¿La verdad puede engañar?

Claro que sí; quien sabe decir intencionadamente medias verdades, puede engañar como si dijera mentiras. He aquí dos ejemplos en el caso de Iruña-Veleia:

2017/06/02

la Diputación Foral de Álava decidió que los grafitos hallados por los arqueólogos eran falsos y que el culpable era Eliseo Gil, y, con toda su autoridad política, lo aireó insistentemente en los medios.

Un catedrático de la Universidad del País Vasco, con toda su autoridad académica, declaró que en algunas piezas se había encontrado pegamento moderno [verdad], pero no siguió explicando [media verdad] que eso es lo normal en arqueología. Así hizo creer a los ciudadanos que el pegamento moderno era una prueba de falsedad [mentira]: todos los arqueólogos utilizan pegamento para unir partes de algo que aparece roto y así presentarlo adecuadamente.

Algunos medios publicaron que había rastros de metales modernos que ni siquiera existían en época romana [verdad], pero no continuaron explicando [media verdad] que esos rastros estaban en las superficies. Así hicieron creer a los ciudadanos que los metales modernos eran una prueba de falsedad [mentira]: en la superficie aparecen todos los rastros de lo que han dejado quienes han manejado dichas piezas.

Las piezas habían pasado por las manos de siete instituciones por lo menos: los arqueólogos que las descubrieron; la Diputación, que las tiene en su museo, ya que siempre han estado en manos de la Diputación acusadora, sin que el Juzgado se haya hecho cargo nunca de la custodia neutral de las pruebas; algunos expertos que se dignaron verlas para hacer sus informes para la Diputación; una empresa que por encargo de la Diputación analizó grafológicamente los grafitos; la Guardia Civil y la Ertzaintza, a quienes el Juzgado ordenó que analizaran unas piezas, pero las devolvieron porque sus laboratorios no eran competentes para ello; el Instituto del Patrimonio Cultural de España, a quien el Juzgado envió piezas para analizarlas seriamente, pero solo analizó las superficies y concluyó que había rastros de metales. Todos ellos tocaron muy recientemente las piezas y dejaron rastros de metales.

En estos dos ejemplos hemos visto que la verdad (a medias) engaña; pero en el caso de       Iruña-Veleia también se han dicho mentiras. El comienzo de toda esta sinrazón es la orden foral de la Diputación que expulsó a Eliseo Gil del yacimiento argumentando que entre los miembros de la Comisión Científica Asesora hubo unanimidad científica de que los grafitos eran falsos [mentira]: el acta deja claro que no fue así.

Dicha orden foral también decía que se basaba en los informes presentados por los miembros de aquella comisión, informes que obraban en su poder [mentira]: de los once informes, solo uno tiene el sello de entrada anterior a la reunión.

A pesar de ello, el Juzgado admite en sus diligencias el contenido de la orden foral, y, por fin, parece que va a haber juicio: Eliseo Gil y los grafitos van a tener ahora el derecho de expresarse ante el tribunal públicamente, sin trabas políticas, académicas, mediáticas ni (es de esperar) judiciales.

En cualquier caso, para conocer mejor la historia y los detalles de este sinsentido, está entre otras la página www.veleia.fontaneda.net, que lo que expone lleva adjunto el documento acreditativo.

2017, año de la rehabilitación de Eliseo Gil.

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