Juan Mari Arregi

Las misas dominicales de Olarra en su acería de Larrondo

En medio del 90 aniversario del golpe militar de Franco, no está mal recordar algunos aspectos de todo lo que supuso aquella operación para la sociedad española y para la vasca. El empresarial es un sector importante de aquel tiempo que estuvo ligado también a la política franquista.

Luis Olarra, que este mes habría cumplido 94 años, es un modelo de lo que fueron los empresarios franquistas. Luis Olarra Ugartemendia nació en Tolosa el 23 de agosto de 1932 y falleció el 22 de noviembre de 1994 en un hospital especializado de Houston (Texas, EEUU), donde recibía asistencia médica por un tumor cerebral. 

Inició sus primeros estudios en el Colegio de los Escolapios de su pueblo natal. Continuó su bachillerato en los Padres Agustinos de Bilbao. Tras iniciar sus trabajos muy joven en Trefilerías Nervión, inauguró en 1957 la primera planta de Aceros Olarra, en Larrondo (Loiu −Bizkaia) con 50 operarios que años después pasaron a ser varios cientos. En 1962 es nombrado presidente de Aceros de Llodio y en 1964 participó en la fundación de Tubacex. 

Posteriormente formó parte de la creación de Aceros Finos Reunidos, con once empresas del acero, con gran exportación a EEUU, URSS y la CEE. Años más tarde, en 1977, sería uno de los creadores de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, CEOE, de la que fue vicepresidente. Tres años después, Aceros Olarra pasaría a formar parte de Acenor (1980), junto con otras plantas de Basauri, Aceros Llodio, SA Echevarría, Aforasa de Azkoitia etc. Hoy es Aceros Inoxidables Olarra SA, con Rodacciai como su mayor accionista. 

Olarra no se olvidó de la política y llegó a ser procurador y senador de las Cortes franquistas. Pasó por la Unión Foral en 1979 y, tras su disolución, fue miembro del Comité ejecutivo y de la Junta Directiva Nacional de Alianza Popular, AP, con Fraga Iribarne, hasta 1976. Crítico con algunos dirigentes de su partido, fue expedientado y finalmente abandonó el partido aliancista. 

Como «gran empresario», se dijo que fue uno de los primeros objetivos de ETA y de los primeros a los que exigió «el impuesto revolucionario». Esa situación le llevó a encabezar el movimiento empresarial en contra del pago de dicho «impuesto». No solo eso, sino que, según informaciones de aquellos tiempos, participó también en la financiación de la «guerra sucia» contra la organización armada vasca. 

Un aspecto que nunca ha trascendido ha sido la vinculación de Olarra empresario con la Iglesia. Mantuvo buenas relaciones en Bizkaia con su obispo, también franquista, el navarro monseñor Pablo Gurpide (1898-1968), que un año antes, 1956, inició su andadura episcopal en Bizkaia... 

Los orígenes de la empresa de Aceros Olarra estuvo ligada a la fuerte inmigración de aquellos años: gallegos, extremeños, andaluces, etc. La acería de Olarra funcionaba a relevos día y noche, y su dueño, católico practicante, tuvo interés en que sus trabajadores pudiesen cumplir con el precepto de la misa dominical. Para ello logró un acuerdo con el obispo. Este encomendó a los sacerdotes de la parroquia de Loiu la tarea de atención pastoral también con la misa semanal en la empresa de Olarra en Larrondo. Los domingos, dicha acería, tal vez única en el mundo, se convertía así en una iglesia en la que los trabajadores, eso sí, de forma «voluntaria», pudieran acudir a su misa dominical. 

Esa misa se vino celebrando al menos desde la fundación de la acería vasca en 1957 hasta 1970. Su primer oficiante fue el sacerdote de la parroquia de Loiu don Juan Antonio, al que siguió don Pantaleón. Ambos ya fallecidos, queda un testigo celebrante de aquella misa dominical, en los años 1967-1968, que recuerda la celebraba «a unos metros de aquellos chorros de hierro incandescente». 

Compañero de quien suscribe, aquel entonces joven coadjutor de Loiu-Larrondo tuvo sus graves dudas de ejercer esta misión en la acería de Olarra. Buscando su salida, mantuvo una reunión con Rafael Belda, un sacerdote relevante de la diócesis vizcaina, para consultar esta enmienda episcopal. «Fui a verle− recuerda− con la inquietud que vivía yo con aquella celebración de una misa en una fábrica a unos metros de aquellos chorros de hierro incandescente donde sudaban aquellos obreros». 

«Belda no se mojó», me dice mi compañero que reconoce que «tal vez tenía razón para no mojarse, ya que la salida la tenía que encontrar yo mismo». Y así fue. «La encerrona en el seminario de Derio en noviembre de 1968 fue la que me obligó a abandonar aquella misa dominical en medio de los hornos... Fue mi liberación». 

Otro aspecto importante del empresario Luis Olarra era su manejo de la bolsa y de la prensa económica. Olarra tenía su avión particular. El 27 de junio de 1977 cedió gratuitamente su avión a Manuel Ortínez y Joseph Tarradellas, para facilitar la «Operación Retorno» y la creación de la Generalitat. Ambos viajaron a Madrid, junto a Carlos Sentís, para entrevistarse con Adolfo Suárez y Juan Carlos I en el primer viaje de Tarradellas desde el final de la guerra civil. 

Ese avión privado, además, le servía a Olarra para tener bien «alimentados» a un grupo de periodistas y analistas vascos de "La Gaceta del Norte", "El Correo Español", "Hierro", y otros corresponsales económicos del Estado afincados en Bilbao. Galicia, relativamente cerca, se podía hacer el viaje en el día en el avión de Olarra. Buen marisco y buenos caldos gallegos ayudaban a tener «manejada» la Bolsa bilbaína, de las más importantes del Estado español. ¡Buenos, económicos y rentables para Olarra aquellos viajes aéreos! Dueño también de sus Bodegas Olarra en la Rioja, seguro que éstas esconden muchas otras historias de este empresario franquista...

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