En busca del talón de Aquiles jeltzale: una hipótesis

Identificarse con las mayorías sociales, escucharlas, hablar de lo que les importa, ofrecerles soluciones, primar su agenda, para que a su vez esas mayorías se identifiquen con la alternativa, es, en definitiva, la fórmula para desplazar al PNV de la centralidad

2019/06/03

Dijo Gary Lineker tras la victoria alemana del mundial de Italia 1990, que «el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania». Bien se podría adecuar la frase al contexto electoral de Bilbao y su entorno, y decir que el sistema electoral de Bilbao es uno en el que se presentan distintos partidos políticos y siempre gana en PNV. El PNV cumplirá en Bilbo 44 años seguidos de victoria y gobierno en el próximo 2023, donde se celebran nuevos comicios municipales y forales.

Dar con la tecla, saber por que sucede esto, es el ejercicio del millón de euros. Se debe a elementos multifactoriales, es muy complejo, pero es un ejercicio indispensable si se quiere alterar esta sempiterna correlación de fuerzas. Los siguientes párrafos, serán un intento de dar explicación a este fenómeno, así como de ofrecer pistas para superarlo.

Soy de quienes piensan que el PNV está demasiado vinculado a los poderes económicos del país, a las patronales, y más concretamente a determinadas multinacionales, en cuyos consejos de administración tiene colocados a miembros destacados, como Josu Jon Imaz de consejero delegado en Repsol, o el extesorero jeltzale de Bizkaia Xabier Sagredo en Iberdrola. En este sentido, Iberdrola es quien más gráficamente explica la obediencia de los partidos a las élites económicas: tanto PNV, como PSOE y PP, tienen miembros en su consejo de administración. Es por ello, por lo que la metáfora del partido de Iberdrola, sirve para explicar cómo la citada terna rema siempre en el mismo sentido cuando se trata de los intereses de las grandes empresas.

En cualquier caso, y teniendo claro para quien trabaja fundamentalmente el PNV, sería un error etiquetarlo como «partido de derechas», al menos, haciéndolo con finalidad comunicativa. Aquí podemos extraer la primera lección que nos brinda. El PNV es el partido del país, el partido de la gente, y para eso, ha aprendido la lección fundamental: huye de etiquetas. No se define bajo ninguna etiqueta. No se declara de derechas, ni de izquierdas, ni de centro. Ni socialista, ni socialdemócrata, ni liberal, ni centrista, ni independentista, ni autonomista… Ningún «ismo» definirá al PNV. Las etiquetas son elementos simbólicos de articulación de identidades, y las identidades se construyen en contraposición a otras: separan unas personas de otras. El partido jeltzale no quiere ningún elemento identitario que favorezca la disgregación de su target electoral, que es el conjunto de la población. El país.

Ese discurso y orientación es la base de su hegemonía electoral y social en el Área Metropolitana de Bilbao. No solo por transmitir el ser partido de país. También por tratar de acercarse a él. Es quien mayores esfuerzos demoscópicos hace para conocer las opiniones, valores y necesidades de las gentes, y así, poder dar una respuesta discursiva a estas. Escucha a la gente, y trata de hablarle de lo que le interesa. De esta manera consigue ser el partido que más se parece al país, el partido más heterogéneo en relación a la composición de clase. Tal es así, que lidera junto con el PSE, superándolo incluso, el voto pobre o de renta baja. Como muestra un botón: analicemos el voto de los barrios de Bilbo.

Tomando como base los datos de Eustat de 2016, podemos relacionar las variables de renta disponible per cápita inferior a los 11.000 euros y su voto en las últimas municipales de los barrios que cumplen esos requisitos.

En Iturrigorri-Peñascal, con una renta de 9.493 euros, el PNV gana holgadamente, 224 votos, frente a los 179 del PSE, segunda fuerza. La suma de EH Bildu y Elkarrekin Podemos -EP en lo sucesivo- y Goazen, alcanza 163, lejos de PSE y mucho más lejos del PNV, y representando únicamente un 26,76% del voto. El siguiente barrio en relación a la renta disponible es Otxarkoaga, con 10.247 euros. Victoria muy ajustada del PSE, 963, frente a los 957 del PNV. La suma de EHB, EP y Goazen -G- es de 956 votos, el 30,45% del total. En Uretamendi, con una renta de 10.475 euros, el comportamiento electoral es similar. 275 votos del PNV, 225 el PSE, mientras que la suma de las tres formaciones de no obediencia oligárquica se sitúa en 242. En este caso la suma es del 29,87%.

