Militante de la izquierda abertzale
Fijemos Euskal Herria en el tablero de Europa

«En los últimos años estamos comprobando en Euskal Herria la suma importancia de trabajar correctamente en el ámbito internacional. A nadie le cabe ya la menor duda de que desde la acción exterior estamos abriendo puertas de esperanza para nuestro pueblo por encima de la patológica cerrazón española.»

2014/05/05

Cuando los vascos, tiempo atrás, pensábamos en Europa nos invadía una profunda desgana, como si fuera uno de esos temas en los que únicamente se fijan quienes mantienen algún interés personal en ello. Lo que excediera del ámbito de los dos estados que nos ocupan era observado como algo excesivamente lejano, un universo demasiado ajeno en el que no sentíamos movernos con la imprescindible confianza en nosotros mismos y donde, además, creíamos que no había gran cosa para conseguir. Bastante teníamos con mantener nuestro espacio a ambos lados de los Pirineos como para pretender ponernos a buscar nuestro lugar en Europa.


Si todo ello fuera poco, el marco de la Unión Europea representaba –y representa– un sistema político, económico, social... en el que difícilmente podíamos ver reflejado nuestro proyecto para la Euskal Herria del futuro.


Europa era algo no solo ajeno sino incluso fútil para Euskal Herria; un club de estados constituido de espaldas, cuando no de barricada, a las genuinas naciones europeas y con el único fin de optimizar resultados del sistema capitalista. Nuestro minúsculo y convulso pueblo, sumido además en un conflicto político de décadas, poco terreno de juego podía encontrar en semejante escenario geopolítico.


Así las cosas, debo reconocer que a mí, al igual que a una gran mayoría de la sociedad vasca, Europa siempre me pareció que nos quedaba muy lejos. Si se podía estar en el Parlamento Europeo había que intentarlo –como siempre lo hemos hecho–, aunque más como forma de hacer un rasguño al telón franco-español que por lo que pensáramos que se podía lograr allá en beneficio de los ciudadanos vascos.


Pero si en los últimos años los parámetros políticos en Euskal Herria han cambiado, el escenario geopolítico europeo también está observando cambios notables que podrían afectar al propio diseño de la Unión Europea y que, en principio, se presentan como de gran interés para nuestro país. Por mucho que quienes sostienen las posiciones más reaccionarias en la Unión Europea no se cansan de repetir que su edificio es inmutable, la realidad es que hoy en día se están produciendo movimientos en el interior y exterior de esa comunidad que hacen prever reformulaciones.


El contexto general que actualmente vive toda Europa y el particular en el que vivimos los vascos han hecho que la distancia que siempre hemos observado entre ambos escenarios se haya ido reduciendo, al mismo tiempo que aumentaba el interés hacia el tablero europeo. En los últimos años estamos comprobando en Euskal Herria la suma importancia de trabajar correctamente en el ámbito internacional. A nadie le cabe ya la menor duda de que desde la acción exterior estamos abriendo puertas de esperanza para nuestro pueblo por encima de la patológica cerrazón española.


La Europa actual no es la que queremos para el futuro, cierto; pero nos interesa estar en ella. No solo porque somos una de las naciones originarias de Europa sino porque necesitamos al resto de los europeos para alcanzar nuestro lugar en el orden internacional; y porque, a pesar de nuestra pequeñez, el pueblo europeo también nos necesita a nosotros para hacer una Europa más justa, más democrática, más solidaria, más libre.


Veíamos lejos Europa pues, más veces de las debidas, antaño nos sentimos solos. Eso tampoco es así ya. Las energías que otro tiempo movieran la historia de nuestro continente han emergido y reclaman su lugar soberano en el futuro. Los vascos ya no caminamos solos. Avanzamos codo a codo junto a escoceses, catalanes, flamencos, gallegos... pueblos antiguos que queremos nuestro puesto en un tiempo nuevo, en una Europa nueva.


Y también están los jóvenes y nuevos estados europeos, que saben lo que es luchar por la identidad y la soberanía, que por ello nos respetan y nos miran con admiración y podemos hacernos acreedores de su fraternal apoyo solidario. Los necesitamos y nos necesitan.


