Iñaki Uriarte

Marquesinas peligrosas en Bilbao

Es inaceptable esta agresión al paisaje urbano perpetrado por los lucrativos intereses de una empresa con el beneplácito de un político impositivo.

Desde hace unas semanas se ha empezado a sustituir las marquesinas de paradas de autobús urbanas de Bilbao, en este negocio también se piensa después en las del territorio, por otras al parecer proyectadas por el estudio de arquitectura e ingeniería Foster & Parteners para la empresa francesa de mobiliario urbano Decaux. El nombre de la autoría es una excusa para engañar a la población como si el objeto proyectado fuera un sinónimo de funcionalidad y belleza, con el señuelo de que se podrá ver la hora y la temperatura y cargar el móvil durante la espera del autobús, en la creencia de que es una aspiración universal.

Este fanatismo consumista, que supone un despilfarro de 9,7 millones de euro es un gigantesco negocio para la empresa que decide e impone esta dudosa operación, de desechar lo que es útil en contra de todos los principios básicos medio ambientales de reutilización, solo se entiende por un interés disimulado de los políticos con banales y sospechosos argumentos.

No es casualidad que sea el Área de Movilidad y Sostenibilidad que dirige Alfonso Gil del PSOE la que tiene estas atribuciones, es el prototipo de político demagogo, populista e incluso incapacitado para la función que le corresponde. Pero ya se sabe quien lo ha colocado en este cargo. Una estirpe a extinguir muy propensa a estas circulaciones de dinero que producen retenciones personales.

Las innecesarias marquesinas que se están implantando, 253, por parte de la filial de Decaux monopolizadora del mobiliario urbano en muchísimas ciudades en las que impone indistintamente sus productos y se basa en un nombre famoso, Foster, aunque quien en realidad las proyecta es alguno de los centenares de técnicos en diferentes temas de su gigantesca empresa.

Estas que se instalan son la muestra de un pésimo por rutinario y repetitivo diseño con leves modificaciones de un modelo básico. El asiento solo tiene 98 centímetros de anchura es decir válido para una sola persona o dos criaturas, especialmente con los nuevos parámetros ergonomicos del diseño urbano postpandémico.

El asunto es facturar aunque lo pague la citada empresa a base de contaminar con publicidad la ciudad, por supuesto despreciando el euskera, incluso en zonas prohibidas por sus circunstancias restrictivas culturalmente, pero al Ayuntamiento de Bilbao el patrimonio y el paisaje incluido el lingüístico nada le importan.

Son muy peligrosas ya que el tóxico panel de contaminante publicidad luminosa de 232 cm de altura, y 133 de anchura acapara todo el lateral de la marquesina hasta el suelo con lo que cualquier viandante se encuentra inseguro ya que detrás del mismo puede ocultarse un mal intencionado. Esto no sucedía con las anteriores, mucho más ligeras visualmente y con un diseño propio, singular donde el lateral queda exactamente a 30 cm del suelo con lo que si alguien se escondiera se le verían los pies. Incluso aunque no hubiese intención delictiva, la simple sorpresa en horas oscuras de ver repentinamente a una persona tras un obstáculo no es agradable. Un motivo de seguridad a considerar imprescindiblemente cuando se proyecta un elemento urbano.

Esta turbia operación sorprende que no haya tenido un fulminante rechazo de asociaciones de todo tipo vecinales, feministas en su condición de puntos peligrosos, e incluso de los grupos municipales de la oposición a los que ya advertí hace tiempo, con los que gobiernan es imposible dialogar son una tiranía. Es inaceptable esta agresión al paisaje urbano perpetrado por los lucrativos intereses de una empresa con el beneplácito de un político impositivo. Por todo ello como primera medida es imprescindible eliminar el panel publicitario y sustituirlo por una hoja de vidrio, es una variación, como se ha hecho en algunas marquesinas situadas en lugares más complicados. No tardarán en ser rechazadas por los usuarios. El concejal Gil, por razones de ética y honradez política, debería explicar detalladamente porque ha iniciado esta operación comercial de la que muchísimos sospechamos tiene algún interés particular. ¿El alcalde tampoco no tiene nada que decir ante este nuevo descalabro?

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