Trump: la historia le juzgará
Cuando a la humanidad ya no le queda ningún argumento capaz de provocar la rebelión contra los tiranos, cobardes y crueles que han cambiado el curso de la historia, se protegen y desaparecen tras provocar acontecimientos apocalípticos de los que son autores, pero las consecuencias permanecen y la humanidad carga con las consecuencias, ellos esperan ser colocados en el cuadro de honor del Valhalla.
Los más recientes: Hitler, Stalin, Mussolini y Franco pasaron por la vida y la finalizaron con el gesto cobarde suicidándose o fusilados. Salvo Franco, que se ha perpetuado transformando sus hazañas bélicas en democracia indolora aceptada por la humanidad.
Nos dejaron en paz, aunque persisten las consecuencias. Es el caso del siniestro Trump, que nos gobierna y nos puede fulminar. Todos ellos recibieron la llamada divina para emprender la misión de salvar el mundo a pesar de que el mundo no les entendió, por eso ahora, en sus biografías, son banalizados por autores que pasaron de confidentes a denunciarles, con el recurso fácil de difundir su crueldad.
Trump tiene todo el poder en sus manos y se ha puesto el mundo por montera, intentando dominar a China, que se limita a avanzar en tecnología y humanismo, sin caer en las arrogantes democracias occidentales que manipulan a sus ciudadanos, orgullosos del sofisticado armamento de guerra para la paz que tienen.
En ese juego no entra Xi Jinping, pues tiene el pudor de ignorar al loco que gobierna con la ayuda del genocida israelí Netanyahu, pues alardea de los triunfos en Gaza e Irán, con la OTAN y en la fachada de Ucrania, invadiendo Venezuela, apoyando dictaduras en Colombia, Argentina, Chile, El Salvador, Perú, amenazando a Canadá con convertirla en estado americano, anexionarse Groenlandia, humillando a la UE gobernada por Grossmutter von der Leyen, que no se atreve a frenar sus groserías y le está bailando el agua. Con el desprecio al derecho internacional de la Corte Internacional de Justicia, a cuyos miembros ha negado el visado de entrada a los EEUU, con el silencio humillante de los jueces españoles. Que Trump sepa que la historia le juzgará. Véase "Confesiones", de san Agustín.