Hemos analizado los tres barrios de Bilbo de menor renta disponible, los inferiores a los 11.000 euros, muy lejos de la renta media disponible, que se situó en los 16.976 euros. Analicemos el comportamiento electoral de los barrios con rentas ligeramente superiores a la media: Los que se sitúan entre los 18.500 y 18.700 euros.

El primero de la serie es Alde Zaharra, con 18.546 euros de renta disponible. El PNV se impone, 1.558 votos, por la mínima, a EHBildu, que obtiene 1.477, mientras que la tercera fuerza es EP con 701 votos. En este barrio, la tríada antioligárquica obtiene el 48,46% del total de sufragios. El siguiente barrio en renta en sentido ascendente, San Pedro de Deustu, con 18.634 euros, presenta una holgada victoria del PNV, 5.462 votos, mientras que la segunda fuerza vuelve a ser EH Bildu con 1.788 votos. Las tres formaciones emancipadoras suman el 25, 74%. El tercer barrio en esa franja es Basurtu, con 18.695 euros de renta. El PNV se vuelve a imponer, con 3.691 votos, siguiéndole el PSE a mucha distancia, 1.194. En este caso la suma de las tres formaciones alternativas supone el 19,92% del total.

Por encima de estos barrios y como único de 20.000 euros de renta, encontramos el reciente barrio de Miribilla -20.813 euros-. En él, vuelve a ganar el PNV, 2032 votos, seguido de EH Bildu, con 815. La suma de Bildu, Podemos y Goazen alcanza el 31,61% del total.

Por último, analizamos Indautxu y Abando, las entidades con renta media disponible superior a los 26.000 euros. En Indautxu, 26.545 euros, arrasa el PNV, con 7.513 votos, frente a los 2.742 del PP que es segunda fuerza. Los tres partidos más situados a la izquierda suman exáctamente el 14%. Los resultados de Abando, 26.837, no difieren en exceso. El PNV obtiene 6.171 votos, repitiendo el PP la segunda posición, con 2.299. El porcentaje de EHB, EP y G es de 16,14%.

Obviamente un análisis detallado barrio por barrio sería lo perfecto, pero la economía del tiempo se antepone, por lo que lo ofrecido habrá de considerarse como referencia orientativa, sin un valor muestral perfecto. Habría que señalar que el porcentaje total de la suma de EHBildu, Elkarrekin Podemos y Goazen en el conjunto de la ciudad es del 26,68%.

De los datos ofrecidos, se pueden extraer diferentes conclusiones. La primera, es que el comportamiento tanto en los barrios pobres como en los más ricos, es homogéneo, en relación a la correlación de fuerzas. Y el PNV se impone en ambas. El bloque emancipador obtiene porcentajes sensiblemente superiores a la media en el caso de los pobres, mientras que en los barrios ricos se desploma en relación a la media. Ergo, mientras al PNV le votan en mayoría tanto pobres como ricos, a las fuerzas progresistas los ricos no les votan, como tampoco lo hacen en mayor proporción, de manera significativa y en relación a la media, los pobres.

En el rango de barrios de renta media-alta, encontramos el de Miribilla, en el cual si bien el PNV se comporta como el partido del país una vez más, EHB, EP y G obtienen porcentajes de voto superiores a los de los barrios más pobres. En relación al comportamiento de barrios de renta poco superior a la media, presentan un comportamiento muy dispar e irregular entre ellos en el caso de las tres formaciones progresistas, no así en el caso del PNV. Pero lo que se ve claramente es que muchos barrios de rentas superiores a la media tienen mayor porcentaje de voto de EHB, EP y G que los barrios pobres.

