Josep Miralles Climent
Historiador

La verdad del carlismo antifranquista

Son unos ignorantes o mienten los ocho firmantes del Ateneo Basilio Lacort, que han mandado a NAIZ un artículo, publicado el 28-4-26, tratando de demostrar que el carlismo no fue antifranquista. 

Dejando aparte que en este centenario movimiento popular que fue el carlismo, hubo diversas tendencias −una de ellas, la minoritaria, ciertamente franquista− los seguidores de Javier de Borbón Parma y su hijo Carlos Hugo −mayoritarios−, combatieron al franquismo desde el minuto uno de distintas formas, lo que les supuso ser perseguidos por la dictadura. (Hay investigaciones recientes que lo demuestran, como, por ejemplo: Una represión olvidada...; Antifranquistas de boina roja... Carlistas contra Franco..., etc.)... 

No se duda de que algunos de ellos fueron victimarios en Navarra −el carlismo no solo lo ha reconocido, sino que ha pedido perdón−, igual que otros carlistas fueron víctimas en el resto de Euskal Herria y España. Ello fue consecuencia de una guerra que los propios carlistas contribuyeron a crearla. Cierto. Aunque otros historiadores, como por ejemplo los autores, de Fuego Cruzado, demuestran en otra reciente investigación que, durante el periodo del Frente Popular, la guerra ya estaba servida −lo reconocían Azaña y Prieto− por causa de la violencia de grupos de derecha e izquierda. Tanto los que decían apoyar a la república, como los que la atacaban. Por supuesto, ninguno de ellos era demócrata. Porque en la época de entre guerras, demócratas había bien pocos. 

Llamar «fascista» a quien no te guste es un recurso cómodo, un insulto, para denigrar o recibir el aplauso fácil de los tuyos, pero no para definir al carlismo; este no fue nunca fascista, la primera mitad de franquismo fue tradicionalista, que es otra cosa, y más tarde fue socialista-autogestionario. Sobre la calificación de «genocida», no deja de ser también un acto de ignorancia o de mala fe; el genocidio es otra cosa. 

Los ocho ateneístas tratan de insultar al periodista e investigador Manuel Martorell, porque dicen que su padre fue «un militar golpista» y «mando militar del ejército franquista». Pues bien, el padre, Tomás Martorell, fue un voluntario requeté que salió de su pueblo como tal, para defender sus ideas. Terminó de militar −teniente− y ¡qué curioso! En 1943 fue represaliado por sus actividades antifranquistas y con su esposa y tres hijos, tuvo que abandonar su vivienda militar al ser expulsado de ella. Pues bien, esos que insultan a Martorell no sé si pensarán lo mismo sobre los militares de la Unión Militar Democrática (UMD) que también lo fueron del «ejército franquista». Pero para más datos, Tomás Martorell, fue uno de los fundadores de los Grupos de Acción Carlista (GAC) un grupo que combatió al franquismo con las armas en la mano. Uno de sus comandos, en 1970, intentó interferir el discurso de Fin de Año de Franco, para emitir una proclama en favor de los condenados a muerte en el Proceso de Burgos. Otros miembros de los GAC tuvieron que exiliarse y algunos fueron sometidos a consejos de guerra y condenados a muchos años de cárcel (uno de ellos uno de los trece hijos de Tomás Martorell). Curiosamente, en esta época de violencia, los GAC no mataron a nadie. 

Resulta falaz también decir que el carlismo javierista «trabajara en la dirección indicada por Franco». Claro, por eso sus máximos dirigentes, don Javier o Manuel Fal Conde, fueron expulsados de España ya en los años de guerra, y otros muchos lo fueron en la inmediata posguerra por no acatar las directrices del dictador y su régimen, también por ello los enfrentamientos con los falangistas estuvieron a la orden del día, por eso estos atentaron contra los requetés reunidos en un acto en Begoña en 1942, cuando les lanzaron dos bombas y provocaron tres muertos y más de cien heridos entre los carlistas. Y eso por no hablar de las manifestaciones que hubo por distintas capitales españolas −entre ellas Pamplona− en 1945, claramente antifranquistas y en favor de don Javier, recién liberado por los aliados de un campo de concentración nazi, al que le habían llegado por hacer la resistencia en la Francia ocupada. 

Es cierto que, en 1955, la oposición y la represión habían llevado al carlismo a un cierto cansancio, por eso se abrió un paréntesis de no beligerancia con el régimen. Fue en ese contexto cuando se intentó promover en España a Carlos Hugo para que fuera el futuro rey, pero Franco lo tenía claro y por eso, incluso en esa década de no beligerancia, la represión contra los carlistas, aunque disminuyó no cesó, hasta que finalmente afectó también toda la familia Borbón-Parma que fue expulsada por enésima vez. 

José Ángel Zubiaur fue uno de los varios Procurador en Cortes carlistas, elegidos por el Tercio Familiar en 1967, que, desde dentro de ellas, cuestionaron leyes injustas del franquismo, presentando alternativas democráticas. También promovieron las llamadas Cortes Trashumantes que viajaban por la Piel de Toro para hacerse eco de los problemas de la gente común, hasta que fueron prohibidas por la dictadura franquista. También promovieron el reconocimiento de los militares republicanos y la reconciliación entre los contendientes de la guerra. 

Los mayores antifranquistas de la posguerra fueron los comunistas del PCE; aunque en 1945 eran de tendencia «republicana y revolucionaria», y habían defendido la república, aún no eran demócratas −igual que los carlistas−. Sin embargo, veían en los requetés carlistas un colectivo tan antifranquista, que su líder, el navarro Jesús Monzón, los tuvo en mente para la formación de la «Unión Nacional» contra la Falange y Franco. Y es que el PCE, siempre estuvo coqueteando con el carlismo, precisamente por su carácter antifranquista y popular, pero fue en los años setenta cuando ya llegaron a acuerdos políticos −también con el resto de la oposición−, primero en comisiones obreras (las del Metal se fundaron en un Círculo carlista de Madrid), en la Junta Democrática y más tarde en la Platajunta. 

Investiguen y comprobarán que, en contra de lo que dicen los del Ateneo, el antifranquismo, con mayor o menor medida −y la consiguiente represión−, estuvo presente durante toda la dictadura... y después contra sus herederos, quienes continuaron combatiéndolo como sucedió en el crimen de Estado de Montejurra-76, donde elementos de extrema derecha neofascista, amparados por Policía, Guardia Civil y las cloacas del Estado, asesinaron al cántabro Aniano Jiménez Santos y al estellés Ricardo García Pellejero, amén de muchos heridos de bala y golpes. Por lo tanto, es una auténtica falacia que los del Ateneo nieguen el antifranquismo carlista. 


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