Un Sínodo para la Amazonía

Cuando hay un proyecto serio y profundo de renovación que quiere abrir «nuevos caminos en la Iglesia» y afirmar su compromiso liberador de la tierra las «fake news» brotan por doquier para desprestigiarlo y anularlo.

2019/10/09

Se está celebrando en estos días en el Vaticano, presidido por el papa Francisco, un «Sínodo Especial para la Región Pan-Amazónica» que ha suscitado todo tipo de reacciones favorables y opuestas, no solo dentro de la Iglesia para la que su «instrumento de trabajo» propone una visión teológica y cambios pastorales determinantes.

También los políticos están alarmados. Entre ellos Bolsonaro, presidente de Brasil, que ha movilizado su parafernalia diplomática para frenarlo, acusándolo de injerencia política.

Este Sínodo o asamblea en cuya preparación han participado 80.000 personas de la zona, quiere escuchar «la voz de la Amazonía, el clamor de los pobres» y denunciar su  explotación, profundizar su compromiso con la defensa de la vida integral de los pueblos, de su «buen vivir» y de la creación en este lugar del planeta, contra toda actitud y política cómplice de proyectos de muerte. Porque la Amazonía, según denuncia su documento de trabajo, está siendo exterminada y los pueblos que en ella «son agua, aire, tierra y vida» no podrán sobrevivir. Y no solo los que habitan en ella, sino todo nuestro planeta que depende de los beneficios ecológicos de la Amazonía.

Como siempre ocurre cuando hay un proyecto serio y profundo de renovación que quiere abrir «nuevos caminos en la Iglesia» y afirmar su compromiso liberador de la tierra, que denuncia la explotación del capitalismo, en este caso para un territorio decisivo para su vida y la de los pueblos que la habitan, las fake news brotan por doquier para desprestigiarlo y anularlo. Desde acusaciones de herejía contra el papa Francisco por las propuestas de cambio en la Iglesia, hasta el ocultamiento de la explotación de aquella zona para la política y beneficios de Estados y multinacionales.

Este Sínodo, por tanto, es una desafío a toda la Iglesia que afirma estar al servicio de la humanidad; también una profética denuncia para quienes están destruyendo la ecología de esta región y para avanzar en la defensa de los pueblos explotados y de su libertad de decisión, de la naturaleza y de su relación sostenible con ella, de una ecología integral. En definitiva de la vida de la humanidad, de la Madre tierra, de nuestra Ama lur.

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