Los datos analizados refrendan el análisis inicial expuesto en relación a la posición central del PNV. Es la opción más normal, la más desligada del eje de clase, al que menos afecta. Al PNV le entiende la población en todas las capas, y siente que atiende a sus necesidades y demandas.

Esta posición central además, le confiere la virtud de ser voto refugio en caso de que uno de los polos que se sitúan en sus extremos lo amenace. Los resultados de Barakaldo son un ejemplo de esa posición central. El PNV ha subido y se ha distanciado del PSE, en gran medida, porque sectores antagonistas del PSE, parte del espacio político que suele votar a EH Bildu, ha votado al PNV para evitar la victoria del PSE. Algo parecido a lo sucedido en Gasteiz, pero en este caso con el otro extremo del eje: el PNV recoge voto fundamentalmente del PP, para evitar una alcaldía de EHBildu.

Mientras el PNV se halle en la posición central en la que se encuentra, se nos presenta una moraleja inapelable: en caso de presentarse expectativas de superar al PNV en encuestas electorales previas por parte de alguna de las formaciones del presente mapa político, será muy difícil superarlo en elecciones, porque el voto del otro extremo irá al PNV para evitar el sorpasso de su antagonista. El único modo de sorpasso en este caso, será el inesperado, el que no reflejen las encuestas.

Además de este factor, el PNV es el único que presenta un proyecto y modelo claro de desarrollo económico de Bilbao y su entorno. El único que presenta estrategia. La apuesta por la atracción turística, los grandes eventos… Se pueden poner en tela de juicio, criticar, que suele hacer la izquierda, pero en esta tesitura, la conclusión social con posterior reflejo electoral, es la de que mientras el PNV se preocupa por el desarrollo económico y crear empleo y riqueza, la gente de la izquierda, que es muy maja y además defiende todas las causas loables, solo sabe estar en contra. La izquierda no tiene un modelo de desarrollo económico y urbanístico, más allá de pedir la peatonalización de una calle o cubrir un frontón, o denunciar la crisis del pequeño comercio. En definitiva, que mientras el PNV se preocupa y se encarga de las habas y del desarrollo, la izquierda no hace más que protestar y defender causas que la mayoría de los sectores populares no estiman como prioritarias.

Y aprovechando que se introduce el elemento de las habas, o por decirlo de un modo más academicista, de cuestiones más materiales, otro de los factores que posicionan al PNV en la centralidad y mencionado ligeramente antes, es la cuestión de las agendas y causas. El PNV hace referencia en sus discursos exclusivamente a cuestiones materiales relacionadas directamente con las condiciones de vida y las preocupaciones de la vecindad. Dice la politología que en tiempos de crisis suele haber un retorno a los valores más materiales. Como por ejemplo la seguridad, entendida en un sentido amplio. Porque seguridad no es solo que no te den un palo. Seguridad es poder tener un empleo, poder acceder a una vivienda, poder desarrollar un proyecto de vida, familia, protección social en situación de emergencia social… Desconociendo las prioridades de la ciudadanía del Gran Bilbao, se puede suponer que serán similares. El PNV las escucha y les da respuesta.

En ese sentido la izquierda parece estar sociológicamente alejada de la tipología media del entorno urbano, con una agenda parcialmente diferente de esta. Parece estar compuesta en mayor medida de sujetos de una elevada tasa de estabilidad laboral, en términos relativos, edades medias, renta superior a la media, funcionariado -el CIS reflejó esta realidad en una encuesta llevada a cabo el año pasado-… Este perfil encaja con el descrito por la sociología política con el preocupado por las cuestiones postmateriales, las causas loables, y «ismos» varios. Y con esto tampoco se pretende vincular los “ismos” con cuestiones exclusivamente postmateriales. Pero las agendas de los «ismos», son percibidas como agendas parciales que no responden a las necesidades materiales de los sectores normales, entendido normal en relación al concepto estadístico de norma.

Esta probable desconexión puede alejar a la izquierda del resto de la ciudadanía, por presentar agendas diferentes y por consiguiente, no conseguir la identificación de los sectores populares con los discursos y ofertas de la izquierda. Esta hipótesis explicaría los resultados electorales y la posición central del PNV.

