Juan de Gaztelu

Violencia, judicatura y autoritarismo

Hemos sabido recientemente que dos policías municipales de Vitoria implicados en una detección abusiva y desproporcionada, que causó lesiones muy graves a un menor de edad –rotura de nariz y secuelas psicológicas profundas– han sido sentenciados al pago de una multa –1.800 euros– y han evitado su inhabilitación, pese a mentir en sede judicial arguyendo que el joven les había atacado propinándoles varios puñetazos y patadas. Así, una grabación dejó constancia de lo contrario, desacreditando la versión policial y ratificando su conducta incívica y antidemocrática.

Este veredicto judicial no es nuevo y se suma a una larga lista de casos de abusos policiales que han quedado sin su debida condena. Así, cargas abusivas y disparos frontales y directos que han causado lesiones graves como pérdida de ojos, tímpanos perforados, hemorragias diversas, etc., han solido concluir con el sobreseimiento y archivo de las causas, o en el mejor de los casos, con sanciones leves.

Así las cosas, desde la judicatura se está amparando y apuntalando un modelo policial basado exclusivamente en el monopolio de la violencia y la fuerza extrema. Este caso de Gasteiz es paradigmático, pues, ¿acaso dos agentes de la autoridad no tienen más recursos que el uso extremo de la violencia para detener a un menor que se saltó un paso de peatones con un patinete eléctrico?

Si se amparan estas conductas y no tienen más consecuencia que el establecimiento de una pequeña multa que puede ser satisfecha con parte del jornal mensual sin mayor esfuerzo por estos individuos, mal ejemplo estará cundiendo entre los distintos cuerpos armados, que se sentirán legitimados a continuar con estas actuaciones impropias de un régimen democrático.

Estas prácticas policiales y las diligencias judiciales subsecuentes se pueden considerar como otro paso más hacia el autoritarismo y se circunscriben dentro de la ola reaccionaria que está asolando occidente en los últimos años. De este modo, la división de poderes que tiene que garantizar el correcto funcionamiento democrático queda en entredicho cuando entre los distintos poderes se coaligan para tapar sus miserias, que, en definitiva, son las propias del sistema que sustentan. Parece que soplan malos tiempos para el desarrollo de una ciudadanía democrática.

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