabe−. Por la propia genética de dicha religión termina imponiendo sus reglas de convivencia a través de la sharía o ley islámica (el derecho islámico) y que en muchas ocasiones difiere y choca con las de nuestras leyes y tradiciones.

Dentro de los nacionalismos de corte religioso se encuentra el judío, que, partiendo de realidades socioculturales y étnicas muy diferentes, ha sido capaz de estructurar, a partir del nacionalismo sionista y la religión, una identidad nacional propia y específica. Llegando a ser ellos mismos los que escriben su propio relato histórico nacional.

Para poder avanzar en la construcción nacional tuvieron que adoptar ciertas medidas extremas, incluso traumáticas.

Minimizaron a los diferentes grupos de judíos, tanto laicos, importante recordar a aquellos judíos del Imperio Ruso integrantes del Bund, como religiosos, askhenazís, sefarditas, mizrajíes, beta Israel... y sus respectivas tradiciones e idiomas −Persa, Yiddish, Ladino (judeo español), árabe...−, para otorgarles una nueva conciencia y crear una nueva nación o identidad judía.

Los padres del Sionismo tuvieron la visión de dotarse de una lengua nacional, el hebreo (reconstruido a partir de una lengua muerta de uso litúrgico), un territorio irredento (Eretz Israel), una tradición histórica secular a partir de las antiguas escrituras religiosas y los diferentes sucesos acaecidos durante los, dudosos (parece ser que hubo un proselitismo histórico en Yémen, Egipto... Kanato Jázaro), largos siglos de diáspora.

Sin la creación del polémico hogar judío, plasmado en el plurinacional Estado Israelí (con alrededor de un 20% de ciudadanos de origen árabe palestino), ¿Qué hubiera sido del pueblo elegido?

Con la llegada de la ilustración (s. XVIII) y surgimiento de los movimientos nacionalistas (s. XIX) se empezó a dar un proceso de secularización, perdiéndose esa conexión espiritual con el resto de creyentes, dando inicio a una descomposición como grupo étnico religioso.

El siglo XX fue devastador, se les negó la entrada en las diferentes naciones que iban surgiendo, ello llevó a que muchos de ellos abrazaran el socialismo internacionalista. Pese a ello, y a pesar de que muchos de ellos se había secularizado y la cuestión religiosa se limitaba al ámbito intrafamiliar, fueron sistemáticamente exterminados.

¿Qué será del pueblo vasco a falta de un Estado propio?

Con la realidad actual el proceso de asimilación avanza sin remisión, sin la capacidad para legislar y poder defender nuestros intereses nacionales (lengua, territorio, políticas económicas, sociales, educativas, migratorias) estamos abocados a desaparecer.

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