Carlos Sánchez Vicente
Eraikuntza (grupo vasco de historiadores socialistas)

Pedro y el lobo

Todos conocemos el cuento del pastor Pedrito, quien se divertía engañando a las gentes de su pueblo sobre la inminente llegada del lobo, hasta que éste se presentó de verdad, y las gentes de su pueblo, inermes con sus repetidos embustes, perdieron todo su ganado que fue presa finalmente de la voracidad del cánido depredador.

Como en el cuento, lobo, pastor y gentes de un pueblo amenazado han protagonizado en los últimos meses la «actualidad política» en las portadas y espacios relevantes de los media, y como en el cuento ha sido otra vez el lobo el que ha ganado la partida.

El giro brusco del PSOE ante la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del gobierno del Estado Español del «no es no» a la abstención cómplice, ha sorprendido a propios y extraños. El argumento espurio de que unas terceras elecciones serían una catástrofe para la sociedad, encubría el hecho palmario de que ha habido, y probablemente siguiera habiendo tras esos ya imposibles terceros comicios, una alternativa real a la reedición del PP como partido del gobierno: la suma de los escaños del PSOE y de los de distintas formaciones de izquierda y otras formaciones democráticas sellaba la virtualidad de una alternativa que podría haber sido seria y sólida. Una alternativa a la portuguesa se ha denominado en la calle. Pero, como es sobradamente sabido, el PSOE nunca ha estado por esta labor, y así el «no es no» pero sin alternativa alguna posible a la candidatura de Mariano Rajoy acabó relegando al PSOE al feo papel de Perro del Hortelano parlamentario y claro, es cierto, que esa situación no se podía prolongar por más tiempo. Pero vayamos por partes:
   
En primer lugar conviene recordar que bastante antes de las elecciones generales de diciembre de 2015, concretamente en mayo de 2014, el ex-dirigente del PSOE  Felipe Gonzalez apostó ya por una Gran Coalición PP-PSOE en una entrevista concedida al programa “El Objetivo” de la cadena del grupo mediático Atresmedia “La Sexta” (en dicha entrevista anunció también que seguiría un año más como consejero de Gas Natural). No había entonces por cierto ninguna crisis de gobernabilidad. Meses más tarde, poco después de las elecciones de diciembre de 2015 renovó esta propuesta en unas declaraciones que levantaron ampollas en su propio partido. No sin razón: a esas alturas el PP se había evidenciado ya, no sólo como un partido de la extrema derecha neofranquista (1) sino como una organización ahogada en sucesivos escándalos de corrupción sin parangón en la Europa actual. En mayo del 2015 el juez José de la Mata había acusado a la cúpula responsable de las finanzas del PP de ser una «organización criminal». Así que el PP que tenía -según el juez- una «relación simbiótica» con dicha organización criminal, resultaba constituir ni más ni menos que el soporte político para una estructura organizada para delinquir (Iustitia Dixit) Desde luego que la dirección del PSOE del momento, con Pedro Sánchez a la cabeza, comprendió en seguida y con sentido común, que la propuesta de Gonzalez constituía todo un suicidio político para su partido. Los movimientos debían, así pues, ser más prudentes.
 
Había además en esos meses una enorme expectativa social sobre la posibilidad de desalojar al PP del gobierno. Una amplia mayoría de la ciudadanía del Estado había votado, con distintas sensibilidades políticas por distintas opciones, es cierto, pero también es cierto que existía un denominador común en la intención de voto, que no era otro que expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa (2) y el PSOE era sin duda plenamente consciente de esa coyuntura.
 
Apareció entonces la propuesta de Pedro Sánchez de un «pacto trasversal» PSOE-Ciudadanos-Podemos para formar gobierno. Tal propuesta tenía más un perfil de «ocurrencia» para salir del paso que de propuesta política seria, toda vez que, como era sobradamente archiconocido, Podemos y Cs presentaban elementos antagónicos en sus respectivos programas políticos, lo que iba desde el modelo de reparto de la renta social, al modelo de conformación de la estructura del Estado. Toda la parafernalia casi grotesca con que se escenificó el acuerdo, la sobreinterpretación de Pedro Sánchez, o el patético histrionismo de Alberto Rivera, evidenciaban precisamente el carácter burdo, de comedieta de baja estofa, que estaban representando los voceros del ultranacionalismo neoliberal español, junto a los dirigentes de una pretendida socialdemocracia ya en horas muy bajas.
 
