José Manuel Bujanda

Franco ha muerto, carta a la familia

(En la cárcel de Pamplona, galería 4, celda 109, a 20-11-1975)

Se cumplen 50 años de la muerte del dictador Franco. Quien escribe estas líneas estaba preso en la cuarta galería, celda 109, de la vieja cárcel de Pamplona, que por cierto no ha resistido el paso de los tiempos y ya no existe. No he vuelto a acercarme al lugar donde estuvo. Lo mismo me ocurre con otra vieja cárcel, esta vez en Madrid, la de Carabanchel. Esa misma tarde del 20 de noviembre era muy consciente de que estaba viviendo momentos claves que iban a marcar la vida, suerte y futuro de millones de personas, entre ellas la mía propia así como la del conjunto de los presos políticos. Consciente de que una página nueva estaba a punto de abrirse para el conjunto del estado español en general y para los cuatro territorios de Euskadi Sur en particular. Conscientes de ser testigos directos de las quizás futuras y primeras luces de libertad, democracia e incluso de poder retomar el autogobierno de los vascos amputado por la victoria de los golpistas. Escribí una carta como la que sigue, es casi idéntica, a mis padres y hermanos y la metí en el dobladillo de unos pantalones sucios para poder sacarla de la cárcel. Todo lo que digo en la carta es y era cierto, veraz.

Hola y kaixo: ama y aita, Aran y Juanra. Hoy es 20 de noviembre de 1975. Franco ha muerto, es ya historia. Os escribo de nuevo desde ésta mi celda 109 de esta vieja cárcel de Pamplona. Son las siete de la tarde de un día emocionalmente muy largo y con todos los sentimientos a flor de piel y latidos acelerados del corazón, síntomas de lo imprevisible de la nueva situación política que nos deparará el devenir de la historia, así que apenas tengo una hora para ir al comedor a cenar después de oír la sirena. Estoy muy tranquilo y sereno, pero tengo prisa. Después de cenar, como siempre, doblaré con mucho mimo y esmero este folio. Reconozco que cada vez lo hago mejor, sí, cada vez más y mejor. Tengo que doblarlo una y otra vez, meterlo en el dobladillo de uno de los pantalones sucios, coser bien el dobladillo y guardar el pantalón arrugado en el fondo de mi bolsa para dárosla mañana por la mañana con otras ropas sucias después de la visita del mediodía. Lo tengo que hacer bien. Los chequeos son cada vez más estrictos en todo lo referente a ropa, comida, libros, idiomas utilizados durante las visitas y registros de las celdas buscando no sé qué. Pero la habilidad y destreza que he adquirido para sacar los escritos de la cárcel es el resultado-producción de un auténtico especialista.

Siempre ha sido peligroso sacar y meter escritos de la cárcel. Más ahora, y de hoy en adelante. Como sabéis, tenemos desde hace muy poco, una diminuta radio francesa que nos sirve para estar al tanto de lo que ocurre fuera de estas viejas paredes... Esta noche, al compañero que está en la celda contigua le tocaba por estricto turno tener la radio a escondida y ponerla operativo a partir de las 6 de la mañana. Y cuando ha oído en el parte de las seis de la mañana de «Radio Nacional» que Franco había muerto esa noche, ha empezado a gritarnos «Franco ha muerto, Franco ha muerto» lo ha hecho una y otra vez. Lo reconozco, creo que nunca lo olvidaré jamás, ha sido un momento muy difícil de explicar, muy emotivo, lágrimas no disimuladas en los ojos, respiración muy agitada, por fin el dictador ha muerto. Mis sentimientos a flor de piel han chocado en mi cabeza y en mi corazón. Me he acordado de vosotros, Ama, Aita, Aran y Juanra, y estoy seguro que hoy habéis desayunado vosotros también emocionados y nerviosos. Sé que os habéis acordado, de mí, de vuestro hijo y hermano Joxemanuel.

Cuando me he tranquilizado un poco me he acordado de la cara, imagen, voz, sonrisa y bromas de Jon Paredes «Txiki», y entonces un borbotón de lágrimas me han brotado sin pudor. ¡Ni dos meses de su fusilamiento! Dondequiera que estés, «Txiki», espero que la noticia de hoy te haya ya llegado.

Famili maitea, hoy cuanto hemos oído la sirena de la mañana, se han abierto las puertas de la celda y nos han hecho el recuento de rigor delante de la puerta en posición de «firmes», nos suelen contar para ver si estamos todos por la mañana (¡cómo no íbamos a estar todos!) o si somos los mismos de anoche. Hemos salido de la celda, paso con firme, sonriendo, emocionados, ojos brillantes... y fumándonos un delicioso «Farias» que teníamos guardados para este preciso, y precioso, momento, humeando, desprendiendo un penetrante olor a tabaco fuerte. Cada uno con un buen Farias. A la tarde, cuando en la gran sala que tenemos para ver la TV ha aparecido un lloroso Arias Navarro balbuceante y ha pronunciado unas inolvidables y gloriosas palabras: «Españoles Franco ha muerto», todo se ha desencadenado, abrazos, fuertes, largos, profundos, llenos de alegría, dándonos vigorosas palmadas en la espalda con fuerza, aplaudiendo y vitoreando.

Termino, Ama, Aita, Aran y Juanra, tengo que dejaros, suena la sirena. Vamos a cenar. A ver cómo va el condumio! Hoy ha sido un día intenso, seguro de que el futuro será emocionante y fascinante en todos los ámbitos. Seguro que pronto nos abrazaremos y que el sol de la libertad aparecerá imparable en los montes, valles, pueblos y ciudades vascas, llegarán nuevos vientos, tiempos de esperanza, se abrirán ventanas y puertas para Euskadi. Hasta pronto, ánimo, abrazos. Laster arte, agur, gora bihotzak. Vuestro, Joxemanuel.


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