José Luis Herrero y Antton Azkargorta
Profesores despedidos de la UPV

En el 30 aniversario de nuestro despido

Nuestra presencia e insistencia intentan evitar también el peligro del olvido de un auténtico acontecimiento y sus consecuencias que dignificaron a todos aquellos militantes que de una manera u otra participaron en su desarrollo y que en su tiempo crearon la conciencia de que una nueva universidad era posible.

El día 31 de marzo se cumple el 30 aniversario de nuestro despido de la UPV. Esa fecha de 1992 fue uno de los episodios del largo proceso de lucha que un colectivo de profesores universitarios llevamos a cabo para conseguir un Profesorado Propio con contrato laboral en la UPV. Este proceso culmina en 2007 con el desbloqueamiento de la Ley Universitaria Vasca mas conocida como «Ley Iztueta». En ella se recogían figuras propias de Profesorado con relación laboral equiparadas teóricamente a las funcionariales. Se ponía así fin a los contratos administrativos precarios que venían siendo aplicados en la Universidad. Gracias a esa ley se estabilizaron en las nuevas categorías creadas un buen numero de profesores. Todo ese recorrido esta recogido en los libros Historia de una Pancarta y Diálogos por el Profesorado Propio y la Universidad y por tanto no vamos a entrar en ello.

Desgraciadamente las autoridades del momento negociaron con una parte de aquel colectivo que se reincorporó a las actividades universitarias, pero no con otra parte del colectivo integrada por tres profesores, entre ellos los firmantes de este artículo, que continuamos a la puerta de entrada del Campus de Leioa con nuestra pancarta, reclamando una salida digna y justa a este contencioso. Pero este ultimo capítulo lo dejaremos para otra ocasión. Lo que pretendemos con estas líneas es responder a una pregunta que nos han hecho repetidas veces y que podemos formular de esta manera: «¿Por qué seguís a estas alturas, y dada la actitud de la Universidad con vosotros, manteniendo la reivindicación de vuestra reincorporación y/o la de encontrar una solución pactada a vuestras reclamaciones si el gran objetivo por el que luchasteis, el profesorado propio, en ciertos aspectos se ha conseguido? Lo hacéis, quizás por interés económico; por cuestión personal; por amor propio, por cabezonería...». La respuesta es similar a la que dimos a nuestro buen amigo Josemari Lorenzo Espinosa, que nos ha acompañado a lo largo de esta preciosa y dura aventura: para nosotros la consecución del Profesorado Propio y una salida acordada con la UPV en parámetros de dignidad y Justicia son aspectos indisociables, forman parte de un único Proceso, aunque la verdad contenida en su rico desarrollo –que es infinitamente más que su plasmación jurídica en una ley y sus efectos– excede completamente al devenir futuro de los miembros que participamos– los que ingresaron y los que no.

Si el reingreso en la UPV sin lograr el contrato laboral, como ocurrió a un grueso número de profesores despedidos en ese año de 1992, podemos considerarlo como «una impotencia de la virtud» por la sensación de fracaso que se produjo en un gran movimiento insumiso en tiempos del rector Emilio Barberá, la conquista del profesorado propio, sin un acuerdo aceptable con los tres despedidos como es el caso nuestro, lo podemos calificar como la «potencia degradante de la injusticia», que no solo tiene consecuencias sobre nosotros sino sobre todo el espacio universitario, aunque de ello no sean conscientes las autoridades académicas antiguas o presentes. Porque la falta de ética degrada, aun sin sentirlo, ese espacio.

Nuestra presencia e insistencia intentan evitar también el peligro del olvido de un auténtico acontecimiento y sus consecuencias que dignificaron a todos aquellos militantes que de una manera u otra participaron en su desarrollo y que en su tiempo crearon la conciencia de que una nueva universidad era posible. Es necesario mantener la memoria histórica de lo sucedido e intentar transmitir a las nuevas generaciones universitarias –y a la sociedad– esta experiencia y tal vez algunos decididos se atrevan a iniciar otros proyectos liberadores para cambiar algo de este mundo universitario que tanto necesita de visiones emancipadoras. Es una deuda que tenemos con nosotros mismos y con todo aquel ejército de personas y colectivos de fuera y dentro de la Universidad que a lo largo de todos estos años no han apoyado y ayudado.

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