Eduardo Ruiz Vieytez
Catedrático de la Universidad de Deusto

Elecciones generales o la venganza de ROS

En la política canadiense suele usarse la expresión ROC (Rest of Canada) cuando se hace referencia al Canadá no quebequés o cuando se quiere comparar Quebec por un lado y el resto del país de mayoría anglófona por el otro. Inspirado en ello, cuando me toca escribir, explicar o comentar la política vasca o española en contextos extranjeros, utilizo la expresión ROS (Rest of Spain) para referirme a la parte del Estado español que no corresponde a las naciones vasca y catalana. Lo hago sobre todo cuando se trata de explicar y probar que este Estado está conformado por tres realidades nacionales y políticas mucho más diferentes y divergentes de lo que a primera vista podría parecer. 

Las del 29 de noviembre serán las decimoséptimas elecciones a Cortes Generales desde junio de 1977. Dieciséis resultados electorales producidos todos ellos por un inalterado sistema electoral (por cierto, decidido antes de que existiera la Constitución del 78), constituyen una muestra más que suficiente para comprobar hipótesis sobre los efectos del sistema electoral o sobre el comportamiento del electorado. 

En relación con esto último, hace mucho tiempo que se puede constatar la realidad plurinacional del Estado en el diferente comportamiento electoral de las sociedades vasca, catalana y española. La hipótesis es que en el Estado español existen tres sujetos políticos que se reafirman en cada proceso electoral, con dinámicas y posicionamientos muy diferenciados, sobre todo en los últimos 20 años, lo que además demuestra que caminan por senderos divergentes con el paso del tiempo. Esta misma dinámica la podremos comprobar con toda seguridad el próximo 29 de noviembre. 

Que existen tres sujetos diferentes en el mapa estatal se puede probar a través de numerosos datos electorales. Aquí solo podemos incluir unos pocos, pero tomemos como referencia las últimas elecciones generales de julio de 2023. Como el lector sabe, han dado lugar a una peculiar legislatura en la que España ha estado gobernada por un gobierno de coalición de fuerzas progresistas, respaldado a su vez por apoyos parlamentarios de las formaciones soberanistas vascas y catalanas, y frente a una indignada y bronca oposición liderada por el bloque del PP y Vox. Este inusual resultado fue producto de una extraña combinación electoral de los tres sujetos políticos. Si nos fijamos solamente en ROS, comprobaremos que el bloque político formado por PP y Vox ya tenía una clara mayoría absoluta en dicho territorio, tanto en votos como, sobre todo, en escaños. Una mayoría aplastante y más que suficiente para gobernar con tranquilidad. Sin embargo, esta voluntad clara y rotunda de ROS se vio truncada porque catalanes y vascos votaron de una manera muy diferente. En Cataluña fue el bloque de la izquierda estatal (PSC y Sumar/Comuns) el que obtuvo la mayoría absoluta de escaños y prácticamente de los votos (49%), mientras que en Euskadi Sur fue el bloque de las candidaturas soberanistas (EH Bildu y PNV) el que obtuvo casi exactamente esa misma mayoría. Tres sujetos, tres mayorías absolutas de bloques muy diferentes. No es la primera vez que ello se produce y todo indica que en estas elecciones la dinámica se repetirá y se acentuará. 

Analizando los resultados del año 2023, podremos confirmar con más datos estas tres dinámicas. De las diecinueve comunidades y ciudades autónomas del Estado, solo hay tres en las que la suma de los dos grandes partidos españoles (PP y PSOE) no supere el 50% del voto: la vasca, la navarra y la catalana. Por su parte, la suma del PP y Vox ya daba en 2023 cifras superiores al 50% de los votos en casi todas las comunidades autónomas. Este bloque solo dejaba de tener una mayoría aplastante en Canarias con un 38% y en Navarra con un 37% (sumando en dicho bloque los resultados de UPN), y se desplomaba de modo solemne en Cataluña con un 21%, en Navarra (si excluimos a UPN) con un 22% y, sobre todo, en la CAPV donde solo llegaba a un exiguo 14%. 

La divergencia entre las naciones que conforman el Estado se demuestra también con el más fácil recurso a los partidos ganadores en cada circunscripción. En 2023 el PP fue el partido ganador en 40 de las 52 circunscripciones electorales al Congreso. Le faltaron solo 12 y entre ellas, qué casualidad, todas y cada una de las circunscripciones catalanas y vascas. De hecho, si fuera por ROS, España ya habría tenido tres años de gobiernos del bloque PP-Vox. Su mayoría en votos fue del 53% y en escaños del 56%. Más allá de Cataluña y la CAPV, el bloque PP-Vox ya era hace tres años, con mucha distancia, la opción preferida de gobierno, pero resultó que el voto diferente de las naciones minoritarias fue suficiente para, in extremis, neutralizar esa amplia victoria en ROS. Algo así como que los españoles han tenido estos tres años y medio el gobierno que, al parecer, solo querían los catalanes y que los vascos, sin quererlo, preferían antes que el que deseaban en ROS. 

El próximo 29 de noviembre, el juego de los tres sujetos no será tan equilibrado como para provocar otra situación parecida. Han sido tres años y medios de enfado generalizado en ROS porque en realidad allí votaron claramente una cosa y obtuvieron otra. Si a eso le añadimos que el bloque perdedor en ROS solo ha podido gobernar pactando dificultosamente con los que no son de ROS y ni siquiera se reconocen de España, pues apaga y vámonos. El día 29 ROS marcará la pauta y lo que allí se decida será seguramente mucho más contundente y abrumador que en 2023 como para superar por número lo que los otros dos sujetos políticos juntos puedan decidir. 

Nada de esto es una llamada al pesimismo, ni a la abstención, ni siquiera a la movilización electoral en uno u otro sentido. Pero sí es una prueba, forzosamente resumida, de que en el Estado español existen tres sujetos políticos con comportamientos electorales diferentes y divergentes. Lo llevamos viendo muchos años, al menos desde las elecciones generales de 2008 que reprodujeron el mismo esquema. No se sorprenda el lector si alguno de los grandes partidos tiene un comportamiento a la baja en ROS y al alza en Euskadi y Cataluña porque ello será una nueva prueba de que la hipótesis aquí formulada es correcta. 

En realidad, todo esto es la constatación desde un punto de vista estrictamente democrático del carácter plurinacional del Estado español. Desgraciadamente no podemos sumar a Galicia al listado, no por falta de empatía, sino porque sencillamente los datos no lo avalan. Pero las evidencias empíricas son contundentes y tozudas. Más aún, son divergentes. Desde el cambio de siglo, el apoyo a mayores cuotas de autogobierno es claramente divergente entre los electorados de Cataluña y Euskadi, por un lado y ROS por el otro, como se puede también comprobar en los estudios sociológicos. 

Guste o disguste, el Estado español no es uninacional y ningún analista riguroso puede negar las evidencias empíricas que persistentemente lo demuestran. Al contrario, los datos electorales, que en democracia son los más contundentes que existen, avalan la existencia de sujetos políticos diferentes en Cataluña y Euskadi, conformando así un Estado plural, pero muy asimétrico, que el sujeto mayoritario o ROS se niega a reconocer. Nada nuevo en realidad porque llevamos así desde, por lo menos, 1978. El problema es que esta negación es cada vez más fuerte y descarada porque, y perdón por la insistencia, las dinámicas de las tres naciones no solo son diferentes, sino también divergentes. Quedan solo seis semanas para volverlo a comprobar. 

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