¿Y si fueras negro?

En aquel momento toqué tierra y sentí, súbitamente, que me había ocurrido eso por ser extranjero, blanco, pero extranjero, y cuánto se hubieran agrandado los obstáculos y posibles trabas si hubiera sido chicano, chiquilicuate, machupichu, moro, o, Dios no lo quisiera, negro.

2020/06/04

Les ha ocurrido alguna vez tener que ir a hacer algún trámite burocrático a oficinas públicas y que el trato haya sido incorrecto por parte de la persona que les atendió? A mí sí, en numerosas ocasiones. Puede ser que a usted también puesto que, lamentablemente, no lo considero excepcional. Recibir malas caras, soplidos de hartazgo, un «no» como primera contestación o que le hagan deambular de mesa en mesa ya que no existe un protocolo único, indistinto y directo de acometida. En una ocasión me llegaron a decir (no se excusaron, ni pidieron disculpa, ni me dieron solución) que habían perdido mis papeles porque cuando los recibieron por correo urgente certificado era el 22 de diciembre, día de la lotería de Navidad, y no me podía imaginar cuántos almuerzos y qué jaleo había en la oficina. Tal cual. Fue en la Administración Pública. Y escribo siendo maestro de escuela, funcionario.

Y con ejemplos como este siempre me viene a la cabeza, qué no tendrá que pasar una persona por el mero hecho de no haber nacido aquí, no hablar-entender bien el idioma o no tener papeles. Hace varios años quise vivir la experiencia de sentirme extranjero y fui por una temporada a otro país. Vaya que si la viví. Al segundo día de llegar, en una tienda de telefonía me espetaron a ver si no tenía amigos que hablasen inglés mejor que yo, puesto que no iba a poder comprender las condiciones de la tarifa que me disponía a contratar. Cuando le comenté que creía que no sería tan complicado de entender, aquel joven me dijo sin remilgos: «para ti, sí». En aquel momento toqué tierra y sentí, súbitamente, que me había ocurrido eso por ser extranjero, blanco, pero extranjero, y cuánto se hubieran agrandado los obstáculos y posibles trabas si hubiera sido chicano, chiquilicuate, machupichu, moro, o, Dios no lo quisiera, negro.

No digo morenito, ni de color, ni de otra raza. Ya saben, «black is beltza». Recuerdo en otro viaje de cooperación cuando un niño que no recordaba mi nombre con toda su naturalidad me llamó: «¡Ey, blanco!». Enorme. Tanto como la situación que parece normalizarse en muchos estados de USA donde ser negro lleva implícito el cartel de sospechoso, terrorista, delincuente, drogadicto, peligroso, asesino, violador, invasor, ladrón, etc. y da carta blanca a las Fuerzas del Orden para poner a esa gente en su nicho y hacerles saber dónde están.

Lo vemos en la tele estos días con violencia desproporcionada, pero no hace falta mirar en espejos tan lejanos para comprobar que aquí también llevamos a cabo otros tipos de violencia mucho más sutiles.

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