Laura Sancho y Pedro Espinosa
Miembros de Proiektu honi ez!

Elon Musk en Araba

El anuncio hecho el pasado 16 de enero en el BOPV por parte del director de Descarbonización, Guillermo Allende, donde se daba cuenta de diecinueve nuevos proyectos de centrales de Solaria en Araba, ha vuelto a sembrar la inquietud y zozobra en nuestro territorio. Los beneficios de la supuesta transición energética que supondría macizar el territorio de centrales tenía que ver con también la supuesta descarbonización de la economía y con ello la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero. La «decidida» apuesta de las instituciones para conseguir que nuestra economía se basara en actividades «más respetuosas con el medio ambiente» era la razón para que asumiéramos sacrificios a nivel de territorio en beneficio del interés general.

Sin embargo, el comportamiento de la industria del automóvil ha hecho que se abandone la gran apuesta de la electrificación del sector y se vuelva al refugio del combustible fósil. Parece que no es tan relevante la descarbonización, ni tan urgente la «transición energética», por lo menos mientras esta no sea rentable.

Ahora los argumentos que se utilizan para implantar estas centrales no tienen que ver con el interés general de una economía menos agresiva con el entorno, sino razones de tipo geopolítico y la necesidad de ser una sociedad autoabastecida en términos de consumo energético. Parece una razón plausible, eso sí, quizás menos ambiciosa que la de hacer que nuestras actividades económicas sean respetuosas con el medio ambiente, pero, al fin y al cabo, la economía lo exige.
Por tanto, la razón de peso esgrimida por las instituciones es que debemos aceptar que progresivamente veamos mutar el territorio y ver cómo aquellas áreas dedicadas a la agricultura o ganadería sean ahora espacios ocupados por centrales o que los cordales y montañas sean ocupados por infraestructuras industriales.

El despliegue de estas centrales, de acuerdo a este nuevo criterio de autoabastecimiento y «soberanía», debiera considerar, de inicio, cómo hacer que este consumo se vea progresivamente reducido y por tanto hacernos menos dependientes, ya no tanto de su generación sino de su propio consumo. Sin embargo, la evidencia es otra. El diputado general apuesta, también en este caso de forma «decidida», para que se asienten en nuestro territorio empresas electrointensivas, como son los centros de datos, que incrementarían el consumo de energía de forma exponencial, multiplicando por dos el actual consumo de energía en Araba. No parece muy coherente apelar al autoabastecimiento como razón de base para desplegar centrales y, simultáneamente, apostar por actividades económicas que provoquen mayor dependencia energética. Como tampoco lo es apostar por actividades económicas que son responsables de una importante emisión de gases de efecto invernadero, como es la logística, y a la vez insistir en la necesidad de descarbonizar la economía.

En fin, son pequeños contrasentidos que unidos a los «negocietes» que parece que tienen montados en el PNV con empresas como Solaria o Forestalia, lo que nos hace sospechar que el interés general no es la razón principal en torno a la que se toman estas decisiones.

La explicación parece que, en este caso, puede que la haya dado en la reciente reunión de Davos uno de los gurús de la economía globalizada, Elon Musk, personaje de una sutileza y sensibilidad abrumadora. Según Elon, la solución pasa ineludiblemente por hacer que aquellos territorios poco densamente poblados sean ocupados por centrales energéticas. Eso solucionaría el problema y no la reducción de los consumos energéticos, así de sencillo.

Pues bien, de eso se trata, existe un único proyecto de central energética, no 19 o 89, es todo el territorio. Se trata de naturalizar el proceso de ocupar el territorio menos poblado de la CAV con centrales de energía, no para descarbonizar nada, no para alcanzar el autoabastecimiento o la tan cacareada «soberanía» y «transición ecosocial» u otros neologismos inventados para calmar la mala conciencia. Sencillamente, se trata de alimentar la bicha del turbocapitalismo que deja por el camino a todo aquello, territorios y personas, que no es capaz de asumir el nuevo orden y adaptarse a él.

Por eso, desde Arratzua-Ubarrundia, municipio amenazado desde hace cinco años con una macrocentral fotovoltáica, Vitoria-Solar 1, gemela de Vitoria-Solar 2, volvemos a denunciar este fraude propiciado por las instituciones y, en especial, por la DFA. Exigimos que se respete el interés general y no el de las grandes empresas, que no se margine la actividad del sector primario, a la que se pretende abocar a su extinción debilitando la posible soberanía alimentaria, esta sí, posible. En definitiva, que no nos tomen el pelo. Es insultante la chulería con la que actúan estas empresas y la sumisión de nuestras instituciones.

En este momento se necesita una respuesta conjunta y solidaria del territorio, desde Labratza a Zigoitia, desde Margarita a Aramaixo o desde Durana a Ribera Baja. No se trata de una central que amenaza mi pueblo, se trata de la historia de una colonización global presentada por fascículos.

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