40 sin revisión
Txus Pérez Artuch
2018/12/06

Si Gardel cantaba en su volver a la Argentina que veinte años no era nada, quizá cuarenta podamos decir que no son mucho más. Esos son los que va a hacer la Constitución y ampliando el foco político-social también la democracia en el conjunto del Estado Español. Una norma suprema que promulga en sus primeras líneas valores superiores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político, así como la soberanía residente en el pueblo y, además de la indivisibilidad de la unidad, que garantiza y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades que integran el territorio.

Se creó con cuatro décadas de dictadura militar a la espalda, con un rey (jefe del Estado) aprobado, con el visto bueno del propio dictador Franco que fallecía por causa natural tres años antes de su aprobación. Años complejos, de profundos cambios, al menos en apariencia, en los cuales intentar dar un giro y lavado de cara a un territorio maniatado y sometido a un mandato único y prevaleciente en el tiempo, aislado a su vez de los países que se enganchaban al carro de una Europa en creación.

Cuarenta años dan para todo tipo de vivencias y momentos delicados que se han tenido que resolver en muchas ocasiones en mesas con olores a humos del pasado. A la dura violencia acontecida desde noviembre del 75 a diciembre del 78, se unieron después hechos como el golpe de febrero del 81, el atraco al Banco Central de Barcelona, la entrada en la OTAN, un mundial de Naranjito de cara a la galería en el 82, el terrorismo de Estado, los GRAPO, la tarde de junio del 87 en Hipercor de Barcelona, el paquete propagandístico Expo-Olimpiadas-500 aniversario del desembarco y arrase en las Américas en el 92, la crisis del 93, el imperio y regocijo de aquella televisión privada que apostaba por chicas en bikini en programas de humor precario, Aznar en el poder y sus posteriores amistades con Bush y Blair; Garzón, entre otros, en la tribuna, la corrupción desbocada a la vez que permitida, 13 de julio del 97, ilegalización de partidos de izquierdas, clausura y ataques a periódicos acusados falsamente de colaboración con banda armada, el Prestige, el marzo infinito de 2004 en Madrid, secuestro de revistas de humor gráfico, ZP, el gran negocio de cada vez menos toros y más fútbol a modo de cortina tapatodo con la coincidencia en el tiempo Eurocopa 2008-2012, Mundial 2010, la marca España, la arrogancia-ignorancia de un slogan ¿deportivo?: «como soy español a qué quieres que te gane», el PPismo de la época Rajoy, el 15M, la violencia de género en cifras incontrolables, fin de ETA, nuevos partidos políticos, el 1-O en Catalunya, hasta llegar a hoy, día en que la extrema derecha saca, de nuevo, su «voz» y muestra claramente que ha llegado el momento de ir a la consulta, de hacer una revisión a esta andadura cuarentona. ¡Al lío!

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