Juan de Gaztelu

Suma y sigue, otra vez

La evaluación de la prueba de euskara de la EBAU sigue levantando polvareda y alimentando el caudal de ríos de tinta que no dejan de fluir de manera abrupta en las últimas semanas. La judicialización del proceso es un nuevo paso que está dificultando a EHU la gestión de la matrícula del nuevo alumnado. Así, le instan a que asuma responsabilidades y oferte mayor número de plazas para dar cabida a las solicitudes del alumnado que ha obtenido unos resultados nefastos en esta prueba de selectividad y que están pendientes de un veredicto judicial. Me sorprende que los jueces y juezas hayan aceptado a trámite las demandas de estos estudiantes y dejen sin efecto las calificaciones de esta prueba, poniendo en cuestión nuevamente la profesionalidad de los y las evaluadoras de EHU. 

Pero mi reflexión de hoy va dirigida en otro sentido y pone el foco de atención en otra cuestión que a mi humilde entender es más importante y requiere de un mayor debate. Me refiero, cómo no puede ser de otra manera, al análisis de la labor educativa que están realizando algunos centros de la enseñanza privada y concertada de este país, que es la principal causa de la polémica actual, aunque muchos se afanen en desviar la atención y buscar otros culpables. Así, las bajas calificaciones alcanzadas por el alumnado de estas instituciones educativas en la asignatura de euskara, es responsabilidad exclusiva de esa comunidad educativa y resultado de su labor. Tanto el profesorado como el alumnado deben trabajar conjuntamente para que estos últimos alcancen unos conocimientos mínimos marcados por el currículum. La EBAU no deja de ser una prueba objetiva y externa que mide cuantitativamente en qué grado se han logrado los objetivos curriculares prescritos. 

A la vista de lo ocurrido, deja en evidencia la distancia existente entre los estándares de los colegios concertados-privados y los establecidos por el currículum. Así, es incomprensible cómo este alumnado ha podido aprobar la asignatura en cuestión y luego obtener unas notas tan bajas, cercanas al desconocimiento absoluto. Esta disonancia bien requeriría una investigación por parte del Gobierno Vasco de la labor docente y evaluadora de estos centros no públicos de la educación secundaria y del bachiller. Pero como estoy seguro de que no se va a materializar, pues el PNV siempre ha compadreado con estas instituciones privadas-concertadas, yo me aventuro y formulo la siguiente hipótesis: 

De toda la vida se ha sabido y comentado de manera informal que estos centros «inflaban» las notas de su alumnado en determinadas materias, para así partir de una posición ventajosa −medias más altas− en la competición/selección de las carreras universitarias. En este caso, podemos encontrarnos ante un caso similar, donde han preferido falsear y despreciar el conocimiento de la lengua de este país y calificarlo con unas notas superiores a su conocimiento real. No obstante, señores y señoras de la concertada-privada duerman tranquilos, pues gran parte de la judicatura comparte el mismo desprecio por el euskara y no va a investigar esta hipótesis. A los hechos me remito. 

No quiero terminar esta reflexión sin mandar un abrazo de solidaridad a ese personal de EHU que está siendo vilipendiado, cuando el foco de atención y la responsabilidad de este desaguisado, repito, reside en la educación privada. 


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