Paciencia estratégica y más
No sé si Arnaldo sabe que el primero que verbalizó la teoría del campamento base fue un Jesús María Leizaola −el de la verruga, que decíamos nosotros irrespetuosamente− tratando de mantener el tipo a la hora de sustituir a un mito, a un José Antonio Aguirre recién fallecido, y de hacerlo en el Centro Vasco de El Paraíso de Caracas del que la Delegación del Gobierno Vasco de París dependía económicamente y tenía ya en su seno una juventud contestataria que anunciaba lo que luego se traduciría en ETA. Venía Leizaola de la gira por la América del Sur, se había entrevistado con su compadre Eugenio Aramburu, sabía que lo del Centro Vasco de Caracas era en 1960 especial. Y dijo: «Prescindir del Estatuto por creer que es poco, es casi como pretender subir al Himalaya sin establecer un campo de base y unos campos intermedios, es, prácticamente, renunciar a subir al Himalaya. El Estatuto es un escalón».
No era la primera vez que Arnaldo Otegi apelaba a la imagen del campo base para explicar (¿justificar?) la actual estrategia de EH Bildu, pero ha sido en una reciente entrevista con el director de GARA cuando la ha desarrollado con más formalidad. Lo que en ella dice parece razonable y comprensible desde la perspectiva de una formación política que aspira a gobernar las instituciones de nuestro país. Si aspiras a gobernar, te tienes que «centrar», tienes que hacerte entender por sectores amplios de la sociedad, tratando eso sí de no dejar demasiados pelos en la gatera y sin olvidar que en las empresas de este tipo el sentimiento, la emoción además de la razón, es imprescindible. Cuando el PNV oficial dice que Bildu le imita, le copia, se desdice, no deja de tener razón. Cuando Otegi reprocha a la Ertzaintza y a EiTB no comportarse hoy de acuerdo a los objetivos invocados en su creación, es normal que los dirigentes del PNV le recuerden quiénes fueron sus promotores y quiénes estaban entonces ausentes: naturalmente, la izquierda abertzale no es hoy la misma, ni tampoco el PNV y las circunstancias. No creo sin embargo que este partido tenga razón cuando le reprocha a Bildu sustituir Euskal Herria por Euskadi, cuando él y sus medios son los principales responsables de que la denominación histórica de Sabino Arana, abrazada por todas las familias del abertzalismo, aparezca a menudo reducida a tres territorios. Y tampoco me parece aceptable que «nación vasconavarra» sirva como equivalente de Euskadi o Euskal Herria, que es lo que he creído ver en el escrito de un conocido «militante de la izquierda abertzale».
Hace unas semanas, dos veteranas personalidades del abertzalismo, zuberotarra uno, Jean-Louis Davant, navarro el otro, Josemari Esparza, hacían sendos balances de situación que reflejaban distintas sensaciones personales ante el momento que vive nuestro país. Davant, que se despedía así de sus colaboraciones en Enbata, repasaba su larga y comprometida vida concluyendo con un mensaje optimista, esperanzador, porque veía a su país mejor de lo que nunca antes estuvo. El balance de Esparza sin embargo ponía de manifiesto unas dudas y temores que las apelaciones a la «paciencia estratégica», a la responsabilidad, a los contextos y el gradualismo, aunque resignadamente aceptadas, no le parecían suficientemente tranquilizadoras. Los dos tienen razón y razones, cuando el abertzalismo de izquierda, la courant abertzale de gauche, o el abertzalismo de narrativa de izquierda, que diría el llorado Ramón Zallo, está en plena adaptación y consolidación a un nuevo y enloquecido tiempo, tras un final de ciclo ni previsible ni previsto.
La prensa del enemigo, cada vez más agresiva y menos decisiva, parece encantada con que una parte de la juventud abertzale se haya organizado fuera y a la izquierda de Bildu. No quieren darse por enterados de que a la izquierda de HB o fuera y dentro de la propia HB siempre hubo y habrá una corriente o unas individualidades notables que se tenían o tendrán más a la izquierda de la línea oficial, más consecuente, por marxista leninista, por autónoma, por ácrata, por lo que sea. No es nuevo, tampoco pasajero. Seguramente, hasta enriquecedor. Por otra parte, no acabo de ver como modelo y precedente de frente deseable ni el de Allende ni el de Mugica, como dice Otegi. A lo mejor bastaba con el espíritu frentista de la primera HB, para ascender ligeros de equipaje hasta el campamento base.