El PSOE entonces  culpó a Podemos de la imposibilidad de un acuerdo para un gobierno alternativo al PP en aquella efímera legislatura.  Unas declaraciones a la prensa de un Pablo Iglesias demasiado optimista y, desde luego muy poco prudente, brindó una excelente coartada a la bufonada del acuerdo PSOE-Cs. Pero estas declaraciones significan realmente muy poco en ese proceso, y sólo tienen relevancia en tanto en cuanto fueron utilizadas por un PSOE -ya en primera linea de defensa del Régimen de 1978- como una coartada para vender un producto de ingeniería política para tontos. El dirigente de Izquierda Socialista y militante del PSOE Perez Tapias acabó despejando cualquier incógnita al respecto. Fue -según declaró entonces a los medios de comunicación- el comité Federal del PSOE en la reunión del 28 de diciembre de 2015 quien bloqueó definitivamente cualquier acuerdo con Podemos para la constitución de un gobierno alternativo al PP. El propio Sánchez acabó  denunciando ante el Comité federal las presiones que había sufrido por parte de «los poderes económicos» para que su partido colaborara de una u otra forma con el éxito de la candidatura de Rajoy a la presidencia del Gobierno. ¿Presiones que pudieron extenderse a otros miembros destacados del partido? Es  verosímil que así sea.
 
Después de las elecciones de junio de 2016 (con algunas variaciones, que aunque parezcan poco significativas pueden tener una importancia relevante para un análisis histórico de la sociedad del Estado Español actual) llega el último acto de la tragicomedia.
 
En primer lugar se hace pública la  división entre determinados barones del PSOE y la secretaría general. Poco después reaparece un Felipe Gonzalez actuando ya abiertamente como un simple testaferro de los intereses de la oligarquía,  confundiendo en un indescifrable batiburrillo, como han confundido siempre los distintos mesócratas  del bloque oligárquico, los intereses de esta selecta minoría social con los “intereses generales de España”… y continúa la comedieta. El siguiente acto no tiene desperdicio:  La escenificación de un golpe de timón de los barones encabezados por Susana Diaz en una esperpéntica reunión del Comité Federal que impone finalmente el apoyo de facto (mediante la abstención en la sesión de investidura) a Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno del Estado.
 
Nadie podía obviar las consecuencias que esta decisión de los dirigentes del PSOE podía tener en la base social de ese partido, y el peligro de una defección mayoritaria de ésta hacia los responsables del aparato. Este escenario sin precedentes podía situar ciertamente al PSOE en el mismo sendero hacia el basurero de la Historia que ya recorrieron en su día tanto el Partido Socialista Italiano (PSI) como el Partido Socialista Panhelénico (PASOK).
 
Luego han venido las últimas escenas del acto final: un Pedro Sánchez renunciando a su acta de diputado, la esperpéntica y grotesca hasta la nausea sesión de investidura. Sesión en donde sólo dieron la talla debida, en nuestra opinión, los diputados de Esquerra y de EH Bildu Gabriel Rufián y Oskar Matute respectivamente. Y de nuevo un Pedro Sánchez en centelleante reaparición mediática, presentándose como reparador de entuertos y vengador de la sufrida y traicionada base electoral del PSOE. Es de destacar que en esta reaparición en la cadena “La Sexta” con la ínclita Ana Pastor como parte central de la coreografía de la cadena española «progre» el ex secretario general del PSOE volvió a reconocer haber padecido presiones por parte de sectores de la oligarquía, y particularmente del poder mediático (especialmente de EL Pais y del grupo Prisa) lo que por cierto había negado vehementemente (tras haberlo denunciado previamente) en una entrevista de la misma cadena meses atrás. ¿Por que esta extraña secuencia de síes y noes en una cuestión de gravísima relevancia?
   
Cuando afirmamos que sólo, o especialmente, los portavoces de Esquerra y de EH Bildu dieron la talla debida en el ominoso acto parlamentario de investidura de Mariano Rajoy, nos referimos a que sólo estos diputados apuntaron correctamente, aunque muy someramente dado el escaso tiempo de exposición del que disponían, al elemento sistémico que se encuentra detrás de esta sobreactuación de traiciones, fidelidades y bajas pasiones de poder que ha representado la dirección del PSOE en el último año. Hay que señalar aquí que en realidad en este periodo se han superpuesto en ese partido dos conflictos distintos: La crisis del Régimen Restaurador Borbónico de 1978 y de su base parlamentaria bipartidista de la que es protagonista, como es sabido, el Partido Socialista junto al PP, y una crisis interna por el control del aparato del PSOE que enfrenta a dos sectores encabezados respectivamente por Pedro Sánchez, como pretendido renovador, otro más en realidad de todos los sucesivos y pretendidos renovadores que han pululado por comités y congresos de ese partido, y Susana Diaz, esta última como representante del felipismo más rancio, reaccionario y carpetovetónico.
 
