Víctor Manuel Arroyo

Los derechos no se pierden con la edad

La pandemia ha puesto en evidencia la decadencia del sistema de cuidados.

Hemos dejado el cuidado de nuestros mayores en empresarios y fondos buitres. No nuestras viviendas, no, a nuestros mayores. Si antes era evidente que faltaba atención personalizada, ahora con la pandemia y con priorizar la vida frente al virus, nos hundimos.

Se venía denunciando que estaban aparcados, que el personal era insuficiente y que claramente el trato personalizado brillaba por su ausencia. Basta decir que no se llega a una hora de atención por persona diaria. ¡Alarmante! Los familiares se encargaban de su movilidad y atención psicosocial de lunes a domingos, los 365 días del año. Mientras las empresas a ahorrar y la Diputación a mirar para otro lado, cubierto servicio. No salían a la calle si no era con el familiar y ahora mucho menos. Encerrados, sin movilidad, sin visitas, sin contacto con su seres queridos. Han perdido la vida, otros los afortunados la quieren perder. Algunos dejaron de comer y sin más se dejaron morir. Los que quedan siguen encerrados, sin exteriores, sin movilidad van a silla de ruedas sí o sí, deterioro cognitivo, pena, abandono.

La pandemia ha puesto en evidencia la decadencia del sistema de cuidados.

Un sector precarizado, con mucha rotación y poca estabilidad, vamos, lo de siempre pero con el agravante de que son personas dependientes y que ya llegan a los centros, la mayoría, privados concertados, con un grado dependencia muy muy avanzado. Y las únicas que trabajan de lunes a domingos, las gerocultoras, limpieza y enfermeras (todo en femenino). Como pagamos poco... de hecho el sistema sanitario lo pagamos por duplicado, el del centro y el de Osakidetza. ¿Por qué no son médicas y enfermeras de Osakidetza las que atienden a los centros residenciales y con equidad de personal por residente? Las plazas cuestan de 2.500 a 3.500 independiente de si es privada o pública concertada, está última sale incluso más cara. Creemos que es precio suficiente para una atención digna, ética y diaria. No se entiende que durante el fin de semana sea habitual derivar a urgencias de Osakidetza porque no hay atención presencial en los centros. Esto fuera de pandemia porque ahora se vuelven a aparcar en centros, mal llamados de seguridad para no extender el virus. Será la seguridad del que no tiene que ir porque el que va, poquitos boletos de volver. ¿Cómo sacas a una persona dependiente con alzheimer, demencias, deterioro cognitivo de su entorno? Pues lo sentencias. No veo yo que se tomen las mismas medidas en el ámbito social o laboral. Ni parecidas.

A las familias nos resulta sangrante que no se haya salvado sus vidas, que hayan fallecido solos, que se les siga condenando a presidio en honor a salvar sus vidas... ¿no será más bien a no colapsar hospitales? Les importan una auténtica mierda cuando vulneran sus derechos y libertades sin preguntarles nada, que digo, sin tan si quiera mirarles, hablarles, tocarles... sin saber sus nombres. Les importan una mierda cuando en estos seis meses no se ha podido garantizar nada, ni la atención de los que sobreviven. Ni la atención digna, ni antes ni ahora.

Es un auténtico honor dedicarse a éste sector porque no hay mayor dignidad que atender al que te dió la vida. Pero, válgame Dios, dotenles de medios, los milagros son difícilmente sostenibles en el tiempo.

Eskerrik asko!

A todas las aitites y amamas, a todas las personas que día a día les despiertan con cariño y una sonrisa y que aún cambiando de planta doce veces al mes se saben sus nombres. Os queremos.

Bilatu