Comisión de Presas y Presos Vascos de Sortu
¿Qué horizonte ofrece el PNV?

Ahí es donde reside la perversión moral de la polémica, en ocultar la cruda realidad de la situación del artista y frivolizar sobre el espacio público y su exposición

2019/10/11

Varias noticias recientes relacionadas con los presos, por su gravedad, merecen ser analizadas con detenimiento, pero sobre todo con seriedad y perspectiva de convivencia futura.

En primer lugar, un colectivo de víctimas de ETA, situado permanentemente en posiciones de bloqueo, acusación particular y provocación continua, pide prohibir una exposición de pintura en la Casa de Cultura de Galdakao. El autor de los cuadros que se exponían es un preso vasco, Jon Bienzobas, que ya había expuesto en espacios públicos y que es vecino de Galdakao ¿dónde está el problema?

Este colectivo de víctimas, que no representa ni a todas ni siquiera a la mayoría, como habitualmente hace, pidió a la Audiencia Nacional prohibir la muestra, pero como a tantas otras de sus infundadas alarmas (fotos, recibimientos,...), se le desestimó porque “No se desprende que sea un acto de humillación a las víctimas”.

Sin embargo, el Gobierno Vasco, por boca de su portavoz Josu Erkoreka y sumándose a la agenda de Covite, VOX y el PP, pidió públicamente cancelar la exposición del preso. Obviando la decisión judicial, golpeó sobre el clavo exigiendo «la cancelación de la exposición como un imperativo ético y humano vinculado con la sensibilidad que demandan las víctimas». El PNV, emplazando al Ayuntamiento presidido por EH Bildu (un trago aún sin digerir) entraba así en campaña del mismo modo y manera que el totalitarismo reaccionario español. ¿Para qué? para seguir meneando un árbol del que espera nueces en forma de votos.

Como Mertxea Aizpurua, portavoz en el Congreso de EH Bildu, muchos otros nos quedamos perplejos y no entendemos que una exposición de cuadros en sí se convierta en un ataque a las víctimas. Bueno sí, antes ya hubo alarma y boicot a payasos y músicos que no condenaban suficientemente. Luego vino la aceptación a regañadientes de la decisión del jurado del Premio Euskadi de Ensayo 2011 pero se acabó reteniendo la cuantía del premio a Joseba Sarrionaindia. Siguieron las amenazas a la Donostia gobernada por EH Bildu para que el film “Barrrura begirako lehioak” no pudiera ser presentado en el Victoria Eugenia (2012) y, tiempo después, tras su emisión en ETB (2015) y éxito de audiencia, bajo la presión de la insaciable derecha española, el lehendakari Urkulu se disculpaba calificando de «no oportuna» su emisión. En plena capitalidad cultural europea “Donostia 2016” censuró solo las obras de los dos presos vascos presentes en la exposición “Sin lugares, sin tiempo” que, exhibida en el Koldo Mitxelena, ponía en valor la creación de personas privadas de libertad. En ARCO, las mismas presiones, censuraron las fotografías pixeladas “Presos políticos en la España contemporánea” por que aparecían los jóvenes de Altsasu y los presos del Procés, hoy nuevamente protagonistas de un alarmante escándalo «made in Spain» los primeros y prontamente los segundos. En 2018, hasta Osakidetza acabó censurando la exposición fotográfica de las esculturas del preso Zigor Merodio en el Hospital de Donostia.

Como para la derechona española, la exposición de cuadros no es lo censurable para el PNV, el enemigo está en otro lado, en la izquierda abertzale, en EH Bildu y en la personalidad de los creadores y los artistas, pero el PNV llega tarde queriendo censurar a Jon Bienzobas. Su obra, es ya parte del universo del pintor Hervé di Rosa, artista iniciador del Museo Internacional de Artes Modestas (MIAM) en Séte y que posibilitó que el arte de Jon junto al de otros 10 presos sea exhibida en el museo del Hospicio de Saint-Roch Issoudun que reúne el trabajo del taller de pintura de la Prisión de Saint-Maur bajo el título "Dehors-Dedans" propuesto por Hervé Di Rosa.

El imperativo ético no se sitúa en la retirada de una exposición si no en la manipulación y el uso rastrero, partidista y electoralista de la cuestión de las víctimas. El imperativo ético para el PNV debiera ser que Jon Bienzobas pudo pintar en las cárceles francesas y en las españolas no lo pueda hacer porque no hay prevista actividad de resocilización alguna. La denuncia social del PNV se debiera fundamentar en que, hasta 2018, Jon estaba encarcelado en Lannemezan (cerca de casa) y al ser extraditado al Estado español fue alejado a Puerto de Santamaría a 1050km de distancia. Este, es el verdadero imperativo ético que el PNV, participe en el diseño de la dispersión y el alejamiento, tiene que acometer para limpiar su responsabilidad histórica con el sufrimiento que ha supuesto y supone el alejamiento.

La indignación del PNV debiera estar dirigida hacia ese Estado que, tras 8 años del cese de la actividad armada, el desarme y la posterior disolución, mantiene una política de excepción basada en la no solución y el enfangamiento de la convivencia. Y, la verdadera alarma social debiera ser que, una vez cumplida la pena francesa, se condene a Jon (y otros) a empezar de cero porque, tramposamente y contra el criterio europeo, se le ha robado la posibilidad de acumulación de los 19 años pasados en prisiones francesas. Ahí es donde reside la perversión moral de la polémica, en ocultar la cruda realidad de la situación del artista y frivolizar sobre el espacio público y su exposición.

El PNV tiene de donde aprender. Hemos asistido a la indignación de la Delegación de Ipar Euskal Herria y los cargos electos del territorio, con su lehendakari a la cabeza, por la actitud obstruccionista de la Fiscalía en las liberaciones condicionales de presos que llevan 30 años encarcelados (Xistor, Jon Kepa, Jakes…). Una preocupación que, en su apuesta por una verdadera convivencia, les mantiene en una actitud firme y decidida para que la política penitenciaria francesa inaugure un nuevo capítulo en la perspectiva del levantar la excepcionalidad y abrir un escenario en el que la cárcel no sea el horizonte.

Mientras el Reglamento Penitenciario y la propia Constitución Española hablan de abrir las puertas de las prisiones o estipulan que el único derecho que pierde el preso es el de la libertad ¿a qué viene sumarse a ese ánimo censor franquista? ¿a qué esas llamadas a limitar los derechos de expresión y creación? ¿a qué ese intento de añadir a la condena del preso también el ostracismo? Y, en última instancia, con esa actitud, ¿qué horizonte de convivencia quiere ofrecer el PNV a la sociedad vasca?

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