En la primera cuestión el PSOE ha actuado exactamente como los dirigentes fácticos del  Régimen esperaban que lo hiciera: en su defensa y en primera línea -junto a Cs- tratando de neutralizar la irrupción de Podemos y de las demás coaliciones democráticas, como fuerzas de cambio real, por una parte, y como plaza-fuerte del Estado borbónico frente a los procesos soberanistas democráticos, más y menos avanzados, en Catalunya y en Euskal Herria. Las evidencias sobre este aspecto son irrefutables: El Comité Federal del PSOE de 28 de diciembre de 2015, marcó unas «lineas rojas»  que impedían tajantemente establecer pactos con fuerzas soberanistas y con cualquier otra fuerza que defendiera el «derecho a decidir» (lo que incluía a Podemos y demás coaliciones democráticas) ¿había cedido entonces el hoy supuestamente inmaculado Pedro Sánchez a las presiones de Prisa y de otros sectores de la oligarquía? Todo parece indicar que así es.   
 
Respecto a la segunda cuestión (la lucha interna Sánchez-Diaz) podemos intuir hoy que el entonces secretario general acabó aferrándose al «no» a Rajoy como la única herramienta política de la que ya disponía. Pero no parece que por eso Pedro Sánchez quisiera entonces oponerse realmente a los designios de la oligarquía, ya que no realizó ni un solo movimiento serio para conformar una alternativa al PP. Al final todo parece ser una operación de fuegos artificiales en la lucha por el control del aparato del PSOE, más que una batalla política de verdad.
 
Ahora Pedro Sánchez (al que bien podríamos llamar a estas alturas ya Pedrito, como al protagonista del edificante cuento infantil) se presenta dispuesto a negociar el cambio de rumbo con diestra y siniestra. Ahora, cuando su inacción y sus engañosas llamadas de atención, han entregado  otra vez al lobo a las mayorías sociales del Estado. Como en el cuento, ya es tarde también. El argumento defendido por el PSOE y Cs de que se podrá gobernar desde el parlamento, dada la minoría del PP en el Congreso es otra falacia más. Con su característico estilo trapacero y lumpen, el PP vetará cualquier iniciativa parlamentaria que pretenda poner fin al saqueo financiero con el espurio argumento de que tales medidas afectan al «equilibrio presupuestario». Si no al tiempo. Ya lo insinuó así Mariano Rajoy en su discurso de investidura con el único fin posible de tranquilizar y dar garantías a los inversores-saqueadores. De ellos depende después de todo su futuro como asesor de grandes corporaciones y la de sus amiguetes cruzando ufanos mañana las puertas giratorias de la infamia.
   
Pedrito, por su parte intentará engañarnos una vez más. Agotado ya el grito de ¡Cuidado que viene la derechona! que sobreexplotara el felipismo en los largos  años de su mandato, cargará ahora contra los sectores más impresentables de su partido para erigirse en el único, eficaz y funcional ariete en defensa tanto de los derechos sociales como del bipartidismo y del Régimen. Apareciendo en el primer aspecto como portavoz y figura principal del sector del aparato que afirma identificarse plenamente con las aspiraciones políticas de sus bases, y fidelidad personal al programa como en el mensaje garantista enviado hacia los amos de la oligarquía.
    
Finalmente, decir que se evidencia una vez más que la única alternativa posible de cambio sigue estando en la ruptura democrática con un Régimen que se ha mostrado ya como esencialmente irreformable. Los procesos soberanistas en Catalunya y Euskal Herria pueden ser ciertamente la herramienta más eficaz de ese cambio necesario e imprescindible para el conjunto del Estado Español. Pero incluso en estas naciones minorizadas, como en el resto del Estado, la ruptura, las condiciones para ésta, solo se podrán desarrollar a través de lucha popular, a través de la confrontación política y social frontal en las calles y en todos y cada uno de los centros de producción de bienes y servicios, junto a una lucha institucional eficaz e inteligente. No hay ni puede haber otra hoja de ruta.

 Carlos Sánchez Vicente. Eraikuntza (grupo vasco de historiadores socialistas)


(1) El PP español y un partido polaco de extrema derecha son las dos únicas fuerzas del Parlamento Europeo que se negaron a condenar a la dictadura franquista. Esto completa el bloqueo que el PP ha realizado en todas las instituciones del Estado donde se han presentado iniciativas similares. Por otra parte desde la llegada al gobierno de Mariano Rajoy no han sido pocos los actos de homenaje al franquismo o a elementos con el relacionados llevados a cabo a iniciativa de representantes de  este partido.

(2) No hay duda de este hecho. Expulsar al PP del gobierno ha estado presente en el voto orientado hacia la mayoría de formaciones políticas (excluyendo fuerzas como Cs, UPN o Foro Asturias)

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