Activista de Bizkaiko Harrera Sarea
G7... ¡hundido!

Las decisiones, cuales quiera que sean, siempre irán en beneficio del capital y en detrimento de la vida, de las personas. Sus consecuencias son el deterioro de nuestra calidad de vida.

2019/08/20

Me viene a la cabeza el juego de infancia en el que, a través de coordenadas, hundíamos barcos y submarinos con toda naturalidad, sin pensar en ningún momento qué simbolizaban aquellos hundimientos que ya no veíamos como parte de un proceso bélico sino, simplemente, como parte de un juego de estrategia.

De la misma manera, criptográfica, anónima, distante y fría, estremece pensar el maléfico poder que encierra esta combinación de letra y número que, lejos de poner en el centro la vida y el bienestar de la mayoría de las personas, pone la muerte de muchas y el beneficio de unas pocas. Tal vez por eso, y de manera subconsciente, me vuelve una y otra vez la coletilla de «hundido» como expresión de un deseo íntimo.

Siguiendo mi propósito de leer a escritoras negras para ir conociendo el desconocido continente que será invitado este año por el G7 a la cumbre de Biarritz, leo un artículo de Ndongo Samba Silla, economista especializado en desarrollo, comercio justo, mercados laborales, movimientos sociales y teoría democrática. Responsable de programas e investigación de la Fundación Rosa Luxemburg en Senegal.

En él analiza la economía de un país como Ghana. Un país que era autosuficiente en la producción de tomate y pollo y cuyo mercado fue invadido por productos subvencionados procedentes mayoritariamente de Europa. Esto produjo una crisis en los productores y campesinos locales abocados al suicidio en muchos casos o a migrar a países como Italia, causantes de su pobreza, donde trabajaron en condiciones esclavas en las plantaciones de tomates. Desde esta realidad, que se puede clonar a distintos productos y países del continente africano, el autor lanza lo que, para mí, es un claro mensaje al G7: «Un sistema mundial digno no debería trabajar duro para transformar a más y más ciudadanos africanos en ‘migrantes desesperados’, como ocurre hoy en día, sino más bien para detener lo que el filósofo Michael Walzer llama ‘la primera forma de migración ilegal’: la lógica destructiva del capital».

Pero, lamentablemente, este sistema mundial es indigno y estas reuniones, para las que pusimos a escote la friolera de 500 millones de dólares en 2018, no son más que operaciones de comunicación. Sus acuerdos y desacuerdos marcan una única diferencia; la forma en la que se van a configurar las fuerzas o los bloques. Lo que siempre se repite es que las decisiones, cuales quiera que sean, siempre irán en beneficio del capital y en detrimento de la vida, de las personas. Sus consecuencias son el deterioro de nuestra calidad de vida por el cambio climático, la contaminación, la precarización, el aumento de las desigualdades entre países y clases, las guerras, y una de las consecuencias más sangrantes de todo ello, las migraciones forzadas.

Sin lugar a dudas, incluso aunque perteneciéramos a esa élite económica ciega de avaricia que dirige nuestros designios, las decisiones nos afectarían a todas. Sin embargo, no nos engañemos, las grandes decisiones se tomarán en los despachos aledaños y serán diseñadas por los grupos de presión de empresas capitalistas, sean armamentísticas, energéticas, financieras, sanitarias o tecnológicas, y con el objetivo único de beneficiarse al máximo de todas nosotras, sus subproductos. Así pues, podemos optar por formar parte del grupo que se rebela contra esa realidad, o del grupo que la apoya porque ignorarla es también estar de su lado.

Y si todo esto es tan importante, por qué entonces nos cuesta tanto hablar de ello en cualquier ambiente de nuestro día a día, por qué la gente nos mira raro cuando tratamos de hablar de estas cosas que trascienden lo trivial. Por qué nos produce cierto desasosiego e incluso vergüenza estar politizados ante una mayoría que no lo está. Pienso que es porque, como en el juego de barcos, hemos naturalizado este sistema depredador que se reproduce de día y de noche sin confrontación y que nos está hundiendo.

Pero este verano jugamos en casa, y es bien sabido que eso nos da ventaja. Así pues, y a pesar de que nos hayan puesto la Cumbre en fiestas de Bilbao, formaremos parte de esa contracumbre del G7-EZ que les deje bien claro que aquí, en Euskal Herria, no son bienvenidos.

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