Ali Salem Iselmu
Periodista y escritor saharaui

El Sahara Occidental: la ONU y la brecha ilegal del Guerguerat

Las mujeres saharauis refugiadas que han bloqueado la brecha ilegal del Guerguerat, han proseguido con su andadura hasta el océano de su tierra y han abrazado sus olas. Ellas luchan para vivir libres como lo hicieron sus antepasados.

Con el cierre de la brecha ilegal del Guerguerat en el sur del Sahara Occidental, Marruecos y la misión observadora de la ONU han quedado paralizados ante este nuevo desafío de la sociedad civil saharaui. Es el pueblo saharaui refugiado y exiliado quién presiona para acabar con el paso ilegal de personas y mercancías que ha aprovechado el ocupante marroquí con la connivencia de las patrullas de la Minurso, incapaces de vigilar los derechos humanos en el territorio saharaui. La otra cara de esta realidad es la del personal de Naciones Unidas desplazado allí, protegiendo el paso de los camiones marroquíes, cargados de los recursos naturales de un territorio no autónomo pendiente de descolonización.

En el año 2017 Marruecos intentó asfaltar la carretera de tierra que penetra en territorio de Mauritania pasando por el Guerguerat en el Sahara Occidental. El ejército saharaui paralizó el asfaltado y el Frente Polisario denunció la violación del acuerdo militar número uno que marca una zona de cinco kilómetros que separa entre los dos ejércitos.

Expuestos estos hechos junto a las resoluciones del Consejo de Seguridad y la postura del llamado grupo de Amigos del Sahara en el propio Consejo, queda claro el futuro de este conflicto, la prolongación indefinida del estatus quo y el mantenimiento de la ocupación militar del Sahara Occidental por parte de Marruecos.

Parece que las potencias mundiales se han puesto deacuerdo para conspirar contra el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, otorgando a la misión de la ONU un papel inexistente sobre el terreno. Mientras Marruecos en una nueva deriva, abre consulados en las ciudades del Aaiún y Dajla a varios países africanos y algún país árabe.

Todos estos hechos no son objeto de deliberación en las resoluciones anuales que aprueba la ONU con la renovación de su mandato en el Sahara Occidental. Parece ser que el propio Consejo de Seguridad se siente satisfecho desde la lejana ciudad de Nueva York. El rey de Marruecos Mohamed Sexto lo alaba en su último discurso y reconoce la credibilidad de su misión.

Los saharauis han conocido la guerra, la paz, el refugio y el exilio. Divididos desde 1975 geográfica y humanamente, han dejado hace tiempo de creer en las Naciones Unidas y saben que sólo de ellos depende el destino del Sahara Occidental. Dejar el derecho a la libre autodeterminación en manos de un grupo de países, es admitir la imposibilidad de ejercerlo alguna vez.

Ha llegado la hora de que el Consejo de Seguridad proclame su fracaso desde que se pronunció en 1975, cuando estaba España y Kurt Waldheim, hasta los tiempos actuales, de Marruecos y Antonio Guterres. Los saharauis no son marroquíes y jamás aceptarán vivir bajo una ocupación militar, rodeados de miles y miles de colonos. Si en el pasado dieron muchas vidas por esta tierra, el presente y el futuro augura más de lo mismo.

Una estrategia diseñada con el objetivo de hacer que prescriba la ocupación ilegal del Sahara Occidental en cada resolución de la ONU, es de facto aceptar el lenguaje de la fuerza al lenguaje del derecho internacional, es destruir las urnas a cambio de imponer una solución por agotamiento. Las mujeres saharauis refugiadas que han bloqueado la brecha ilegal del Guerguerat, han proseguido con su andadura hasta el océano de su tierra y han abrazado sus olas. Ellas luchan para vivir libres como lo hicieron sus antepasados. Saben que hay una nueva generación en el exilio, otra ha dado su vida para ver el fin de la ocupación. La mediación pacífica está rota hace tiempo, Marruecos lo sabe, la República Saharaui también. Un nuevo enfrentamiento se acerca en esta parte del mundo. Un viejo conflicto que nunca terminó, subyace en el interior de una región que vive la amenaza de las guerras de Mali y Libia. Corresponde ahora agitar este tablero geoestratégico que la ONU liquidó desde el inicio con su triste desidia.

Los saharauis saben que el derecho está de su lado y la injusticia se perpetúa, de ellos dependerá el futuro de este conflicto. Intentar ignorarlos en cada negociación es empujarlos hacia una guerra que conocen bien Marruecos y sus aliados.

El futuro será de quién persevere hasta el final, los saharauis tienen la paciencia de los nómadas y la virtud de los oteadores.

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