Energía, planificación territorial y sostenibilidad
Si bien podríamos remontarnos a décadas atrás (proyectos de centrales nucleares en Euskal Herria, etc.), desde hace unos pocos años, en el sur del país se está reavivando el debate en torno a la energía y su relación con el cambio climático; fundamentalmente, a raíz de la aprobación de normativas, planes, etc. Entre otras: Ley 4/2019 de 21 de febrero, de Sostenibilidad Energética, Ley Foral 4/2022, de 22 de marzo, de Cambio Climático y Transición Energética, Plan de Transición Energética y Cambio Climático 2021-2024, Ley 1/2024, de 8 de febrero, de Transición Energética y Cambio Climático, Plan Territorial de Energías Renovables.
Una de las cuestiones clave en este debate es el de la participación ciudadana o, mejor dicho, la ausencia de la misma (como ha sucedido en los ejemplos señalados), salvo que se entienda, como hace la Administración, que esta ya se produce vía boletín oficial de turno. Así que, ante esta actitud, cabría valorar que, quien dispone de presencia institucional, social y medios para implementarla, podría desarrollar dicha participación ante unos gobiernos vascos y diputaciones que, en este asunto, tampoco están, ni se les espera.
Sobre el contenido del debate, además de otras cuestiones abordables, sería necesario incluir la relación simbiótica energía-planificación territorial-sostenibilidad.
La superficie del país es de 20.625 km2 y unos 3,2 millones de habitantes. Pues bien, este pequeño territorio soporta, entre otros: cinco aeropuertos (compárese con otros territorios más poblados), dos grandes puertos de mercancías (uno de ellos, también para grandes ferris de pasajeros), más de una docena de pequeños puertos pesqueros y deportivos (la mayoría), unos treinta campos de golf, Tren de Alta Velocidad, Super Sur, Variante Sur Ferroviaria, presencia y/o propuesta de doscientas instalaciones industriales de energías renovables (la inmensa mayoría, en manos de multinacionales y fondos buitre, destruyendo montes y suelos de alto valor agrológico), cientos de vertederos, dos incineradoras industriales de residuos, el subfluvial de Lamiako, proyecto fallido de Guggenheim Urdaibai, decenas de miles de viviendas vacías o no habituales, turistificación masiva-gentrificación, polígono de tiro de Bardenas, autopistas del hidrógeno, cientos de torres de alta tensión, macrogranjas...
Es un modelo desarrollista sin fin, insaciable, consumidor de ingentes cantidades de energía e insostenible, cuyo objetivo no es el bien común, minimizar el cambio climático o la sostenibilidad, sino aumentar la cuenta de resultados de las empresas en liza.