Ahaztuak Araba
Sobre la cruz de Kutzemendi

Existen argumentos para incluir a la llamada Cruz de Olarizu como monumento afectado por la Ley 52/2007, de Memoria Histórica, y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz debe tratarlo como tal.

2018/10/12

En relación al rechazo del alcalde Urtaran a incluir la llamada Cruz de Olarizu en los preceptos contenidos en la Ley 52/2007, de Memoria Histórica, fundamentado en informe histórico emitido por Virginia López de Maturana, hacemos las siguientes precisiones:

1) Hay que poner en cuestión la denominación en sí misma, dado que Olarizu es el nombre que designa al antiguo pueblo de Olarizu u Hollarruizu (así denominado en la Reja de San Millán), mientras que el topónimo  es conocido y así está atestiguado desde el siglo XV como Kurutzemendi, Kutzemendi, Lukurumendi  o,  más recientemente, Santakruzgana. El dato es importante, porque el lugar es parte del término concejil de Mendiola, mientras que los terrenos que circundan la Casa de la Dehesa fueron cedidos a la ciudad en el siglo XIV, tras despoblarse el antiguo pueblo. Como es evidente, la cruz a la que hace referencia el nombre no tiene nada que ver con la actual, erigida en 1952. Se desconoce con seguridad el origen del antiquísimo topónimo, aunque es probable que haga referencia  a la existencia en el lugar de una ermita o iglesia medieval erigida con los restos de antiguas edificaciones.

2) La actual cruz está levantada sobre una ciudad prehistórica de la Edad del Hierro, y posiblemente del Bronce final, que abarcaría la totalidad del monte. El yacimiento fue descubierto por J.M. Barandiaran en 1926, quien no pudo más que estudiarlo parcialmente por la precariedad de la época. Posteriores catas han confirmado el hallazgo. Desde finales del siglo XX el lugar está catalogado como Conjunto Monumental por el Gobierno Vasco, pero sorprendentemente no hay ningún plan de excavación.  Algunos autores hablan de la posibilidad de que se trate de la ciudad caristia de Suestatio, citada por las fuentes clásicas. Según prospecciones aéreas realizadas para la Diputación en 2011 todo el conjunto tiene un gran interés arqueológico y bajo la actual cruz monumental de hormigón se encuentra una estructura que puede identificarse como torre defensiva.

3) En 1951 se celebró en nuestra ciudad la Santa Misión. La Santa Misión era una celebración medieval religiosa caída en desuso  en el siglo XIX y recuperada por la iglesia franquista tras la Guerra Civil, en el contexto de la ideología nacional-católica de la época. Como se puede comprobar a través de la abundante documentación existente, la Santa  Misión franquista tenía un fuerte contenido político e invitaba a proseguir la «Cruzada» mediante la sumisión a  las normas sociales, morales e ideológicas impuestas por el nuevo régimen y su exportación al resto del mundo a través de la actividad misionera («España, reserva espiritual de Occidente»). En su organización participaban las autoridades civiles, religiosas y militares, quienes instaban al pueblo a secundarlas so pena de exclusión social o sospecha de actitudes contrarias al Régimen. En la Santa Misión de 1951 participó como organizador destacado  Bruno Ruiz de Apodaca, antiguo requeté auxiliar reconvertido en  policía franquista, miembro de Acción Católica, ejecutor  de las «sacas» durante la Guerra y terror de la oposición antifranquista hasta los años 60 del pasado siglo.

4) En mayo de 1951, seis meses antes de la Santa Misión, el Gobierno Vasco en el exilio había convocado una huelga general que tuvo amplio seguimiento en Vitoria. El ministro de Interior franquista instó a Martín-Ballestero (gobernador civil) y al mencionado Ruiz de Apodaca a actuar con contundencia y desarticular toda la organización clandestina del PNV alavés. Como consecuencia de ello, la estructura clandestina del PNV de Araba, recién recompuesta después de la caída de la “Red Álava”, fue nuevamente hecha añicos y decenas de cuadros y militantes detenidos y torturados. En ese contexto altamente represivo es muy improbable que personas afiliadas al PNV impulsaran la Santa Misión de 1951 junto a Martín-Ballestero y Ruiz de Apodaca.

5) En 1952  el arquitecto de las Comisiones Diocesanas, Emilio Apraiz, con supuesta financiación a través de una colecta popular en los años de la cartilla de racionamiento, pero amparado en la capacidad económica de la  alta sociedad vitoriana y las instituciones locales franquistas, propuso levantar un monumento conmemorativo del evento nacional-católico celebrado un año antes. Emilio Apraiz, a diferencia de su hermano Angel, nunca se significó por su oposición al Franquismo, lo cual tampoco quiere decir que lo apoyara. El gobernador Martín-Ballestero, obsesionado con dejar un legado constructivo, trató de introducir en la dirección de obra a su amigo Eugenio Arraiza para variar el proyecto de Apraiz, lo que éste no aceptó. Solicitada la intervención del obispo Bueno Monreal, este decidió apoyar a Emilio Apraiz y a su socio Jesús Guinea, frente al gobernador. Curiosamente  en este hecho se amparan los que defienden el carácter no franquista de la cruz, como si fuera una muestra de división de poderes religioso y político, o el obispo fuera menos franquista que Martín-Ballestero. A este respecto cabe recordar que Bueno Monreal era un obispo de la absoluta confianza del dictador Franco. Hay dos hechos que lo prueban: en primer lugar, fue nombrado obispo de Gasteiz tras la disolución de la provincia eclesiástica vasca para eliminar el clero no afín al Régimen, y en segundo lugar, «acabada» su misión en nuestra ciudad, Franco lo promovió, en el marco de las negociaciones del Concordato con el Vaticano de 1953, al arzobispado de Sevilla, donde sí tenía problemas con el díscolo cardenal Segura. Ni que decir tiene que Bueno Monreal prestó sus servicios a la dictadura con gran laboriosidad y eficiencia.

