Patxi Zabaleta

Lenguaje inclusivo y RAE

Los espectáculos de la RAE de los últimos tiempos, desde sus debates publicitados sobre las tildes hasta sus inaceptables posicionamientos en defensa de la colonización española, pasando por su retrógrada y antijurídica actitud con respecto a los sistemas educativos propios de las autonomías, causan vergüenza ajena.

Entre los verdaderos problemas de la lengua castellana –los hay externos e internos–, no está el de su confrontación con las lenguas apodadas como «vernáculas», sino el de su degradación en todo Norteamérica y en las redes culturales y científicas internacionales, como problema externo, y el de su incapacidad de dar respuesta a la reivindicación culturalmente importante de lenguaje inclusivo en la configuración interna.

Las lenguas son un invento humano basado en la «otredad» –traducción del concepto vasco «bestetasuna»– y en la convención lingüística, la cual aparece en el diálogo "Cratilo" de Platón, dedicado a su maestro y único discípulo de Heráclito, que le da nombre. Como tal invento que son, las lenguas están sujetas necesariamente a su adecuación al entorno y a la historia, y, por lo tanto, a su modificación, evolución y «aggiornamento».

¿Cómo no va a ser técnicamente, estilísticamente y lingüísticamente posible un lenguaje inclusivo, si una parte importante de la sociedad así lo quiere y lo desea, y si el castellano tiene esa deficiencia que, por ejemplo, el euskara, no tiene? La cuadrilla de académicos de la RAE, convertida en jauría cuando se trata de hacer justicia con los derechos de las lenguas autonómicas, se unifican, sin embargo, en la retrógrada actitud de obstruir académicamente la inclusividad lingüística. Sin embargo, la realidad es que todos los días se inventan numerosas palabras de carácter interlinguístico, por su adscripción científica, unas traídas del griego, otras del latín y, actualmente, muchas del inglés y otras lenguas modernas. ¿Cómo excluir el lenguaje inclusivo en esta evolución que es paralela y similar a la de otras lenguas?

La RAE (que se debiera de llamar AC, es decir, Academia Castellana), no es la única institución de rancio abolengo que incurre en tales actitudes. La academia francesa, fundada por Richelieu, que admitió recientemente entre sus miembros al criollo Vargas Llosa, cae también una y otra vez en el ridículo de ser más constitucionalista que la propia constitución de la República Francesa, sin recordar que las igualdades revolucionarias deberían haber alcanzado también la igualdad lingüística.

La realidad es que una lengua sin academia, como es el inglés, se expande vertiginosamente en todos los mundos de la comunicación social, ocupando espacios sin que las academias estatalistas tengan ninguna capacidad frente a ello. Y es que las academias estatalistas, como cualquier instrumento del centralismo, solo agreden a las lenguas minoritarias.

En las lenguas sin Estado, como es el caso de la mayoría de las a veces mal llamadas «minorizadas», el quehacer académico tiene que cubrir espacios que en los ámbitos estatales cubren –muchas veces con injusticia– las estructuras estatales, incluidas las jurisdiccionales. Todas las leyes, normas y sentencias en las que se otorga a una de las lenguas oficiales un rango superior y a otras un rango inferior, son injustas. La argumentación de la igualdad de oportunidades, basada en el diferente rango de las lenguas, es una argumentación desequilibrada en sí misma.

Durante decenios, el españolismo hizo argumento propagandístico de la monserga de que «si yo llevo a una hija o hijo al médico, lo que quiero es que lo cure, no que le hable en euskara». Argumentación que degradaba a la hija o hijo a la condición de animal y que, por ejemplo, en los padecimientos psíquicos, resultaba ofensivo. Ahora, el TSJPV se ha degradado a emular lo que los tribunales de Navarra han hecho durante decenios, incurriendo en la aberración de que, por ejemplo, para ser juez se exige la titulación correspondiente..., lo que implica discriminación.

Las academias de las lenguas sin Estado tienen que cubrir en ocasiones los quehaceres que los Estados cumplen. Pero la progresión en el reconocimiento político y social constituye un imperativo. La academia del euskara, si ha de ejercer un asesoramiento oficial, debería tener sede oficial en cada uno de los territorios, tanto en Navarra, como en Iparralde, porque la figura subordinada de delegación no es acorde con funciones de asesoramiento oficial, ni es conforme con los principios fundacionales.

Los espectáculos académicos poco ejemplares esconden sin embargo con frecuencia disputas sobre temas mucho menos confesables y uno de ellos, enormemente importante, es el de la inteligencia artificial y las importantes cantidades de recursos y expectativas que se mueven a su alrededor. El destronamiento del señor De La Concha, que quería seguir después de catorce años, no obedeció solo al incumplimiento estatutario, ni tampoco a los debates sobre las tildes, ni sobre los acuerdos sobre la obstrucción del lenguaje inclusivo –que, pese a quien pese, se acabara imponiendo–, sino sobre materias mucho más prosaicas. Las permanencias prolongadas en los cargos, que aquí también nos afectan, no solo entrañan ostentación y oscurantismo, sino también esterilidad.

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