Secretario General de ELA
Urkullu, a la derecha

Sí, señor lehendakari, en ámbitos de su responsabilidad se explota y el Gobierno no hace nada para evitarlo. No les estorba la explotación; les estorban los que luchan contra ella.

2018/01/09

El lehendakari Urkullu ha vuelto a criticar a ELA en entrevistas recientes. Queremos puntualizar algunas cuestiones que cita. Cuando llegó al gobierno, Urkullu no cuestionó las políticas neoliberales y decidió dar continuidad a la mal llamada mesa de «diálogo social». Nadie de los que asisten a esa mesa es capaz de explicar un solo logro favorable a la clase trabajadora. De esa mesa están excluidos los temas más importantes que nos preocupan (presupuestos, fiscalidad…); más bien excluidos del debate con los sindicatos, porque el Gobierno y las Diputaciones sí negocian sobre ellos bilateralmente con la patronal y las grandes empresas. Basta fijarse en la reforma fiscal que les han regalado.

El lehendakari acusa a ELA de no ir a esos «foros» de diálogo. No vamos porque ahí no hay nada, salvo poses mediáticas. Con políticas neoliberales no hay diálogo social. Urkullu sabe que en todo el Estado se dotó a ese modelo de «concertación» de financiación pública. Una buena parte de esa financiación ha sido retirada por prácticas presuntamente corruptas cometidas por quienes gestionaban los dineros. Relación clientelar, lehendakari, es que su gobierno le diga a ELA que rechaza la ILP –presentada en el Parlamento para mejorar las condiciones de trabajo en las subcontrataciones públicas– porque «no le gustan las críticas de ELA a la política del Gobierno». Con el Gobierno de Urkullu es imposible llegar a acuerdos parciales, porque los condicionan a que cese toda crítica al Gobierno. Este llegó a poner por escrito que la financiación pública que reciben los sindicatos por representación se debe condicionar a que los sindicatos «apoyen las políticas del Gobierno». Sin comentarios.

Si algo caracteriza a Urkullu es su beligerancia contra el hecho sindical reivindicativo. Define a ELA como «contrapoder». Pues bien, en un mundo sin equilibrios, en el que los gobiernos renuncian a intervenir para favorecer una distribución más justa de la riqueza, definir a ELA como «contrapoder» es un honor. Es necesario recordar que las desigualdades sociales también aumentan en la CAPV.

Urkullu dijo que organizamos una manifestación en campaña electoral. Oculta por qué se convocó: su Gobierno había firmado un acuerdo con Confebask, CCOO y UGT para destruir la democracia en el ámbito sindical, apoyando los acuerdos en minoría. Nunca en democracia nadie se atrevió a tanto. ¿Qué valor tienen los escaños del PNV en el Parlamento? El que le dan los votos que recibe, ¿no es así?  El respeto de la representación otorgada por los trabajadores y trabajadoras a cada organización era lo único que exigíamos ELA y LAB en aquella manifestación. Fue Urkullu quien lideró la ruptura de las reglas de juego democráticas para apoyar a la patronal. 

ELA nunca ha exigido «exclusividad» en la relación con el Gobierno. Hemos exigido participación real sobre temas que están vetados. No negamos a nadie el derecho a que haga lo mismo. Exigimos procedimientos realmente participativos y democráticos con el Gobierno, las Diputaciones… Procedimientos alejados de la opacidad con la que el Gobierno acuerda con Confebask y las grandes empresas.

Al lehendakari –y a otros consejeros– le hemos regalado recientemente un libro. Se titula “Zuloan”, y cuenta la miseria laboral que fomenta el propio Gobierno Vasco en las obras del TAV. Sí, señor lehendakari, en ámbitos de su responsabilidad se explota y el Gobierno no hace nada para evitarlo. No les estorba la explotación; les estorban los que luchan contra ella. El libro refleja una realidad social –muy extendida– que se vive en nuestro país y que su Gobierno y muchos medios de comunicación silencian. Si les preocupara lo que en ese libro se denuncia acabarían inmediatamente con las licitaciones a la baja de obras y servicios. Pero no es eso lo que hacen. Con quienes exigimos acabar con esas prácticas ni siquiera se reúnen. Es imposible reunirse con usted, con los consejeros de Hacienda, de Interior, de Desarrollo Económico... Ninguno acepta reunirse con ELA.

Desde que fue nombrado candidato a Lehendakari ELA ha solicitado tres reuniones a Urkullu. La primera, antes de ser lehendakari para trasladarle nuestras propuestas a los candidatos. Nos contestaron que estaba «muy ocupado». Las otras dos, para explicarle nuestra posición contra la solicitud de Confebask al Gobierno español para que ilegalizase a ELA y LAB (porque, entre otras cosas, hablábamos de política fiscal) y, la última, para explicarle las graves consecuencias de la estatalización de la negociación colectiva que permitió la reforma de Zapatero, aprobada gracias a la abstención del PNV. No aceptó ninguna.

Hace aproximadamente un año ELA recibió por medio de una persona de confianza del lehendakari una propuesta. Urkullu quería saber si estábamos dispuestos a mantener una reunión con él, sin guión previo, para hablar. Le dijimos que sí. La gestión de esa reunión coincidió en el tiempo con la crítica de ELA a los presupuestos de 2017 en la que pedíamos a las fuerzas de izquierda que no los apoyaran. Al lehendakari no le gustó lo que dijo ELA y decidió dejar sin efecto la propuesta de reunión. Hasta ahora.

Sobre el conflicto en Educación Urkullu pide «responsabilidad a los sindicatos». Su Gobierno y el PNV no deben tener ninguna responsabilidad en los recortes impuestos estos años, ni por acordar con el PP la maldita «regla de gasto» que impide a todas las administraciones destinar más recursos a políticas sociales, ni por contabilizar su Gobierno un superávit presupuestario de 710 millones, casi el 1% del PIB, cuando las propias «reglas» acordadas con Rajoy le permiten un déficit del 0,6%. Ese superávit no es propio de un buen gestor. Es propio de políticas de derechas. Nos parece inaceptable que, con las necesidades sociales que existen, el aumento de recaudación fiscal que se está produciendo deba destinarse, por culpa de sus acuerdos con el PP, obligatoriamente al pago de la deuda.

No quieren que nadie pase el algodón. No quieren que nadie ayude a politizar –en el mejor sentido– la sociedad vasca. No quieren nada de eso porque ellos impulsan el desplazamiento de la sociedad a la derecha. El fondo de su crítica a ELA se explica porque quieren liderar, sin obstáculos, una sociedad cada vez más conservadora. Para conformar esa sociedad el Gobierno defiende como valores la «estabilidad y el consenso». Es tiempo de la política «líquida» para gestionar lo que el sistema les impone, sin perspectiva social, ni de país. Una parte esencial de esa «gestión» que impone el sistema capitalista tiene que ver con su interés por disciplinar al sindicalismo.