«Ni chicha ni limoná» o el misterio de la tierra de Bidegi dos años después

Decía esta semana un técnico nada aséptico de la Diputación Foral de Gipuzkoa en su intervención ante las Juntas Generales a cuenta del procedimiento judicial de Bidegi (Tramo Eskoriatza Norte-Arrasate Norte), que el informe pericial que sustentaba la primera querella presentada en noviembre de 2014 por el gobierno de Bildu sobre el depósito de sobrantes de Basagoiti en Aretxabaleta «no había metido la chicha de la obra, el histórico», al que yo replicaría que lo que no tiene «ni chicha ni limoná» fue su pobre explicación sobre las causas de tanta irregularidad. Muy similar a la que dieron en enero de este año sobre el contrainforme elaborado por ellos en relación al otro tramo de la AP1 (Tramo Arlaban-Eskoriatza Norte) para intentar desmontar los informes periciales que sustentaron la otra querella.

2016/10/09

Evidentemente, tamaño discurso estaba preparado no sólo para tratar de confundir al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 2 de Azpeitia en el Procedimiento Diligencias Previas 1368/2014 sobre malversación de fondos y falsedad documental, sino sobre todo para dar pie a que la actual Diputada de Infraestructuras Viarias, la Sra. Oiarbide del PNV, anunciara que solicitarán el archivo de la querella. Algo parecido a alguna solicitud de nulidad de actuaciones en un recién estrenado y archifamoso juicio de Madrid. ¿Les suena? Pues esta semana ha quedado claro: El PNV es a Bidegi lo que el PP a Gürtel. ¿Alguien esperaba otra cosa? Yo desde luego no. Ya lo dije en este mismo espacio hace unos meses en un artículo titulado “Bidegi: Todo según lo previsto”. Efectivamente, este nuevo capítulo estaba previsto. Es obvio que el PNV no quiere investigar irregularidades e ilícitos penales tan graves como los cometidos por ellos mismos en un gobierno anterior. Obvio y hasta lógico.

Pero vayamos a la chicha del asunto y hagamos memoria. Recuerden que cuando presentamos la querella porque en el depósito de sobrantes de Basagoiti faltaban 900.000 metros cúbicos (el estadio de Anoeta entero lleno de tierra y casi medio millón de euros públicos abonados) la reacción, demasiado enérgica por cierto, fue que la tierra estaba allí. Obviamente, con anterioridad a la interposición de la querella se había contrastado este dato tanto con los informes topográficos de la propia diputación anteriores a que accediéramos al Gobierno Foral, como por mediciones aéreas realizadas por el Gobierno Vasco, además de las realizadas por la UTE Girder-Saitec, Team y Doitu, cuatro empresas distintas e independientes entre sí. Todos determinaban que faltaban 900.000 metros cúbicos. Hasta uno de los investigados (antes imputados) reconoce en su declaración ante el juez «que hubo un desliz». Ante esta irrefutable tesitura, en enero de 2015, varios meses después, el relato se fue moldeando hasta que una portavoz del PNV salió diciendo que la tierra estaba en los laterales de los túneles y en la realización de falsos túneles. El relato se ha sofisticado otro año y pico después (dos años después de la querella) y ahora se nos dice que las tierras se han empleado para recuperación paisajística. Permítanme que me ría.

Pero no queda ahí la cosa. Se han atrevido a decirnos que hemos ahorrado (los guipuzcoanos) una cantidad importante de dinero por llevar las tierras a otros lugares porque el depósito no estaba habilitado (lo cual es cierto) y que encima hemos abonado el precio de transporte mucho más barato. Un chollo, vaya. O que las catas realizadas por nosotros en los túneles de ese tramo no dan los espesores de hormigón abonados porque quizá no hemos tocado la roca. Pero fíjense, en el 2009 y en el 2015 el hormigón tiene el mismo espesor; sorprendentemente los tres túneles de este tramo son mucho más gruesos en el 2011. Y esto de lo que hemos visto que han dicho. ¡El informe será para leerlo!

La cuestión de fondo es que si los tramos se inauguraron en 2009 y se habían ido abonando en función de lo que se iba ejecutando, por qué la liquidación de la obra dos años después y en vísperas del relevo de gobierno esas mismas partidas ascienden en 30 millones, «retocándose» la barbaridad de 88 partidas que ya estaban cerradas en 2009. Y esto aún no lo han explicado.

Y es sencillo. Lo dice muy claro el email enviado por el contratista al Director Técnico de Bidegi y que consta en las actuaciones judiciales: «Considerando estos presupuestos finales voy a justificar los precios y las mediciones». Es decir, que primero acuerdan cuánto se pagará la obra y luego arman el muñequito. O este otro: «Esa cuenta tonta nos salió 120 millones… Podría ser más, pero eso ya con los políticos». La negociación del acuerdo económico se pacta con los políticos.

Aportaré un tercer email que corresponde al otro tramo investigado pero que explica muy bien el modus operandi: «al final hemos cargado más los túneles pues es donde más presupuesto hay y las unidades son más apropiadas». Cargar, que significa inflar números para cobrar más.

Y el cuarto email ilustrativo: «el acuerdo final ha sido 258 millones, he subido la cifra de mediciones de 242 a 268». Subir la cifra de mediciones significa que se han inflado e inventado unidades de obra para reclamar que se abone más dinero y se llegue a la cantidad que han acordado los políticos y las constructoras.

Dos apuntes más sobre la chicha o el histórico: ¿Por qué los querellados no han aportado ningún informe pericial concluyente, sino que ha sido la Diputación la que ha presentado informes que los exculpan? ¿Por qué tanto interés en defenderlos?

Y por último: si tan claro está que se falsea la querella, ¿por qué dice la Unidad de Investigación Criminal y Policía Judicial de la Ertzaintza en una ampliación de atestado remitido el 15 de abril de 2016 al juzgado, que para emitir un dictamen determinante carece de medios y solicita el Auxilio del Estado? La cosa no debe estar tan clara.

Tras cuatro años al frente del departamento inversor por excelencia, con un presupuesto de más de 100 millones anuales a adjudicar a empresas constructoras se ve mucho y sobre todo se constata que el Oasis vasco no existe. No por lo menos en Gipuzkoa y Bizkaia (territorio del cual también he podido obtener numerosos indicios, que no pruebas). E insisto (e insistiré hasta la extenuación): hasta donde hemos podido acreditar, en las arcas guipuzcoanas faltan 30 millones de euros.

Dicho esto, imagino a Andoni Ortuzar verbalizando entre sus amigos aquello que el 17 de marzo de 2015 se atrevió a hacerlo en una entrevista en Onda Vasca (pensando que estaba entre amigos, tal vez): «Si la izquierda abertzale quiere acuerdos con el PNV, tiene que ser más leal en todos los ámbitos: no se puede estar por la mañana en los juzgados denunciando y por la tarde pidiendo acuerdos» o por si alguien piensa que se despistó lo repitió en el Twitter esa misma tarde. Quizá el EBB y el GBB piensan que ahora que se está debatiendo de grandes acuerdos de país, nos vamos a callar ante su ficticio relato. Los acuerdos de país también tienen que significar que nadie meterá la mano en el bolsillo público y que se acabó la corrupción, la personal y la de partido. E insisto: faltan 30 millones.

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