Juan Mari Arregi
Periodista

¿Hay personas médicas, políticas, empresarias consumidoras del Sintrom?

En el año 2009 eran 800.000 las personas consumidoras del anticoagulante Sintrom en el Estado español. Hoy superan el millón, de las que más de 100.000 son de Hego Euskal Herria. El 31 de agosto de ese mismo año "El País" informaba del Congreso Europeo de Cardiología en Barcelona y lo titulaba así: "Un fármaco más eficaz para el corazón puede sustituir al Sintrom". La información la iniciaba diciendo que «el Sintrom podría tener los días contados». Ya entonces se informaba de su peligrosidad, mientras se aseguraba la mayor seguridad de los fármacos alternativos. En aquella fecha, el Diabigratan fue el pionero alternativo probado en 44 países. ¡Y han pasado ya 15 años! Y el Sintrom, ahí sigue.

A falta de datos oficiales, la situación en Euskal Herria hoy podría ser esta. Como en el resto del Estado Francés, en Iparralde las personas consumidoras de Sintrom no existen prácticamente, ya que desde hace 12 años se les suministra anticoagulantes orales de acción directa, conocidos como Acod, más seguros, y cuya dosis es siempre fija. Diabigratan, Apixaban (Eliquis) y Rivaroxaban (Xarelto) etc. son sus nombres. En Nafarroa, con unas 30.000 anticoaguladas, aumenta el porcentaje que van sustituyendo el Sintrom por otros fármacos alternativos, y que podrían situarse ya en cerca del 60%. En la CAV, con unas 75.000 anticoaguladas, el porcentaje de consumidoras de fármacos alternativos podría situarse en un 44%.

Quedan, por tanto, muchos miles de personas consumidoras vascas del anticoagulante Sintrom, que resulta peligroso y de riesgos graves de ictus, hemorragias cerebrales, parálisis, y muertes, etc. Asimismo, el tratamiento del Sintrom resulta molesto por sus pinchazos, controles semanales, quincenales, sus traslados a ambulatorios, etc. Es verdad, sin embargo, que hay asociaciones de personas anticoaguladas que enseñan a las consumidoras de Sintrom, entre otras cosas, a autocontrolarse desde sus casas, evitando el traslado periódico al ambulatorio correspondiente. Y conviene que quienes, por las circunstancias que fueren, se ven obligadas a consumir el Sintrom, lo conozcan.

En la CAV hay una asociación conocida como Agiac y cuya sede se encuentra en Donostia. Se llama Asociación Vasca de Personas Anticoaguladas. Su sede: Edificio Gizagune Pagola/ Paseo Bascongada 10, bajo/ Barrio de Pagola-Aiete/20009 Donostia. Teléfonos. 688868000 y 943320352. "Haz en tu casa los controles del Sintrom" es uno de sus titulares más destacados en su web, coherente con uno de sus objetivos.

No cabe duda que, desde que aparecieron otras alternativas farmacológicas al Sintrom, más seguras, sus consumidoras han ido pasando de ese fármaco a otros alternativos, los anticoagulantes orales de acción directa, conocidos como Acod, citados anteriormente, pese a ser mucho más caros y no estén, salvo excepciones, financiados por la Seguridad Social. No hay que olvidar, sin embargo, que son, en su gran mayoría, las personas pobres o de pocos recursos económicos las condenadas al peligroso Sintrom porque no pueden pagarse los alternativos.

Prueba de la peligrosidad del Sintrom y la mayor garantía de seguridad de los fármacos alternativos es que quien puede económicamente costearse estos últimos, (1.000 euros al año frente a los 50 del Sintrom) abandona el fármaco peligroso y se paga de su bolsillo el de mayor garantía como son los alternativos ya citados.

¿Hay personas cardiólogas, médicas, personal sanitario, así como sus familias, con problemas cardiovasculares, que consuman el peligroso Sintrom? ¿No es verdad que sus fármacos anticoagulantes son los alternativos, los más seguros, pese a ser más caros, mientras se ven obligadas, por el protocolo sanitario correspondiente, a «imponer» el Sintrom a otra gente? ¿Hay algún lehendakari o exlehendakari, o personas consejeras o exconsejeras, altos cargos, y sus familias, con problemas cardiovasculares, que utilizan el Sintrom? ¿No es verdad que ellas también recurren a los fármacos alternativos? ¿Hay alguna persona empresaria, banquera, política, y sus familias, que consuman el Sintrom? La respuesta ya la saben. Si rechazan el Sintrom, está muy claro: además de su tratamiento incómodo, conocen su peligrosidad, la existencia de fármacos alternativos y pueden pagarlos de su bolsillo.

Quienes no llegan al salario mínimo −viudas con pensiones mínimas, personas trabajadoras con pensiones o salarios inferiores a los 1.000 euros, etc.– son ese sector de clases bajas y escasos recursos económicos condenadas al peligroso Sintrom. Es el anticoagulante de las personas pobres y sin recursos.

¿Es justa esta situación de desigualdad y discriminación social? Para poder superarla es necesario dar pasos históricos contundentes en las políticas sanitarias de nuestros Gobiernos. En la CAV, estamos ahora pendientes de formalizar un pacto por Osakidetza entre instituciones, Gobierno, partidos, sindicatos, universidad y asociaciones profesionales y populares.

La Osakidetza de ayer, la de Urkullu y Sagardui, tuvo también hace dos años su oportunidad en su Mesa de Salud, en la que pudieron escuchar la voz de los expertos. Estos abogaban ya entonces por la sustitución del Sintrom por los fármacos alternativos, llegando incluso a considerar que resultaban estos más baratos por las nefastas consecuencias del peligroso Sintrom. Osakidetza de entonces no hizo caso y hasta hoy. ¡A ver ahora la Osakidetza de hoy! A ver si es verdad lo que su nuevo consejero, Alberto Martínez, declaró en su primera entrevista: «Ahora somos una nueva Osakidetza que escucha y busca soluciones compartidas». ¡A practicarlo! ¡A pasar de las palabras a los hechos!

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