Sensación de fracaso

Aunque nos resulte difícil expresarlo, es una sensación agria de fracaso la que tenemos hoy día muchos vascos que en un tiempo luchamos por la libertad de Euskal Herria.

2020/02/24

En tres entrevistas que he leído en esta última temporada: la realizada en el semanario "Argia" al escritor Rubén Sánchez Bakaikoa, la que le ha hecho el diario "Berria" al coordinador del Araba Euskaraz Anjel Mari Olalde y la realizada al escritor Felipe Juaristi en "Berria", una y otra vez aparece la idea del fracaso. Las tres personas mencionadas son de diferentes pensamientos y filosofías, seguramente no se conocen entre ellas, algunas han defendido planteamientos contrapuestos y, a pesar de ello, al leer y reflexionar sobre las entrevistas, he visto que, cada uno en su ámbito, nos indican claramente que en la comunidad vasca ha tenido lugar un gran fracaso. Intentaré, de una manera resumida, expresar qué fracaso da a entender cada uno de ellos.

En la primera entrevista Rubén Sánchez Bakaikoa explica lo que ha ocurrido en el tema de los presos y refugiados: «los presos y refugiados han quedado como un daño colateral de un error estratégico y táctico colectivo. Es un problema que ha quedado sin resolver en la familia de la izquierda abertzale y, que no muchas trazas de resolverse hoy». El escritor no lo puede expresar más claramente: en contra de las victorias revolucionarias que soñábamos en un tiempo, no hace tanto, una parte importante de la sociedad vasca ha dejado de lado a los presos y refugiados y, como bien dice el escritor, el problema no se solucionará tan fácilmente.

En la segunda entrevista, la realizada a Anjel Mari Olalde, esta persona quiere dar a entender que en el movimiento por el euskera hay grandes carencias y, como no lo puede expresar mejor, voy a transcribir literalmente sus palabras: «en última instancia, las carencias existentes en la sociedad se reflejan también en esas fiestas. Hoy día, cada vez es más difícil mover a la gente... pero también tengo la sensación de que algo hemos hecho mal. Hoy vivimos confortablemente, y es necesario poner los medios para salir de esa comodidad». Lejos del triunfalismo que los representantes políticos y las personas que trabajan en el movimiento por el euskera utilizan normalmente al hablar sobre el euskera y la cultura vasca, Olalde nos transmite una visión mucho más negra y pesimista, y yo le agradezco mucho sus palabras, ya que pone en su sitio, por supuesto con un gran respeto y sin despreciarlas de ninguna manera, esas fiestas masivas a favor del euskera que tanto queremos.

En la tercera entrevista, la realizada el escritor Felipe Juaristi, Juaristi nos habla claramente sobre las carencias y la precariedad que padece hoy día la cultura vasca: «un tuit es suficiente para poner patas arriba todo nuestro sistema literario y cultural, y eso quiere decir que el sistema es muy débil y que está basado en unas relaciones muy precarias». El analizar lo que dice Juaristi sobre la cultura vasca requeriría un artículo monográfico, o más de uno, pero lo que he expresado resumidamente creo que es suficiente para darse cuenta de la gravedad del tema. Por lo tanto, en contra de lo que muchas veces nos parece, en cultura tampoco estamos tan bien.

Aunque nos resulte difícil expresarlo, es una sensación agria de fracaso la que tenemos hoy día muchos vascos que en un tiempo luchamos por la libertad de Euskal Herria. Un artículo no me da lugar para entrar en detalles demasiado precisos, pero no tenemos más que analizar nuestra historia cercana, para ver qué fuimos y hoy qué somos: las décadas de los 70, 80 y los primeros años de la de los 90 (las luchas por la amnistía, el cariño y el compromiso que existía con los presos y refugiados, el movimiento de las ikastolas, aquellos Aberri Egunas tan entrañables, la acampada realizada en el 50º aniversario del bombardeo de Gernika, la lucha por la paz, por la objeción de conciencia y por la insumisión, el movimiento social Elkarri, la ilusión y el deseo de luchar de tantos y tantos jóvenes... y un largo etcétera). ¿Dónde está todo eso actualmente? ¿Conseguimos nuestros sueños de entonces? Está claro que no y, por ello, muchos y muchas creemos que, como pueblo y como comunidad, ha sido un gran fracaso. ¿Cuáles son las razones de ese fracaso? Seguramente, habrá más de una pero, aunque no nos guste, me parece que hay que subrayar una. Los últimos años de la lucha armada fueron muy crueles y sangrientos, muchos inocentes perdieron la vida, ETA no tuvo en cuenta la sensibilidad de nuestro pueblo, ya que la gente desde hace tiempo estaba en contra de las muertes y, al final, mucha gente, por el ambiente que había en Euskal Herria (muertes, torturas, represión, odios entre las personas...) se alejó de la lucha. A pesar de ello, en contra de lo que creíamos los vascos, la desaparición de la lucha armada tampoco ha traído un resurgir de la lucha civil y esto es, en mi opinión, la reflexión que todos debemos realizar: ¿Cómo resucitar la sociedad civil vasca para realizar una lucha pacífica por Euskal Herria?

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