Para construir nuestro país proyectándolo al mundo y al futuro debemos estar en Europa con la mayor fuerza posible. Eso significa no dejarnos llevar por la habitual apatía que provocan las citas electorales europeas y, empuñando la responsabilidad política y militante que siempre nos ha definido como abertzales, acudir a las urnas el 25 de mayo.


En el desarrollo del proceso soberanista por el que transitamos, los dos estados que nos ocupan incrementarán sus esfuerzos por echar un manto de invisibilidad sobre nosotros y levantar más altos los muros de la intolerancia para que nuestra voz no pueda ir más allá de nuestras fronteras. Ya no está el factor de la lucha armada con el que lo tapaban todo. Ahora, la esencia política del conflicto se presenta con toda su virtualidad; y como nuestra reivindicación nacional es irrebatible en términos democráticos, no les quedará más opción que hacer que no se nos vea, que no se nos escuche.


Si antes el espacio internacional, europeo resultaba cómodo a los negadores de Euskal Herria, hoy en día ya no lo es tanto porque eso de ahí afuera es muy grande y es imposible controlarlo todo. A los periodistas españoles les pueden pasar cada mañana el orden del día como si de un bando militar se tratara. Más allá de donde llegan sus manos peludas eso no funciona así.
Es una evidencia histórica que los pueblos que en el último siglo han sido capaces de construir su Estado propio lo han hecho, en gran parte, gracias a la acción exterior y el apoyo internacional. Nuestro primer marco natural es Europa, y por eso nos resulta imprescindible tener ahí una buena base de operaciones para romper el cerco hispano-francés e ir abriendo espacio; para que nos vean, para que nos oigan, para que nos conozcan mejor; para dejar patente allá donde nos presentemos nuestro sello de identidad propio, nuestro «euskal estiloa»; esa idiosincrasia genuina que haga saltar, a simple vista, la evidencia de que no somos ni españoles ni franceses, que nunca lo fuimos porque somos parte de las raíces más profundas y auténticas del continente, allá cuando ni ellos existían.


Nos interesa Europa para hacer cómplices y amigos que nos ayuden lo mismo en tareas inmediatas –resolución integral del conflicto– como de orden mas estratégico vinculados a la independencia y el socialismo. La gran maquinaria europea tiene infinidad de recovecos, unos públicos, otros no tanto, a los que tenemos que sacar rendimiento, multitud de escenarios y plataformas por donde hacer circular nuestra voz, hacer amigos, recabar solidaridad, trenzar alianzas nacionales y sociales que, además colaboren en hacer una unión europea más respetuosa con los derechos humanos, con los desfavorecidos... y es que los vascos tenemos también mucho que aportar a los ciudadanos europeos.


Llevar Euskal Herria a las urnas europeas es en esta ocasión una responsabilidad ineludible para todo abertzale de izquierda. Y eso, aunque, como ya he dicho, la actual Unión Europea no sea precisamente la Europa que quisiéramos y a la que aspiramos.


Nuestro voto europeo es de un altísimo valor político. No únicamente por los factores que he señalado hasta ahora sino también por cuestiones de orden más local. En el camino hacia la soberanía tenemos que volver a marcar nuestro terreno en un tablero político vasco en el que cada formación se está resituando, midiéndose a sí misma y en relación a las demás en la batalla de la correlación de fuerzas. Las elecciones europeas deben servir para fortalecernos políticamente, para ser más y enseñar músculo hacia la independencia; para empujar el proceso y volver a marcar con firmeza el peso político de manera que nuestra presencia sea absolutamente insoslayable. El empuje que logremos en los comicios europeos también tendrá su reflejo en las tareas que aún tenemos pendientes relativas a la paz, prisioneros y exiliados.


Ningún abertzale de izquierda puede quedarse en casa el 25 de mayo haciendo dejación de su responsabilidad en la lucha por Euskal Herria y la libertad. Los pueblos deciden, y cada voto lo será de compromiso y lucha, será una pieza más del fabuloso engranaje de la vía vasca hacia la independencia, un cinturón de seguridad para el viaje al porvenir por el que llevamos decenios, siglos en pie, sin avergonzarnos de nada, sin agachar la frente ante nada ni nadie.


Yo destaco una razón irrefutable para introducir la papeleta de EH Bildu, «Los pueblos deciden», el día 25 en las urnas europeas: por Euskal Herria y nuestro futuro.

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