Como corolario, se puede afirmar, aún pareciendo perogrullada, que mientras el PNV ocupe la posición central del tablero político en el Área Metropolitana de Bilbo, será muy difícil superarle y obtener un cambio político. Pero, ¿es posible desplazar al PNV del tablero político? Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿cómo?

La respuesta a esta segunda pregunta ahonda en el terreno de las hipótesis. Con la configuración actual del tablero político será imposible el logro del cambio político a corto y medio plazo. Por un lado, por las agendas y prioridades alejadas de las gentes que presentan las fuerzas alternativas, además de la ausencia un proyecto nítido de desarrollo económico y solución de problemas más acuciantes. Por otro, las etiquetas y estigmatizaciones de las fuerzas de izquierdas, hacia el minoritario independentismo en un caso, y hacia el caínismo de tintes soviéticos en otro, los hacen ser percibidos como extremos de un tablero con los que las mayorías normalizadas no se identificarán.

A largo plazo, en caso de cambios radicales en ambas marcas, y dada la incertidumbre que supone referirse al largo plazo, podría darse la posibilidad de cambio, pero es el escenario más incierto e indefinido de todos.

Existe, sin embargo, a medio plazo, una posibilidad de cambio, un talón de Aquiles del PNV. Sería la existencia de la horma de su zapato en muchos aspectos. De una formación que desplazara al PNV del eje central y lo situara en uno de los lados. Una formación que no se presentara bajo el formato de partido, porque discursivamente supone una agrupación de la gente normal, para solucionar los problemas de las agendas de la gente normal, y que aduzca que el PNV no lo hace y que no atiende a las necesidades y reivindicaciones más perentorias de las personas normales y humildes. Un proceso de la mano del sentimiento de agravio de unos barrios no tan bien tratados como el centro. Sin ninguna etiqueta. Siendo «más país» que el PNV. Consiguiendo mayor identificación con la norma social de extracción media y baja. De este modo, se desplazaría al PNV del centro en el eje clase, hacia el extremo de las clases más altas.

Este planteamiento recoge parte de los planteamientos populistas de Laclau, formulando una táctica parcialmente populista. La existencia de unas demandas no satisfechas institucionalmente, que se van encadenando en torno a un gran eje simbólico.

Porque de esta manera, se ocupa un espacio político del que se nutre el PNV, sin que afecte de manera tan significativa a las identidades de izquierda, puesto que el planteamiento seduce fundamentalmente a aquellos sectores que no se identifican con las metáforas e identidades políticas existentes -que vista la elevada liquidez de voto existente, es un elevado porcentaje de voto, incluso En Euskal Herria y concretamente en el Gran Bilbao-.

Erosionando parte del espacio político del PNV, haciéndole descender en representación, creando un nuevo actor con significación, se puede lograr alterar la correlación de fuerzas de manera que sea posible un cambio. No es descabellado por ejemplo un resultado de PNV 9, Nuevo sujeto 8, EH Bildu 4, PSE 3, EP 3, PP 2.

Un ejemplo lo podemos encontrar en Galdakao, con resultados en el mismo sentido aunque con diferente distribución. Como consecuencia de una sensación de pertenencia a ciudadanía de segunda por la desidia institucional en relación a la línea del metro, surge una plataforma vecinal. Decide concurrir a las elecciones tras una dinámica que ha generado una sensación en el pueblo de abandono institucional. El resultado es que aún siendo primera fuerza, el PNV se queda en franca minoría y habilita la posibilidad de cambio mediante acuerdos. Desconociendo de antemano lo que sucederá, la evidencia es la existencia de una posibilidad que en otro contexto parecería remota.

Identificarse con las mayorías sociales, escucharlas, hablar de lo que les importa, ofrecerles soluciones, primar su agenda, para que a su vez esas mayorías se identifiquen con la alternativa, es, en definitiva, la fórmula para desplazar al PNV de la centralidad. Hacer irrumpir una fuerza del país, para que el PNV deje de ser la fuerza del país. He ahí el talón de Aquiles jeltzale.

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