¿Se abre un nuevo ciclo político en América Latina?
Los elementos contradictorios caracterizan la coyuntura actual, por lo que sus síntesis superadoras dirigirán el curso de las luchas y su impacto en las condiciones de vida de las mayorías
La historia nos enseña cómo su evolución adopta un perfil en forma de olas sucesivas que muestran las dinámicas de flujo y reflujo de las luchas sociales. El análisis del proceso nos ayuda a situar las diferentes coyunturas, que no son más que fotos fijas de momentos que, en una secuencia interminable, cristalizan los anhelos y reivindicaciones de las mayorías sociales.
En América Latina asistimos a un ejemplo paradójico de esta evolución. Los ciclos políticos caracterizados por el dominio de diferentes bloques hegemónicos se suceden y conviven, reflejando la realidad abigarrada del continente.
La ola progresista de 1998-2015 significó un intento de ruptura radical de América Latina con su tradición neocolonial y abrió una oportunidad para disputar el poder político, limitado por definición, y el sentido común de época a las élites vinculadas a los centros globales de dominación. Tras este periodo de esperanza, la rearticulación del proyecto autoritario y neoliberal permitió a la derecha conquistar, utilizando los métodos necesarios en cada momento, los gobiernos de la mayoría de los países latinoamericanos.
En 2021, las señales que arroja el análisis continental no permiten aventurar cómo va a evolucionar el proceso general. Los elementos contradictorios caracterizan la coyuntura actual, por lo que sus síntesis superadoras dirigirán el curso de las luchas y su impacto en las condiciones de vida de las mayorías.
Por un lado, la victoria del peronismo de izquierda en Argentina, la recuperación de la democracia en Bolivia tras el golpe de estado y el gobierno de facto, la rehabilitación de Lula en Brasil, la consolidación de López Obrador en México, la Convención Constitucional en Chile o la resistencia de Venezuela y Cuba frente a la intervención extranjera, constituyen elementos que pueden contribuir decisivamente a inaugurar otro ciclo de progreso en el continente.
Por otro lado, el atrincheramiento en el poder del neofascismo de Bolsonaro en Brasil, las victorias electorales de los representantes del neoliberalismo salvaje en Ecuador, Uruguay y El Salvador, la recuperación de poder local de la derecha boliviana en las últimas elecciones subnacionales, la penetración del narco en las estructuras estatales de Guatemala y Honduras y la naturaleza criminal del Estado profundo colombiano, entre otros, conforman esa realidad oscura y contraria a los anhelos de emancipación y libertad de los pueblos de América Latina.
Pese a esta realidad compleja y difícil de aprehender, podemos identificar algunos factores que están impidiendo la consolidación de un nuevo ciclo generalizado de transformaciones y avances para las clases trabajadoras latinoamericanas. Algunos elementos coyunturales que diferencia este momento del periodo 1998-2015 son los bajos precios de la commodities y, consecuentemente, la debilidad de Venezuela, cuya voluntad integradora permitió sustentar materialmente buena parte de las iniciativas redistributivas en la región.
Una mirada a los factores estructurales también nos permite reconocer elementos que dificultan la estabilización de un nuevo ciclo progresista. Así, encontramos que la inserción de las economías latinoamericanas en el mercado internacional tiene un carácter dependiente y de bajo valor agregado; los hiperliderazgos lastran las posibilidades de renovación ideológica y de aparición de nuevos cuadros; las organizaciones políticas se burocratizan y enfocan, exclusivamente, en la lucha electoral; y, entre otros, los movimientos sociales sufren una desorientación estratégica consecuencia de su renuncia a la independencia y a la capacidad crítica hacia los gobiernos considerados cercanos.
Este marco general arroja luz sobre tres ejes en los que se va a definir la posibilidad de consolidación de un nuevo ciclo progresista.
El primer eje lo encontramos en la necesaria incorporación de diferentes tradiciones de lucha que actualicen la matriz ideológica y permitan ampliar la base social de los proyectos de transformación. Entre estas tradiciones ideológicas, es decisivo el feminismo y su lucha por la igualdad de mujeres y hombres. Sin embargo, en algunas corrientes de la izquierda se expresan resistencias de manera virulenta, como es el caso de Perú Libre y su victorioso candidato en la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas recientemente, Pedro Castillo.
El segundo eje discurre en el continuum caribeño y la resistencia de Venezuela y Cuba a la injerencia extranjera. Del éxito de esta resistencia, condicionada por la continua presión de la gran burguesía venezolana en el caso de la República Bolivariana y del modelo de desarrollo que se decida en el inminente VIII congreso del Partido Comunista de Cuba, dependerá la evaluación que las potencias imperialistas hagan de la agresión como método extensible al conjunto de la región.
El tercer eje comprende el papel clave que los movimientos sociales y las organizaciones populares juegan en el fortalecimiento de los procesos de transformación nacionales y en la construcción de un modelo de integración regional basado en el internacionalismo y la solidaridad. Mientras que la reactivación de los procesos de integración a nivel estatal (Celac, Unasur, ALBA) y de partidos políticos (Foro de Sao Paulo) han demostrado sus límites, los movimientos sociales y sus mecanismos de articulación más líquidos y flexibles (La Vía Campesina, Marcha Mundial de Mujeres, los Foros Sociales, etc.) conservan una capacidad de transformación clave por su permanencia más allá de los vaivenes electorales y por su potencial como escuela de lucha y cantera de cuadros políticos que aseguren la renovación interna.
La izquierda global volvemos a mirar, con esperanza, el devenir histórico de los pueblos latinoamericanos. Nuestro deber internacionalista es apoyar la consolidación de este nuevo ciclo de progreso, aparcando las diferencias puntuales y contribuyendo a forjar un nuevo horizonte emancipatorio común.