La salud mental en tiempos de pandemia
Existe un consenso entre muchas personas psicólogas, psiquiatras y profesionales de la salud mental infantojuvenil que afirma que las necesidades de este segmento de la población se han ignorado durante la pandemia. Consecuencia de esto es previsible un aumento de la sintomatología psiquiátrica.
Ha transcurrido más de un año desde que se inició la pandemia, también desde el primer confinamiento domiciliario y es hora de hacer balance sobre el impacto que ha tenido en la salud mental de la comunidad. Es sabido que la salud mental en términos generales guarda relación estrecha con el tejido social que uno posee. Esto es, el entramado de relaciones sociales que cada persona cuenta como apoyo a su estructura psíquica. De una manera sencilla, podríamos afirmar que el equilibrio psíquico descansa fundamentalmente sobre la estructura de nuestra personalidad, pero esta a su vez se soporta sobre diferentes elementos externos y correlacionados con nuestra personalidad. Estos elementos externos serían entre otros, la familia, las relaciones afectivas, el trabajo o los estudios y las relaciones sociales. Es así como se ha organizado la mayoría de la sociedad y así nos han educado a organizarnos desde una cultura judeocristiana. Yo creo en otras formas de organización alternativas que hasta ahora solo pueblan el mundo de lo teórico; aunque si existen experiencias de formas de emancipación alternativas como las ecoaldeas u otras experiencias de convivencia alternativas. Pero este no es el tema que quiero abordar, sino la diferencia entre el enfoque individual (biologicista), y el enfoque comunitario de la salud mental.
Retomando el tema de la salud mental quiero reafirmar la importancia de las relaciones sociales en la salud mental. Los estudios más recientes confirman que ha aumentado el nivel de psicopatología social. El número de personas con sintomatología ansioso depresiva va en aumento, así como los porcentajes de descompensación en los casos de psicopatologías más severas. En un análisis provisional debemos tener en cuenta que en estos tiempos de Covi19, las nuevas reglas impiden una socialización normal. Las restricciones en la movilidad, en los contactos y el alterne, que está en la base de las relaciones sociales, han supuesto una limitación para la socialización. La creciente soledad y el aislamiento social durante la pandemia están teniendo un impacto negativo en la salud mental. A esto se añade que se han generalizado las pérdidas, y con ellas sus duelos correspondientes; en algunos casos por la pérdida de seres queridos , en otros la perdida de trabajo, de hábitos relacionales o la suspensión de actividades que estructuran nuestros días.
Frente a esta situación nos encontramos con que la realidad de la atención a la salud mental era precaria antes de la pandemia, y esta situación se agravó. En un principio se suspendió la atención presencial, limitándose a las urgencias y generalizándose la atención telefónica. A esta circunstancia se añade que la estructura de atención a los problemas de salud mental en Osakidetza tiene un enfoque individual (biologicista), y se centra en la compensación química. Diferentes motivos sustentan este enfoque, los intereses de la industria farmacéutica que factura miles de millones con la medicación que se receta, y la atención más rápida y fundamentada en la compensación química. Esto establece unos ratios de atención que masifican las consultas y las limitan en algunos casos a la simple revisión de la medicación pautada. Así se genera una relación dependencial basada en las drogas que se suministran, instaurándose dinámicas de atención rutinarias, mecánicas y despersonalizadas por la presión poblacional que soportan las y los profesionales de la salud pública. Las ratios de atención son inhumanas. En general la atención psicológica en la red pública de Osakidetza oscila entre el mes y los dos meses, lo que conlleva a que sean las personas que atienden esta área las que necesitan apoyo psicológico para procesar la frustración y superar el estrés.
La estrategia de atención a la salud mental en Osakidetza parte de un modelo biológico y unidimensional, y los problemas psicosociales son multidimensionales tanto en las causas como en los efectos. El enfoque individual niega que la salud es un producto social, asume que existe libre elección, no es efectivo, y no compromete ni a las instituciones ni a la sociedad. A mi entender, la respuesta profesional a los problemas de la salud mental deben de tener un enfoque comunitario, y la intervención debe ser multidimensional. Considero que es importante y muy necesaria la utilización de medicación que compense los desarreglos emocionales, pero esta debe ser limitada en el tiempo, cuidadosamente supervisada y estar integrada a la intervención psicoterapéutica que implique no solo aspectos introspectivos, sino también de análisis de la realidad social del sujeto atendido. La intervención debería ser biopsicosocial: medicación (si procede), introspección psicoterapéutica, e intervención comunitaria que responda al análisis de la realidad social de la persona atendida. Este tipo de intervención es eficaz, eficiente e involucra a las instituciones y a toda la sociedad.
Existe un consenso entre muchas personas psicólogas, psiquiatras y profesionales de la salud mental infantojuvenil que afirma que las necesidades de este segmento de la población se han ignorado durante la pandemia. Consecuencia de esto es previsible un aumento de la sintomatología psiquiátrica. Si añadimos las dificultades para acceder al mercado laboral y las condiciones de precariedad laboral que les ofrece el futuro, nos encontramos que muchas familias terminarán en la pobreza por pérdida de empleo. Puede darse una crisis existencial general en la juventud que comenzará a cuestionarse el propósito de sus vidas, con resonancias de las épocas punk posteriores a las crisis industriales.
Parece que nos encontramos inmersos en el Desarrollismo de Alta Velocidad y nuestro cerebro a duras penas puede procesar e integrar lo que ocurre y lo que viene. La dificultad de adaptación a la velocidad desarrollista afecta también a la salud mental comunitaria, y como consecuencia vamos dejando en manos de algunas élites nuestro futuro. Un símbolo de este desarrollismo de alta velocidad es el Tren de Alta Velocidad que parece un tren sin destino futuro alguno, aunque el destino presente es llenar las arcas de empresarios millonarios. El coste de media de un kilómetro de TAV en Hego Euskal Herria es de veintisiete millones de euros, con ese dinero se podrían generar muchos empleos con un destino bien definido, los cuidados y la salud comunitaria.
Mientras tanto la ciudadanía, como en la obra de teatro del absurdo "Esperando a Godot", en una estación surrealista esperamos la llegada del tren. Esta obra de teatro del absurdo simboliza el tedio y el sin sentido de la vida moderna desde una reflexión existencialista. Los y las protagonistas y espectadores no saben quien es Godot, pero siguen esperándole. La misma espera significa la esperanza de las masas en la llegada de un personaje desconocido. No soy iconoclasta, no creo en líderes, ni conocidos ni desconocidos, solo el pueblo salva al pueblo. Creo en la comunidad y en la solidaridad; si queremos poner en el centro a las personas, no dejemos en manos de las elites nuestro futuro, nosotros somos dueños de nuestra salud y de nuestro destino. Tejamos red social.