6) Las investigaciones históricas elaboradas «ad hoc» presentan las cruces de Kutzemendi y del Gorbeia como hermanas gemelas nacidas de una idéntica pasión deportivo-religiosa. Nada más lejano de la verdad histórica. A diferencia de cruces como la del Gorbeia, la llamada Cruz de Olarizu sí es una cruz monumental franquista porque se construyó para conmemorar un evento nacional-católico, base ideológica primordial de los sublevados y de la Dictadura. El cristianismo de base poco tenía que ver con las imágenes que nos han dejado las santas misiones de postguerra. Que el autor material de la cruz profesara otras ideas, si así fuera, no significa que la obra no tuviera como fin el ensalzamiento de la «Cruzada» y de los valores morales y religiosos que sustentaron el franquismo sociológico. Así se ha sentido en Gasteiz  durante 40 años y todavía hoy, así se sigue percibiendo.

7) Ligar la romería popular de Olarizu a la existencia de la cruz es una burda manipulación histórica. El origen de la romería se remonta al siglo XVI y su razón de ser no es otra que la revisión de los límites jurisdiccionales de Gasteiz tras la incorporación de numerosas aldeas durante los siglos XIV y XV, entre ellas la de Olarizu, y los problemas de demarcación que ello supuso con los nuevos vecinos. Es decir, su origen es administrativo y no religioso. La fecha tal y como la conocemos hoy, primer lunes después del 8 de septiembre, no se estableció hasta 1847. En todos los casos, como observamos, la celebración es muy anterior a la fecha de colocación de la Cruz.

8) La Ley de Memoria Histórica no afecta a todas las construcciones del periodo franquista, solo a las conmemorativas, a aquellas que tienen como objeto ensalzar el régimen en todo o en parte. Por ejemplo el poblado de Armentia fue la obra personal de un fascista convencido, el mencionado gobernador Martin-Ballestero, como modelo de la «Nueva España», pero nos guste más o menos, no es una obra conmemorativa. La Cruz de Kutzemendi puede ser la obra de una buena persona, pero conmemora un evento franquista. Es curiosa, sin embargo, la nueva acepción que introduce Virginia López de Maturana  en relación a la cruz de Kutzemendi como obra medio-franquista para justificar la colocación de la placa explicativa. Si no se tratara de una obra conmemorativa franquista no tendría sentido poner la placa, porque esa lógica llevaría a hacer lo mismo con todos los monumentos y construcciones erigidas durante el Franquismo, que en nuestra ciudad son unos cuantos. El Ayuntamiento, no obstante, reconoce implícitamente el carácter de la Cruz, primero al encargar un informe sobre ella y segundo, siendo el informe negativo, al decidir colocar la placa explicativa e incluirla en el itinerario de la memoria histórica del Franquismo.

9) Para la construcción de la Cruz nunca se solicitaron los preceptivos permisos al concejo de Mendiola, facultad usurpada por el consistorio franquista de Vitoria en 1952. Como hemos señalado, el propietario de los terrenos desde hace siglos es el Concejo de Mendiola, pero los permisos, amparados en la ilegítima legislación franquista, fueron solicitados al Ayuntamiento de Vitoria. Intervinieron el Gobierno Civil, el Obispado, el Ayuntamiento, la Delegación Provincial del Movimiento Nacional en Álava…, pero no aparece por ningún lado el Concejo de Mendiola. Emilio Apraiz solicitó permiso el 7 de marzo de 1952 y el Ayuntamiento lo aprobó en tiempo récord 19 días más tarde, no respetando ni plazos ni audiencia a interesados, ni nada de nada.

10) En resumen, basándonos en el objetivo de la construcción (conmemoración del evento nacional católico de la Santa Misión), en la adscripción franquista de la mayoría de los actores (Acción Católica, Ayuntamiento, Obispado) y en la ilegitimidad del procedimiento (imposición de una construcción en un terreno que no le pertenece), existen argumentos para incluir a la llamada Cruz de Olarizu como monumento afectado por la Ley 52/2007, de Memoria Histórica, y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz debe tratarlo como tal. Mucho nos tememos que todo lo que hemos enunciado en este breve informe es conocido por Urtaran y el PNV pero, por desgracia y para injusticia con los que sufrieron el genocidio franquista, priman el mero cálculo electoral a corto plazo y/o, lo que sería todavía más grave, ocultar o relativizar el papel de las castas dirigentes vitorianas en el triunfo y sostenimiento posterior del régimen franquista.   


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