Militante de la izquierda abertzale
El proceso somos nosotros

Etxeberria hace un llamamiento a gestionar «con inteligencia y fluidez» el momento político, para no dar opción a frustraciones ni apatías. Considera que este pueblo lleva demasiado tiempo pendiente de Madrid, que no va a facilitar, apostilla, ningún escenario de solución, y aboga por obligarle a ello, haciéndole insoportable su inmovilismo.

2013/08/15

Si bien es importante cómo empieza todo, lo fundamental es cómo acaba. Y no solo por lo que significa de haber alcanzado o no los objetivos establecidos al inicio del camino, sino también porque el sabor que nos deje el final será lo que se proyecte al futuro, pudiendo incluso condicionar la mirada sobre lo que tenemos por delante o lo que queda atrás. Por eso es tan importante en todo proceso politico de caracter histórico, como el que vivimos actualmente en Euskal Herria, diseñar correctamente desde el inicio hasta el final cada movimiento, para que además de materializar el objetivo marcado también quede sentada la conclusión pretendida; la instantánea y el escenario que resulte para adelante.


El tiempo va pasando sobre Euskal Herria y sus ciudadanos, mientras nos encontramos en un momento de transición política que debemos de gestionar con inteligencia y fluidez, para que no se colapse indefinidamente ni se convierta en un caldo de cultivo de fustración, que conduzca a la apatía y al abandono o la impotencia frente a unas circunstancias que parecen inamovibles.
En política, la oportunidad es un factor fundamental para alcanzar posiciones de ventaja, para generar condiciones que faciliten la consecución de los objetivos. Es una búsqueda dinámica que no puede quedarse bloqueada cada vez que el enemigo no entre en los planes que teníamos diseñados. De lo contrario, la ventaja siempre estaría en la otra parte y sería imposible alcanzar ningún objetivo, porque la llave de los avances y retrocesos estaría siempre en manos del enemigo. El equilibrio del fango nunca favorece a quienes luchan por cambiar el orden de lo establecido.


Creo que llevamos ya más tiempo del debido pendientes de las actitudes de Gobierno Español, con la mirada en Madrid y demasiado atentos a las lecturas políticas que de allí emanan. Siempre es imprescindible a la hora de trazar una táctica, una estrategia y observar y estudiar lo que hacen ellos, y evaluar y analizar correctamente las situaciones. Pero lo que es un ejercicio insoslayable para diseñar un camino correcto se puede convertir en un lastre si nos quedamos trabados en esa labor. Y creo que es lo que nos está comenzando a suceder. Por la parte española ha quedado suficientemente clara cual es su actitud y su propósito. Han tenido tiempo más que suficiente para rectificar y reconducir la situación en relación al proceso político de Euskal Herria. No lo han hecho. Y no solo eso sino que todas las señales que mandan son retrógrados, reaccionarios, intolerantes. No muestran ni un ápice de intención de afrontar de manera responsable un proceso integral de resolución de conflicto.


Por si todo esto fuera poco, el Estado español está en una situación general de putrefacción cuyo tufo es perceptible desde todos los lugares del planeta.


¿Alguien cree razonable, presumible pensar que es posible la democratización del Estado español y que este reconozca el derecho a decidir? ¿Con este PP? ¿Con este PSOE?. Parece bastante evidente que no.


En el tiempo transcurrido desde el cambio de ciclo histórico, el Estado español a través de sus gestores ha dejado claro que su estrategía es la simple negación de la existencia de un proceso político. Para ellos no ha habido conflicto, luego no hay proceso ni necesidad alguna de alcanzar espacios de bilateralidad. Así que no facilitarán ningún escenario de resolución ni, en consecuencia, agenda democrática alguna. Carecen de la mas mínima voluntad para llegar a acuerdos que traigan la solución al contencioso, porque para ellos cualquier solución será necesariamente negativa al cuestionar el fundamento de su concepto de España. Solución es para ellos sinónimo de problemas politicos; cualquier avance en la resolución lo identifican como cesión, como alimento para la ruptura de España. Su pretensión es mantener la situación tal y como esta, de ahí que se opongan a la búsqueda de acuerdos para la resolución, y que en lugar de facilitar caminos de avance se afanen en dinamitar puentes y embarrar el escenario todo lo posible.


A los ojos del Gobierno y del Estado, cualquier paso hacía una resolución integral del conflicto es un avance en el sentido de la secesión. Y como, evidentemente, ni están por esa labor y carecen del imprescindible sentido democrático, cierran el camino a cualquier iniciativa cuyo objetivo sea dar una solución al contencioso.


Frente a semejante exponente de irresponsabildad e indolencia antidemocrática, no queda más opción que oponerle una relación de fuerzas determinante que les fuerce a moverse aun en contra de su voluntad, que ya hemos comprobado que no la tienen.


Y es que anclarnos en un esquema de aguardar al momento de la bilateralidad nos puede llevar al colapso político, ya que la espera de ese momento –al que se niegan– condicionaría el escenario político, y los movimientos a realizar. Sería un error estrátegico colocar todas las baterias dirigidas a ese espacio de bilateralidad, porque la falta de iniciativa fortalece a quienes buscan que el proceso no avance y debilita la posición política de la izquierda abertzale.


No obstante, y a pesar de todo lo dicho anteriormente, que en la actualidad no parezca haber condiciones favorables para alcanzar acuerdos ni para un espacio de bilateralidad no significa que no haya que trabajar en el sentido de la busqueda de acuerdos o que haya que negarse a ello. No es así. También hay que perseverar en ello, pero teniendo bien claro a qué juega el Estado y que no hay otra formula para avanzar que generar condiciones en las que se vean obligados a dar pasos, a tener que hablar. Lo dicho no significa, pues, abandonar la linea de diálogo y el acuerdo porque, además, en el actual proceso político cada agente tiene su papel y una función que cumplir.


La cuestion es que no podemos olvidar que en lo que estamos es un proceso democrático, por lo cual los planteamientos deben de hacerse desde un punto de vista amplio, netamente popular, alimentándolos desde la interacción de todos los sectores hacia la resolución del conflicto politico, tal y como se recogió en el “Euskal Herria Zutik”.


Si el Gobierno se niega a moverse en sentido positivo no hay otra fórmula que obligarles a hacerlo, convirtiéndoles en insoportable un escenario de negación e inmovilismo, cerrándoles el espacio politico todo lo que seamos capaces para no dejarles más alternativa que la implicación directa y responsable en un proceso integral de resolucion del conflicto en el que cada agente pueda actuar en el sector que le corresponde y que con el diálogo y el acuerdo resolvamos definitivamente este contencioso histórico.


Los movimientos unilaterales no son en sí mismos determinantes, porque ha quedado probado que el Estado se puede plantar en su posición y que no traen necesariamente un cambio de escenario a no ser que esas iniciativas formen parte de una estrategía por nuestra parte. Entre otras cosas, activando lo acumulado. Así, los pasos que demos serán determinantes si los damos en el marco de un diseño general, configurando un proceso popular y en la medida en que seamos capaces de mover a los estados. Porque si la izquierda abertzale es el motor del proceso, el Pueblo Vasco es el propio proceso.


No hay fórmula mágica para superar las infames barreras del Estado y sacar adelante como es debido este proceso político en el que estamos inmersos y comprometidos. La clave para mover el suelo a sus pies está en agrupar fuerzas y formar una gran mayoría social, activarla con decisión, generar presión por todos los ángulos posibles para reventar la intolerancia, y sobre todo, mucho trabajo y una total inmersión en nuestro Pueblo.

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