Amaia Urizar, Jon Zaldua, Marta Picaza, Raul Alonso, Igor Zearreta, Ainara Gorostiaga, Mikeldi Diez y Gorka Loran
Red de Personas Torturadas de Euskal Herria

Lo decimos alto y claro: somos víctimas de la tortura

A quién le gusta verse a sí misma como víctima? No, no es fácil aceptarlo: sí, nos torturaron; la brutalidad de distintas policías nos convirtió en víctimas. Algunas de nosotras lo denunciamos, otras no tuvimos fuerzas para hacerlo, y otras perdieron la vida a manos de quienes las torturaron.

Miles de personas, miles de corazones, miles de realidades distintas unidas por un hilo doloroso y cruel: la tortura. 

Durante años hemos guardado para nosotras lo sufrido; algunas personas buscando sanar, otras aprendiendo a convivir con esa carga. Pero, de una forma u otra, todas hemos llevado este dolor dentro, oculto en lo más profundo.

Hace dos años pusimos en marcha la Red de Personas Torturadas de Euskal Herria. Fuimos pueblo a pueblo y barrio a barrio tejiendo la red, empoderando a las personas torturadas y siendo altavoz de nuestra propia realidad; siendo a día de hoy más de 1.600 personas agrupadas en la red.

Hoy, 26 de junio, Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de la Tortura, es imprescindible daros las gracias a todas, y al mismo tiempo, felicitaros. 

Al mirar atrás y repasar el camino recorrido durante estos dos años, creemos que tenemos motivos para sentirnos orgullosas. 

Hemos logrado que la red llegue a todos los rincones de Euskal Herria; el trabajo comunitario de todas está dando sus frutos y, aunque todavía queda mucho por hacer, hemos llegado hasta aquí gracias a todas vosotras. 

Enhorabuena y muchas gracias a todas las personas que trabajáis en la red, tanto a quienes habéis sido torturadas como a quienes, sin haberlo sido, habéis decidido apoyarla; vuestro trabajo, esfuerzo y compromiso son los que hacen posible que la red siga viva.

«Lo importante no es lo que nos hicieron, sino lo que somos capaces de hacer con lo que nos hicieron». 

Y esa es nuestra filosofía. Sí, nos torturaron sin piedad; algunas de nosotras seguimos heridas, otras hemos conseguido dar la vuelta a ese dolor, pero desde entonces, en todas nuestras «mochilas», visibles u ocultas, llevamos nuestra cicatriz. 

Y hemos decidido darle sentido a esa carga. No aceptamos que no sea más que una piedra incómoda y pesada en el fondo de la mochila; no, hemos reunido todas nuestras piedras encima de la mesa para convertirlas en herramientas de trabajo. 

En este sentido es imprescindible dar las gracias a todas las personas que nos están facilitando el camino, porque es importante sentir que esta apuesta es de todas. Euskal Herria merece la verdad; las próximas generaciones deben saber que miles de vascas fuimos torturadas a manos de diferentes cuerpos policiales, Guardia Civil, Policía Nacional, Ertzaintza, etc., y que dieciséis compañeras fueron asesinadas bajo tortura. 

Y sí, somos conscientes de que este es un pasaje oscuro de la historia de este pueblo; precisamente por eso trabajamos, no para abrir heridas ni para remover el pasado sin sentido. 

Exigimos al Estado la garantía de que algo así no vuelva a ocurrir en Euskal Herria. Pedimos al Gobierno de Navarra que siga dando pasos en esta dirección. Del mismo modo, reclamamos que en la CAV se active la Ley de Reconocimiento de las Víctimas del Estado, sin límite temporal, poniendo todos los medios necesarios para que las personas torturadas podamos presentar nuestros casos cuando sintamos la necesidad de hacerlo, cuando estemos preparadas. 

Si de verdad se quiere actuar con honestidad desde las instituciones vascas, es imprescindible reconocer que la tortura se ha utilizado de manera sistemática en Euskal Herria durante décadas contra muchísimas personas; no fueron cuatro casos aislados ni la conducta puntual de cuatro locos. 

Al denunciar lo sufrido, además de negarlo, se nos ha acusado de mentir, tratando de ocultar su crueldad al escribir la historia de nuestro pueblo, en la memoria de este pueblo. Y no estamos dispuestas a aceptarlo. 

Por eso estamos aquí, porque somos el rostro y la voz de nuestra verdad; porque seguimos vivas para contar en primera persona las atrocidades sufridas, y estamos aquí en nombre de los dieciséis compañeros asesinados en ese infierno. 

Dicho esto, nos vienen a la cabeza las amistades y familiares que están a nuestro lado en este camino, porque en la mayoría de los casos han sido ellas quienes han puesto voz y rostro a nuestras denuncias de tortura, apartando sus miedos y sacando fuerzas desde el amor más profundo. 

Y ahora trabajan con nosotras tejiendo la red, tirando de los hilos que el dolor de aquellos años tejió. Sabemos que daros las gracias es poco, pero gracias de corazón. 

Y eso es la red: un refugio, una fortaleza para quien lo necesita; la herramienta elegida por algunas para ahuyentar sus fantasmas. La red ofrece un espacio para sentirse comprendido y no tener miedo a ser juzgado. 

La Red de Personas Torturadas de Euskal Herria somos todas nosotras; una semilla surgida del dolor más cruel. 

Gracias a todas las personas que habéis puesto vuestras piedras sobre la mesa, vamos todas juntas en este camino. 

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