Rioja Alavesa: sin nombre, ni denominación

En la mayoría de bodegas pequeñas y familiares hay incertidumbre ante el futuro, e inquietud ante el presente. Es un colectivo que a día de hoy  no tiene instrumentos para desarrollar su propia estrategia, ni su modelo

2019/12/09

Hace un par de años el presidente del Alavés junto con el diputado Ramiro González presentaba nuevas camisetas con el logotipo promocional de Rioja Alavesa. No pasó nada, pero parece que no sentó bien al propietario de la marca, al Consejo Regulador Rioja con sede en Logroño, que advirtió que la próxima vez deberían de pedir el oportuno permiso.

Aunque parezca difícil de creer está es la situación actual. La dependencia y falta de autonomía del sector vitivinícola de Rioja Alavesa, principal sector económico y social de la comarca, es total. Tanto que ni siquiera es dueña de su nombre. No lo es desde hace tiempo en el Estado Español, pero es que ahora se acaban de apropiar también de su utilización en Europa, y no solo para el registro de vinos, sino que también para su uso en otras bebidas, cafés y una larga lista de artículos de merchandising.

Una extralimitación en toda regla cercana a la provocación ya que, además, la petición para su registro en Europa se produjo el mismo día que se anunciaba un acuerdo de buena voluntad con las bodegas alavesas promotoras de la nueva denominación ‘viñedos de Álava’ y por el que las bodegas renunciaban por 2 años a su iniciativa a cambio de que el Consejo impulsara algunas demandas como vinos de zona y de municipio. Propuestas que no se están desarrollando en los términos acordados.

¿Dónde han estado Gobierno Vasco y Diputación alavesa mientras tanto? No se sabe. Durante los dos años de tramitación europea de la marca han estado desaparecidos. Ni siquiera han recurrido con sus servicios jurídicos este atropello, delegando el recurso fallido en la Cuadrilla. Ante esta pasividad desde EH Bildu recientemente hemos presentado mociones en el Parlamento Vasco y Juntas Generales que han sido aprobadas y donde se insta a recuperar la marca e identidad utilizando para ello sus servicios jurídicos. 

Es una buena noticia que se haya reaccionado positivamente y que tanto Ramiro González como Arantza Tapia hayan reconocido la extralimitación del Consejo. Sin embargo, oír a la consejera Tapia que confía en la «buena fe» del Consejo Regulador para recuperar la marca nos genera dudas e incredulidad. ¿A esto se van a limitar nuestras instituciones, a pedir permiso y «buena fe»? Ya vale! El Gobierno Vasco y Diputación deben de cambiar de actitud y comprometerse con el sector alavés.

No pueden seguir como hasta ahora con una ambigüedad calculada más preocupados de no molestar a las grandes bodegas que de intentar cambiar las cosas. No pueden seguir con ambigüedades calculadas haciendo propuestas como la de una denominación propia dentro de la DOC Rioja para aparentar que hacen algo sin hacer nada. Esta vía a día de hoy es inviable. Además de ser una fórmula atípica en Europa, necesitaría cambiar la Ley del Vino en Madrid y cambios en un Consejo Regulador que ya ha dejado claro que no lo permitirá. Un auténtico brindis al sol que despista y confunde.

Es hora de dejar de jugar al despiste, lo de usurpación de la marca es un síntoma de lo que está pasando. Es importante recuperarla, pero hay que ir más allá. Hay que enmarcarla en una problemática más global y estructural que necesita dar más pasos. Rioja Alavesa no va lo bien que parece y necesita una estrategia de futuro consensuada antes de que sea demasiado tarde.

Puede que esto sorprenda a más de una o uno. Estamos demasiado acostumbrados a reportajes de promoción, a la inauguración de grandes y glamurosas bodegas, a escuchar que los vinos alaveses han sido premiados, que la cosecha ha sido excelente (la de este año si lo es) o lo del club de la excelencia que tanto le gusta repetir al diputado general. ¿Pero cómo se explica entonces que en lo que vamos de año hayan desaparecido 20 bodegas familiares y que el año pasado cerraran 17? Esta realidad que suele pasar desapercibida no hace sino confirmar el goteo constante que se viene dando las dos últimas décadas. Los datos asustan. De los 612 cosecheros que había en 1996 hoy día tan solo continúan 148.
 
El tema es serio y complejo. A algunos les va bien, sin duda, pero no a todos. En la mayoría de bodegas pequeñas y familiares hay incertidumbre ante el futuro, e inquietud ante el presente. Es un colectivo que a día de hoy no tiene instrumentos para desarrollar su propia estrategia, ni su modelo. Un colectivo que poco espera del Consejo Regulador Rioja dominado por las grandes bodegas y empresas comercializadoras del Grupo Rioja que, sin oposición, desarrollan un modelo y estrategia industrial basado en la cantidad y en la consecución de grandes beneficios.

Una estrategia legítima, pero distinta y antagónica al modelo de las bodegas pequeñas y familiares de Rioja alavesa y de su entorno basado en la diferenciación, en la elaboración propia, en la calidad, la identidad y unido a la cohesión social, económica y medioambiental de la comarca. Un modelo cada vez más frágil y desprotegido que necesita alternativas reales ya, para vivir y trabajar con dignidad y frenar el goteo de bodegas y viticultores que desaparecen.

En definitiva es tiempo de moverse y de actuar con visión de país y de territorio, y de hacerlo junto con las personas que sienten y trabajan todos los días en la tierra y con los frutos de esta. Es tiempo de empoderarse y de poder decidir el futuro.  

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