Eli Zaretsky
Profesor de Historia

Sacrificar al rebaño

Importante también para gestionar un rebaño es destruir toda forma de pensamiento crítico, sobre todo de cualquier cosa que ponga en tela de juicio la supremacía de la propiedad privada

Cualquiera que haya estudiado la historia de la esclavitud de las plantaciones comprende que la gestión de las modernas clases laborales tuvo como modelo el manejo de los animales. Un ejemplo evidente lo constituye la clasificación racial. Otro, las microtécnicas del proceso de trabajo: formas de disciplina, limpieza y sumisión, las cuales, tal como mostró Foucault, se basaban en la doma. Con la abolición legal de la esclavitud, cambiaron los problemas de manejar a la grey. Bajo la esclavitud, los amos tenían interés en mantener la salud e incluso la longevidad de los esclavos, que eran la forma principal de propiedad. Tras la abolición, sin embargo, mantener la salud de los trabajadores libres se convirtió en una carga, sobre todo a medida que subían los costes de la medicina. Comprender estos hechos sencillos puede ayudar a explicar cómo EE UU, que se autoproclama «el país más grande del mundo», han acabado teniendo un tercio de todos los casos de covid-19.

La carnicería a gran escala que se está desarrollando hoy en EE UU no se puso en marcha de la noche a la mañana. La grey tenía que estar preparada. Se puede empezar con la respuesta a los levantamientos de los años 60. Cualquier rebaño ha de ver refrenados sus instintos de rebelión. Lo más urgente era reprimir a la población afroamericana, puesto que había sido punta de lanza de la revuelta. Casi de inmediato se asesinó a sus dirigentes: Malcolm X, Fred Hampton, etc. Pero el asesinato con patrocinio del Estado es intensivo en trabajo y nada rentable. Un medio más eficaz era el encarcelamiento masivo. Actualmente hay más de dos millones de norteamericanos en la cárcel, y cerca del 40% de ellos son negros.

Importante también para gestionar un rebaño es destruir toda forma de pensamiento crítico, sobre todo de cualquier cosa que ponga en tela de juicio la supremacía de la propiedad privada. A la multitud se le enseñó a reaccionar con negatividad instintiva, incluso furiosa, a cualquier idea que pudiera describirse como «socialista» o «comunista». No solo hizo esto más sumiso al rebaño, creó un sentimiento de superioridad narcisista que ayudó a sus miembros a aceptar la drástica pérdida de derechos largamente asentados. La clase superior, que había vivido con el temor de levantamientos de la grey hasta que sofocó las rebeliones de los años 60, se quedó asombrada de la facilidad con que cejaba el rebaño en la creencia de que tenía derecho a empleo, vivienda y buenas escuelas. También resultó de ayuda, como en el caso de las aves de corral y el ganado, el uso de drogas. Lo más fundamental, sin embargo, fue convencer a las masas de que tenían poco o ningún derecho a la atención médica.

La intensa ansiedad que esto produjo en el plano de la seguridad ontológica se vio anestesiada por la alimentación forzosa del crédito, el entretenimiento y los bienes de consumo. El rebañó engordó, se volvió más sumiso y menos curioso, aunque se continuó con el uso de látigos y picas.

La riqueza producida por las «modernas» técnicas de manejo de rebaños era enorme, y sostenía algunas de las más hermosa viviendas e instituciones artísticas, a disposición de la clase superior. Ya no había necesidad de temer rebeliones, pues siempre era posible aquietar el descontento metiendo a alguien de la grey en la clase superior. Había, sin embargo, un fallo en el sistema: hacía falta mantener vivo a cierto número de proletas, y eso sangraba los dineros de los hinchados e hipertrofiados ricos.   

Cuando el coronavirus les presentó el dilema de escoger entre dejar morir a la gente y cerrar «la economía», no cupo duda de qué es lo que elegirían los amos. Una grey que ya había hecho sacrificar a sus miembros más peleones e inquisitivos, y que se había vuelto sumisa, se acostumbraría fácilmente al sacrificio de unos dos mil, o cosa así, al día. Era solo cuestión de mantener sano al resto del rebaño.  

©SinPermiso. Trad. Lucas Anton

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